Hay algunos seres humanos - como quien escribe - que se encuentra muchas veces con la necesidad de transmitir oralmente asuntos de su propia experiencia, desde anécdotas irrisorias hasta profundos conocimientos que, para la mayoría de los mortales, resultaría ser de la inutilidad más absoluta. Esta simple realidad escrita de manera tan poco clara en estas líneas se relaciona con la sensación de qué conversar y con quién. Porque, la verdad sea dicha, cada uno de nosotros acude a determinadas personas para distintos tipos de asuntos. Si hay un problema sentimental, les aseguro que saben perfectamente con quién comentarlo; y si andan con la necesidad de hablar de la última canción de esa banda oscura de chuchunco city que nadie conoce, probablemente piensen perfectamente quién les puede prestar oídos; y quizás, para las trivialidades más espúreas también existan almas caritativas que coincidan en tiempo y espacio con esa particular necesidad de hablar de intrascendencias... de vez en cuando.
El problema, para mí al menos, es que muchas veces no hay ni oídos ni personas. No porque no existan almas caritativas realmente, sino porque no hay intenciones. Porque aquello que urge decir es demasiado latero, o loco, u oscuro, o vergonzoso. Paradoja entonces: quiero hablar pero prefiero reprimir. No tiene tanto que ver con aquello del "qué dirán" (que, dicho sea de paso, no me parece que sea un tema sin importancia - como muchos valientes pretenden). Tiene que ver con un raciocinio inútil y personal que busca de manera incansable la empatía emocional o intelectual. Y al asumir que eso no ocurrirá cierro el pico. Pésimo, lo sé. Prejuicioso, también lo sé. Pero a veces las pequeñeces superfluas (idioteces incluso) dan lo mismo si quedan guardadas en el baúl de la memoria; y aún cuando el libro recién desempolvado, ese que habla de las más altas abstracciones, haya resultado espectacular... "a quién le podría interesar"??
Quizás esa es la razón por la que muchos recurren a espacios como este. No con la idea de que existan lectores anónimos (que ocasionalmente los hay), sino para descargar y descargarse literalmente de ideas, emociones, reflexiones o simples recuerdos diarios sin valor alguno pero que, por alguna razón realmente extraña, está ahí, con ganas de salir expulsado, descargado.
3 comentarios:
Noticia!!
No eres el único, a muchos les pasa, buscamos esa empatía de la que hablas. Y nos hacemos prejucios, y terminamos diciendo: No lo va a entender como yo.
Pero es eso necesario?
Entiendes tú tanto a los demás para pedir lo mismo?
Supongo que debes partir por atreverte a hablar, y ser tolerante. Si no son empaticos contigo, deberás entender y empatizar con el aburrimiento de otros.
Como decían por ahí:
El secreto de aburrir a alguién es contarselo todo sobre ti.
Pero ánimo! Siempre hay alguién con quien puedas hacer intercambios buenos, hablar, escuchar... No eres el único que tiene un testamento por descarga.
Es una lástima que por los blog no se pueda más que escribir.
No para escucharte, sino para hablarte... también quisiera decir muchas cosas
:)
Un becho, cuidese y ahora se puede destapar los pies (Imagino que no te los abrigas todavia)
Gracias Milay...
Tus palabras siempre reconfortan. En parte porque, por este medio tan impersonal, se cae en cuenta que las similitudes son más frecuentes de lo que uno piensa... a pesar que venga del otro lado del computador. Al final esto de los blogs tiene cierta utilidad: las coincidencias son bienvenidas y valoradas, sobretodo cuando el anonimato comienza lentamente a ser desplazado por la rareza de la familiaridad virtual.
Un gran abrazo (y dos y tres también).
Oh! Gracias, tanto abrazo y yo sin año nuevo (todavia)
.)
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