miércoles, 17 de diciembre de 2008

"La tengo más grande"

Advierto de entrada que el sugerente título es metafórico. Pero creo que cae como anillo al dedo para describir un fenómeno irritante al cual, como hombre, estoy acostumbrado. Esto es la explicación de toda suerte de competitividades masculinas por las causas más ridículas y que tendrían en común - algunas más, algunas menos - demostrar cierto grado de "hombría" en términos comparativos con el que se está compitiendo. No sé muy bien porqué las cosas son así, ni por qué algunos hombres parecen más susceptibles a realizar este tipo de acciones, pero lo cierto es que ocurren por doquier.

Un ejemplo: hace un fin de semana atrás fui a la playa. Manejando por la carretera se me ocurre adelantar a un vehículo que, por cierto, iba a menor velocidad que el mío. No hube de comenzar la maniobra para que este personaje pusiese cuarta y no me dejara adelantar. Ok. Segundo intento... lo mismo. ¿Ganas de competir? No thanks... pero no lo entiendo. Obviamente aparte de la irritación hay cuestionamientos respecto de la naturaleza de esa reacción.

Otro ejemplo: cafecito con un compañero de trabajo. Entre conversa y sorbos de café, una persona se levanta de su mesa y se dirige a la salida donde habían dos hombres discutiendo. La salida obviamente estaba bloqueada y uno esperaría (ojo, verbo condicional) que estas personas dieran educadamente la pasada. Error again. Ante el tímido "permiso", estos homo sapiens sapiens siguieron discutiendo ignorando la petición. Y bueno... la reacción de este caballero fue pasar a la fuerza y recibir insultos al por mayor. Sigo sin entender.

Los ejemplos se multiplican por mil, pero todos tienen en común una especie de demarcación de territorio primitiva que se ve amenazada. ¿Es un asunto ligado a la naturaleza del género o más bien algo relacionado con el carácter piscológico de la persona particular? Reconozco que poseo un grado de compatitividad, pero éste se manifiesta en circunstancias que la promueven (un partido de fútbol, por ejemplo) pero imagino que hay cierto tipo de límites donde "dejar adelantar" no significa necesariamente "perder" y "donde dar el paso" no significa humillación.

Platón, en una teoría que después recoge Hegel y después de éste Fukuyama, habla del tymos. El tymos sería una motivación inherente al hombre y que se traduciría en el reconocimiento que los otros hacen de él. El hombre desea que otros lo reconozcan como tal y para eso está dispuesto a arriesgar su vida. Este fenómeno dividiría a la sociedad en amos y esclavos... bla, bla, bla. Lo curioso es que, de alguna manera, eso es lo que sucede. La competencia es la búsqueda de reconocimiento y, al mismo tiempo, de dominación. Lo evidente es que las personas han elaborado métodos racionales de dominación (como el capitalismo diría Fukuyama, o como los partidos de fútbol diría yo) sin la necesidad de arriesgar la vida. Ergo, ese tipo de competencia ridícula significaría que hay algunos que se quedaron atrás en el avance de la racionalidad y que aún compiten a palos y mazazos... metafóricamente hablando.

2 comentarios:

Milay dijo...

Jajajajaja
Bueno, veamos...
Primero debo decir que ese tipo de competencias también se dan entre mujeres, donde aquellas con más volumen en ciertas partes, son mejores que aquellas que carecen de estos "Volumenes". Sin embargo, entre mujeres esto no se dice jamás! pero se hace notar eso si jajaja. La amiga más pechugona, se lo hace notar al pololo de la amiga más flacuchenta, y así...
En cuanto al resto de las competencias, y a Platón, Hegel... Yo me quedo con lo que dice Nietzsche, y prefiero entender que los fenomenos sociales, y de relaciones humanas son fenomenos de poder. Más que reconocimiento, es poder.
Y creo que es un tema interesantisimo, que daría para rato, sin necesidad de citar a nadie, sin vanidades... Sólo el poder como tema, es algo que nos ocupa mucho tiempo en conversarlo, verlo, y maldecirlo por la carretera, no?
Un abrazo, me alegra que escribas más seguido.
En cuanto a los hombres super machos que siempre se creen mejores, a costa de opacar al otro, sólo me queda decirles un preverbio chino:
El clavo que sobresale, siempre recibe un martillazo...
jajaja
Una ola de viento fresco para ti y cuidado con los rayos UV
.)

Milay dijo...

Uff
Otra vez perdido...