miércoles, 5 de diciembre de 2007

Las Intermitencias de la Muerte

Comencé a leer este libro anteayer. Lo había recibido de regalo hace algún tiempo, pero ya tenía alguna literatura en lista de espera por lo que no tuve más opción que dejarlo momentáneamente de lado. En fin, más temprano que tarde le llegó su turno y ha sido una experiencia sumamente interesante. La forma en como Saramago describe las cosas, o como desarrolla los diálogos de los personajes me divierte, no en el sentido que me cause risa, pero sí en un sentido de agradable admiración.

El libro comienza con la siguiente frase: "Al día siguiente no murió nadie". Y bueno, de eso se trata precisamente. En un país ficticio, que bien podría ser cualquier país europeo de régimen parlamentario, con monarquía vigente, con triple frontera y sin salida al mar (todavía no pienso en aquellos países que cumplen con ese requisito), en ese país, digo, las personas, de un día para otro, dejaron de morir. La novedosa temática es desarrollada inteligentemente por el Premio Nobel, y lo que subyace a las historias de determinadospersonajes anónimos frente a la ausencia de la muerte (primeros ministros, directores de canales de televisión, agricultores y campesinos, cardenales, etc), es la reflexión imaginaria de un mundo que efectivamente no presenciara nunca a la muerte, con todos los efectos sociales, religiosos, filosóficos y prácticos que eso conllevaría. Ciertamente - y acá está la dualidad que observo en el relato - es que lo que podría tomarse como un milagro positivo, enriquecedor y provechoso para la humanidad, termina siendo un lastre, un problema y una situación que evidencia la "necesidad" de la muerte. Y en algún sentido, eso va justamente en contra de la sensación general del mundo moderno, cual es, la de alejar lo más posible al fenómeno de la muerte y a la muerte misma de todos. Al final, su ausencia permite demostrar justamente su categoría: no es un mal, ni una entidad extraña que hay que tratar con indiferencia. Es más bien una especie de requerimiento que sustenta, incluso, nuestros propios principios sobre la vida. En fin. Quizás hubiese sido mejor hacer un comentario cuando haya terminado de leerlo (voy más o menos en la mitad), pero qué diablos... Los dejo con las primeras palabras del libro

"Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada. ni siquiera uno de esos accidentes de automóvil tan frecuentes en ocasiones festivas, cuando la alegre irresponsabilidad o el exceso de alcohol se desafían mutuamente en las carreteras para decidir quién va a llegar a la muerte en primer lugar. El fin de año no había dejado tras de sí el habitual y calamitoso reguero de óbitos, como si la vieja átropos de regaño amenazador hubiese decidido envainar la tijera durante un día..."

1 comentario:

Mili dijo...

Gracias por el comentario que dejaste en mi blog, me sonó a cumplido. Pasé por aqui en señal de agradecimiento y de puro curiosa... no me arrepiento, está bien entretenido tu lugar, me gusta tu estilo (no pienso clasificarlo, me cargan los estereotipos) me divertí leyendo tus comentarios y, en general, estoy de acuerdo. Te agregué a mis favoritos y si te tinca pondré un link en mi "rincón" para que mis escasos lectores pasen por tus líneas. MILI.