jueves, 27 de marzo de 2008

El hombre Unidimensional

El título es de un libro de Herbert Marcuse. Y coincide con apreciaciones personales respecto de esta tribu urbana en la que estoy inserto. Tal vez tenga que ver con una creciente falta de asombro frente a las personas, o definitivamente frente a la decepción que ellas provocan; pero el asunto es que cuesta encontrar a alguien medianamente refrescante en la homogeneidad reinante. Todos saben igual. Y quizás yo también.

Hace mucho tiempo que no tengo una conversación interesante con alguien. Pero, nuevamente, ¿qué sería una conversación interesante? En una de esas estoy pidiendo mucho. A veces aburre encontrarse en medio de discusiones que tienen más o menos la misma lógica: sea está discusiones coyunturales que van desde la última teleserie al último escándalo político, recuerdos del pasado grupal y personal, y - por si fuera poco - latosas apologías acerca de ideologías extremas y antisistema provenientes de individuos que creen que son "especiales" por despotricar contra quien se les aparezca.

Espero que todo esto no se lea como una autoapreciación grotesca de mi propia persona. Me considero "normal" (con todos los defectos que ese concepto vacío tenga), pero dentro de toda normalidad hay espacio para momentos que salen de la monotonía y que, ocasionalmente, enriquecen la mente y el espíritu. Y por lo mismo, esa "conversación interesante", que más parece un dicho petulante que una realidad concreta, se relaciona con una sensación del momento, más que con el tema. Por lo mismo, sería mejor decir que hace tiempo que no conozco a una persona interesante. Y aún mejor, hace tiempo que no conozco a una persona que provoque cualquier tipo de sensación. Imagino que parte de la solución está en la disposición propia.

lunes, 17 de marzo de 2008

El (imposible) debate grupal

Hoy en día es imposible debatir cuando hay más de tres personas debatiendo. Ya me ha pasado varias veces y es un tanto frustrante. De hecho ya ni siquiera hago el intento. La razón es simple, sencilla y - por si fuera poco - da muestras imperceptibles del tipo de homo sapiens sapiens en que nos estamos convirtiendo. Evidentemente no hay que exagerar, pero todo el mundo está tan aferrado a "su" verdad que, desde el minuto en que ésta se cuestiona se arma un escándalo de aquellos. Y como es más importante hacerse escuchar que tomarse el tiempo de escuchar a los demás, el debate se transforma en un griterío sin sentido, donde las palabras vuelan de manera aleatoria y donde se pierde la paciencia (y la cordura).

Leí alguna vez que en el siglo XIII durante la llamada escuela Escolástica se realizaban todo tipo de debates filosóficos, las llamadas Quaestiones Disputatae, en donde grupos con visiones antagónicas discutían sobre un asunto en particular. Y si alguien interrumpía al otro se le cortaba la lengua en castigo. Bueno, no estaría mal iniciar dicha práctica en el siglo XXI para educar a algunos deslenguados. ¿Por qué el afán constante de interrumpir?

Por eso soy más amigo de la conversación bipolar. Porque al menos ahí se dan los espacios naturales del diálogo para escuchar y ser escuchado. Mientras tanto, y como para no quedarme afuera de la reunión, escucho en silencio las peleas sofísticas de unos y de otros comiéndome las ganas de participar.

domingo, 9 de marzo de 2008

Muerte a las Mentiras Blancas!

De manera enfermiza en esta sociedad chilensis se legitiman las mentiras blancas. Esas que, supuestamente, no hacen tanto daño y que son mejores que contar la verdad. La lógica detrás de esto es que quien dice una mentira blanca logra escapar de un costo potencial en caso de expresarse con veracidad. La mentira blanca es un salvoconducto para reprobaciones medianamente públicas, es un as bajo la manga, un comodín, una salida teóricamente honrosa a una situación compleja. Y casi todo el mundo dice una que otra mentira blanca de vez en cuando. Y digo casi porque quien escribe las trata de evitar de manera taxativa.

Obviamente esto no deja de traerme problemas, pero, por alguna razón asociada a las complejidades cósmicas de la enseñanza y la personalidad, siempre he preferido decir la verdad a mentir para salvarme de un desdeño que ni siquiera se ha hecho efectivo.

