Siempre he escuchado sobre la importancia que tiene la familia en la formación personal. En teoría (sí, en teoría), la persona que somos y que hemos llegado a ser, tiene un fundamento lejano en la formación que recibimos cuando niños. Esto porque los padres, en el proceso educativo, imponen reglas, criterios y verdaderas pautas de comportamiento moral, determinando lo bueno, lo malo, lo justo e injusto, y actuando en concordancia en la medida que dichas condiciones se cumplan: premiando cuando la adecuación va en coincidencia con sus parámetros de comportamiento (felicitando, animando, o dando una galleta); o castigando cuando el comportamiento va en dirección opuesta a la concepción de "bien" de los padres (retando, increpando o pegando un coscacho). He escuchado también que los hijos son un espejo de los padres, en el sentido que, al final, recibimos gran parte de sus propias pautas éticas pero además, nuevamente en teoría, también podríamos heredar lo negativo en tanto se presenta en el ambiente familiar un comportamiento objetivamente malo pero que es usual y tolerado. Esto lo comparto hasta ahí nomás, porque no creo que haya que descontar - así sin más - la cognición individual de los actos que cometemos y que, de manera consciente, podemos personalmente evaluar. El que un padre sea ladrón, deshonesto, interesado, cruel o envidioso no significa necesariamente que su hijo tenga que salir con las mismas características, pero puede ser una variable probabilística correlativa.
El último tiempo he estado pensando en la importancia de la familia. Esto se debe a que, por circunstancias que no valen la pena explicar acá, ésta ha estado relativamente ausente, o - más bien - no todo lo presente que me gustaría. Esto, a decir verdad, no significa mucho. No implica que tenga una mala familia o que ésta no cumpla con sus deberes inherentes (todo lo contrario); sino por la percepción subjetiva que nubla a veces los propios requerimientos personales. Pero, por otro lado, tengo la intuición personal que en términos culturales o sociales, ha habido un aumento de la prescindencia de la familia en nuestra época. Siento (sin tener ninguna prueba de lo que digo) que el individualismo gana la batalla, y que la ridícula asociación de la defensa familiar a ciertos grupos o instituciones añejas y pasadas de moda (léase la Iglesia) permiten que la desafección sea mirada con un cierto grado de orgullo y de triunfo del secularismo moderno. Obviamente cuestiones de esa naturaleza las encuentro graciosas - por decir lo menos - aunque no dejan de sorprenderme las historias familiares de la generación inmediatamente posterior a la mía, donde el ausentismo paterno y la indiferencia filial parecen ser la receta permanente.
De lo que me he dado cuenta es que la familia es radicalmente importante, quizás como ningún otro grupo humano lo sea. Creo que es algo que hay que proteger, que hay que incentivar, que hay que querer. Creo que, cuando uno va eliminando las capas superficiales de nuestra existencia social, es lo único que queda. Por la misma razón, aunque suene cursi y plagado de insípido romanticismo, uno de mis mayores metas a largo plazo es ser buen padre y formar una familia. Me parece que es una meta digna y me gustaría pensar que mi generación va hacia ese camino también.
lunes, 24 de noviembre de 2008
jueves, 20 de noviembre de 2008
La Verdad buscada mediante alegoría
Heidegger otorga una visión radicalmente distinta y aclaradora respecto a la esencia de la verdad. Para él, la verdad es desocultamiento, advenimiento de lo que está-ahí-delante. La verdad es alumbramiento por un lado (del ente conocido supongo) y descubrimiento (del ente que se conoce). Esta manera de entender la verdad es completamente distinta a la manifestada por la tradición clásica y que era definida generalmente como "adecuación del intelecto a la cosa". Esta definición, a mi juicio, tiene un serio problema: el primero es que no es suficiente para aprehender el concepto de Verdad, y se queda, más bien, en una "manifestación" de aquello que es verdadero, esto es, en una adecuación del intelecto. ¿Pero qué es esta adecuación? ¿No se está dejando de lado el problema de la verdad sustituyéndola por el acto supuesto realizado por el entendimiento? ¿Y no es ésto, a su vez, una apreciación psicológica de lo realizado por el entedimiento al querer captar o aprehender el objeto?
En segundo lugar, la definición implícitamente deja de lado al objeto. Su intención es saber qué hace el entendimiento al conocer, pero no responde a lo que sea la verdad. La comunión que veo en Heidegger, entre un objeto que analógicamente viene ya desoculto y es descubierto por la apertura también esencial que signifia el Da-sein o ser-ahí, es rota en la definición clásica. el objeto queda únicamente como entidad pasiva recogida por el intelecto. lo que se olvida es aquello sobre lo que habla Heidegger: es absolutamente necesario que aquél ente que esta-ahí-delante venga ya ontológicamente determinado para poder ser aprehendido, es decir, que venga ya desoculto.
Toda esta aclaración pareciera ser de extrema importancia al preguntarse por el uso de la alegoría. En pocas palabras, la alegoría es un recurso filosófico para manifestar la verdad de la realidad. Pero eso no lo podemos dejar así tal cual. Es necesario aclarar qué se entiende por recurso pero, más importante, qué se entiende por verdad; y esto sólo es posible atendiendo a la esencia de la misma.
(Transcrito para no olvidar)
martes, 18 de noviembre de 2008
La Oportunidad
Siempre me causa gracia encontrarme con personas que - aparentemente - consideran que su vida entera es una demostración hacia los demás. Demostración de inteligencia o de facilidad de oratoria. Sea como sea, pueden transformar cualquier reunión trivial en discusiones trascendentales donde más vale responder con sabiduría. Esto en sí mismo no tiene nada de malo, pero implica una falta de entendimiento respecto de la oportunidad o la ocasión. Si llevo 3, 4 o 5 piscolas en mano, no voy a discutir acerca de John Stuart Mill o del fenómeno de intersubjetividad estructuralista, aunque para algunos eso signifique separar a quienes son respetables de quienes no lo son.
Mientras eso sucede yo me retuerzo de la risa. Como si hubiese que demostrar algo, estar a la altura, subirse arriba de la nube metafísica y escapar de los temas que sacuden la burda realidad (SQP incluido)...
Después de la risa respondo con ironía, citando en la medida de lo posible la última portada de las Últimas Noticias. En parte porque entiendo que no tengo nada que demostrarle a nadie y porque, al fin y al cabo, creo fielmente en la oportunidad de la conversación reflexiva cuyo desarrollo, por cierto, no involucra reuniones de relajo y diversión trivial.
Mientras eso sucede yo me retuerzo de la risa. Como si hubiese que demostrar algo, estar a la altura, subirse arriba de la nube metafísica y escapar de los temas que sacuden la burda realidad (SQP incluido)...
Después de la risa respondo con ironía, citando en la medida de lo posible la última portada de las Últimas Noticias. En parte porque entiendo que no tengo nada que demostrarle a nadie y porque, al fin y al cabo, creo fielmente en la oportunidad de la conversación reflexiva cuyo desarrollo, por cierto, no involucra reuniones de relajo y diversión trivial.
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