miércoles, 23 de abril de 2008

El ejemplo debe darlo uno

He utilizado últimamente nuestro maravilloso transporte público de la capital santiaguina. La razón es exclusivamente por falta de alternativas. Me cambié de trabajo hace unas semanas y debo ir al centro, por lo que habría que estar completamente loco (que no me falta mucho en todo caso) para irse en auto. En fin, no es del "transporte público" en sí mismo sobre lo que quiero escribir. Por lo demás, creo que ya despotrique contra el Transantiago hace algunos meses atrás. Sólo quiero constatar dos cuestiones que me llaman la atención en estos viajes de mañana en jaulas llenas de gente.
La primera es lo apáticos que somos los chilenos. En un bus del Transantiago todos van mirando el suelo, con cara de pocos amigos, completamente en silencio y preocupados de los propios problemas. Está bien, está bien. Es plausible pensar que la razón de esa apatía radique en que es temprano, todos tienen sueño, a nadie le gusta movilizarse como animal, etc., pero también depende de uno intentar mejorar la situación. Y siempre es agradable contagiarse con alguien que se sube a los buses del Transantiago con buen humor y una sonrisa.
Esto me lleva a otra cosa. Lo poco que hacemos para mejorar la civilidad entre los demás. Todos se enojan con todos por las razones más absurdas y los gestos de amabilidad se cuentan con los dedos de una mano. Para qué hablar de los quinceañeros espinidullos que, a pesar que la viejita se está cayendo literalmente a pedazos, miran hacia abajo y siguen cómodamente sentados. Por eso, el ejemplo parte por uno mismo. Por ejemplo, la otra vez se subió una pareja y ella quedó sentada al lado mío, mientras que él quedó adelante. Yo, en un gesto de amabilidad natural, le dije se preferían sentarse juntos y yo cambiarme al asiento de adelante. Creo que nunca les habían ofrecido un favor así y con la mirada prácticamente asumieron que era un cura, un monje tibetano o alguien de espíritu bueno y sano. Ciertamente yo no soy tan así, pero creo fuertemente en los gestos de civilidad. Pensando en este episodio me di cuenta que la esperanza secreta es que, en una situación similar, cualquiera de ellos responda más o menos así.

1 comentario:

Milay dijo...

Eso sería como la panacea a los males no??
Un abrazo pionero
Milay