Toda esta pataleta no es únicamente un desvarío cognitivo sin sustento alguno. Por el contrario. Resulta que me invitaron a un cumpleaños. Hasta aquí todo bien, pero el problema es que la cumpleañera (y por extensión sus amistades cercanas) es una persona, por así decir, "tranquila". De donde resulta que sus cumpleaños también son "tranquilos". Por lo tanto, en caso de ir me esperaba una noche completa del más puro aburrimiento. Por otro lado, tenía otra invitación el mismo día al mundo opuesto y paralelo de este cumpleaños. La solución, entonces, fue decir que iba a asistir a este otro evento en detrimento del cumpleaños porque, desde mi punto de vista, iba a estar mejor y más entretenido. El resultado: un enojo evidente hacia mi persona por decir la verdad.

Lo sé. Lo sé. Es, tal vez, un tanto cruel expresarse de esa manera... pero al fin y al cabo tengo de parte mía la consideración de ser una persona honesta. Aún cuando la verdad, de manera ocasional, duela un poco.

domingo, 2 de marzo de 2008

Dream Theater en Arena Santiago 2008

Ayer asistí al concierto de Dream Theater (banda originaria de Nueva York y que los más entendidos catalogan dentro del estilo "metal-progresivo"). Para alguien cuyos gustos musicales son tan eclécticos como su propia personalidad, empezando por jazz clásico como John Coltrane o Miles Davis, siguiendo con algo de fusión como Alan Holdsworth o Mike Stern, salpicando todo esto con rock y metal como AC/DC, Pink Floyd, Led Zepellin, Iron Maiden y todo el camino hasta Opeth y Meshuggah, y terminando el viaje con contemporáneos como Shostakovich y Penderecki, no deja de ser interesante observar y escuchar a una banda que incluye en su repertorio influencias tan paradigmáticas como las recién mencionadas y que, con relativo éxito, logran una correcta armonía entre tanto collage musical.

Lo de ayer en Arena Santiago tuvo algo de esa condición multifacética que - de facto - caracteriza a Dream Theater y que lo ubican en la actualidad como uno de los grupos pioneros en la inclusividad del progresismo en el metal, pero también como una banda que se ha ganado el respeto de sus contemporáneos y de la crítica en general, tanto por la virtuosidad de cada uno de sus integrantes, como por la capacidad de generar una base de apoyo quizás tan multifacética como sus propia música.

El concierto comenzó con un juego de luces de semáforo (en alusión a la gráfica conceptual de su último disco "Systematic Chaos"), partiendo en rojo hasta antes de su entrada triunfal, cuando la luz cambia a amarillo y finalmente a verde. La banda comienza con la melodía de "Und Sprach Zarathustra", composición clásica de Richard Strauss y que fue mundialmente conocida en la película "2001: Odisea al Espacio" de Stanley Kubrick. La grandiosidad de la pieza es trasladada a pesadas guitarras estimuladas por furiosos platillos de batería, acompañadas eficientemente por las cuerdas sintetizadas del tecladista Jordan Rudess. En el minuto y tanto que dura esta pequeña introducción uno ya se forma la idea de lo que viene. Más aún cuando el último acorde mayor deja a todo el público con las manos arriba y en estado de euforia.

Sin pausas, el quinteto norteamericano abre efectivamente el concierto con el single "Constant Motion" de su último disco. La canción, muy al estilo de Metallica, con rápidos riffs y transiciones, muy 'up-beat' en clásico formato rítmico de 4/4, suena como descarga energética y contagia al público de manera inmediata. (Hubo, no obstante, algunos problemas de sonido al inicio cuestión que fue arreglada hacia el segundo o tercer tema). Le siguieron "Never Enough" y "Blind Fate", de los discos "Octavarium" y Six Degrees of Inner Turbulance" respectivamente. Ambos temas proyectan parte importante de las características musicales de Dream Theater: por un lado, solos al unísono de teclado y guitarra, generalmente apuntando más al tecnicismo, la rapidez y la virtuosidad que a melodías más simples; también suaves inicios melódicos que van creciendo con la progresión de la música y que terminan en verdaderas epifanías de rock explosivo (como es el caso de Blind Fate). Si bien ambos temas fueron aplaudidos a rabiar por el público presente, era evidente que los discos en los cuales se insertan estas canciones no son de los más conocidos para las personas que no son necesariamente fanáticas de la banda.

