Tal vez sea por interacciones recientes que han salido catastróficamente mal, o por sutiles influencias de múltiples opiniones sobre el tema, pero la verdad es que hay que aclarar (y desmitificar dicho sea de paso) una serie de afirmaciones que, con mayor o menor énfasis, se dan ocasionalmente sobre nosotros. Hablo en plural porque este es un asunto comentado, explorado, tangencialmente analizado por grupos compactos de hombres de todas las edades, y que siempre concluyen en esa distancia sideral que nos separa con ellas en casi todo tipo de cosas. En general, debido a estas evoluciones cósmicas de la humano y lo divino, está de moda la protección intelectual - por así decir - de la femeneidad. Todo esto está muy bien, pero se siguen transmitiendo, de generación en generación y por los siglos de los siglos amén, una percepción unidireccional que nos deja muy mal parados. Esto, evidentemente, se basa en concepciones antagónicas entre lo que se espera y lo que se obtiene. Pero, al final del día, cuando la papa está cocida, las mujeres enjuician, comentan, critican, "pelan", descuartizan y trapean el piso con un estereotipo ideal conocido como "hombre". Este universal se come todos y cada uno de los dardos dirigidos individualmente, con nombre y apellido. Es hora, por lo tanto, que con hidalguía, mente fría, y una cuota no menor de valentía se defienda a este género tan maltratado en el último tiempo. Primero, se desmitificaran alguno de los errores de percepción más comunes en torno a nosotros, y después (en un post futuro) daré algunos consejos prácticos. Sugiero que - si usted es mujer y padece de hipersensibilidad o exceso de feminismo - deje de leer de inmediato, ya que saldrán a la luz verdades que pueden molestarla.
Desmitificando Mitos:
1. "El (inserte nombre masculino) no me escucha". Si hubiera que dar un premio a la mentira deliberada esta frase se los llevaría todos. Hordas completas de mujeres han usado hasta el cansancio este práctico comodín. La razón es obvia: se desligan de cualquier responsabilidad y multiplican la nuestra de forma exponencial. La verdad de las cosas es completamente distinta. No sólo las escuchamos sino que prestamos atención real a lo que ella está diciendo. Lo que sucede es que hay afirmaciones o preguntas que no merecen comentario ni respuesta. El hombre SIMPLIFICA. ¿Para qué contestar a una provocación si se puede salir del embrollo con una mueca, o una pequeña sonrisa? ¿Usted le haría una pregunta de física cuántica a Claudio Borghi? Bueno, nosotros NO somos competentes en esteticismo sui generis, combinaciones de vestimenta, colores de zapato, o tipos de maquillaje. La palabra escuchar es bien sencilla, significa oír, punto. No significa reaccionar frente a lo que se escucha, ese es un invento femenino. La crítica, por tanto, tendría algo más de sentido se fuese el hombre no responde de la manera que YO QUIERO una vez que le he dicho algo.
2. El (inserte nombre masculino) no me entiende: A ver, los hombres buscan soluciones. Si hay algo que que no funciona no nos quedamos de brazos cruzados: lo ARREGLAMOS. Si nos cuentan un problema vamos a buscar una SOLUCION, eso es lo que hacemos. La solución puede no gustarle, el método tampoco, pero buscaremos algo que la saque del problema. Abrazar cuando usted está llorando no es una solución. Decirle que todo está bien tampoco es una solución. ¿Usted cree que somos tan jetones para reiterar y repetir hasta el cansancio el "qué te pasa"? No pues, tiene un razón práctica. Necesitamos informarnos sobre el problema y analizarlo. El abrazo y las palabras de aliento vendrán cuando concluyamos que el problema no tiene solución alguna, es decir, cuando se encuentre hasta el horto.
Más adelante, siguiendo la lógica de la Guía Comprensiva para Conquistar una Mina, post publicado en Octubre y que no tuvo ningún tipo de éxito, elaboraré una guía de consejos para ellas, como forma de hacer de las interacciones intra género un fenómeno más fluido. Mientras tanto lo dejo hasta acá.
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2 comentarios:
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El problema se encuentra más en la generalización que en los errores de dicha generalización. No todos los hombres buscan rápidamente soluciones a los problemas, al igual que no todas las mujeres quieren hablar sobre maquillaje, ropa y demás.
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