Sin respiro, Myung (bajo), Portnoy (batería), Petrucci (guitarra), Rudess (teclado) y Labrie (voz) dan paso a dos de los temas más aplaudidos y cantados de la noche: Erotomania y Voices. Ambos pertenecen a una épica composición del album "Awake" denominada "A mind beside itself" que se encuentra dividida en tres partes. La primera (Erotomania) es un tema completamente instrumental y que vuelve a resaltar el tecnicismo de la banda. Aplausos se llevó John Petrucci al interpretar un dificilísimo solo de guitarra casi al final de la canción prácticamente sin errores. Para sorpresa del público presente interpretaron Voices, segunda parte de "A mind..." y que trasiente pasajes más oscuros y melancólicos, y que llevan a una cúspide vocal (acá Labrie se lleva los aplausos) para decantar en suaves sonidos atmosféricos que hipnotizaron a los fanáticos. Aprovechando esa atmósfera el grupo pasa a la interpretación de Surrounded, una balada de su segundo disco "Images & Words" y que es interpretada modernamente y con algunas modificaciones respecto del original. Desde mi perspectiva este fue uno de los momentos cúlmines de la noche por cuanto, más allá de la 'tranquilidad' de la pieza, el público coreó la canción completa, además que el juego de luces permitió una puesta en escena más íntima y compenetrada con la audiencia que celebró el dúo de Petrucci y Rudess. En lo que puede considerarse una crítica, está el exceso de improvisación llevado a cabo por Petrucci, sobretodo considerando que - desde mi punto de vista - el punteo ultra veloz le quita parte de la profundidad e intimidad que se había alcanzado.

Dos temas del nuevo disco siguen a continuación: "Forsaken" y "The Dark Eternal Night". Ambos temas de características agresivas, aunque el primero de corte más comercial que el segundo y que probablemente fue lo más bajo de la noche. "The Dark...", por otro lado, volvió a hacer saltar al público que escuchó de forma estupefacta un intrincado riff sumamente pesado pero que se torna característico a lo largo de la canción. Como en otras oportunidades, el tema se desarrolla haciendo gala de las habilidades de los músicos, alternando patrones rítmicos y musicales, modificando estilos y terminando en una veloz demostración de metal.

Ya hacia al final, Dream Theater vuelve a un clásico de su segundo disco "Take the Time", otro punto alto de la noche, sobretodo por la participación del público. El tema, no obstante, no fue interpretado en su totalidad (le sacaron un verso completo), pero en general la respuesta fue muy positiva. Después de unos cuantos segundos de expectación, la banda se sumerge en la interpretación de "In the Presence of the Enemies", composición épica que rodea los 25 minutos y que en el disco se divide en dos partes pero que fue ejecutada en su totalidad. Habían claras muestras de que no todo el publico estaba familiarizado con este tema en particular. No obstante, las líneas melódicas, la ascensión en intensidad, los cambios en los patrones rítmicos y los solos de guitarra (más allá de la clara equivocación) y teclado permitieron al publico verse inmerso en una suerte de catarsis musical hasta el final. El griterío (y la planificación) logran que la banda vuelva una vez más al escenario y ejecuten un Medley que incluye "Trial of Tears", "Finally Free", "In the Name of God" (con un solo unísono completamente despampanante) y terminando con la misma grandiosidad con la que empezaron ejecutando la parte final del tema "Octavarium" perteneciente a su disco homónimo.

En general fue un gran concierto. Hay algunos detalles como el sonido: dado que fue en el domo de la Arena Santiago, el sonido no era el mismo para todas las locaciones, y tengo la impresión que las personas que estuvieron en cancha escucharon mejor que las de tribuna. Sin embargo, la sensación final es que todos salieron con la impresión de haber asistido a una noche especial.