Ayer asistí al concierto de Dream Theater (banda originaria de Nueva York y que los más entendidos catalogan dentro del estilo "metal-progresivo"). Para alguien cuyos gustos musicales son tan eclécticos como su propia personalidad, empezando por jazz clásico como John Coltrane o Miles Davis, siguiendo con algo de fusión como Alan Holdsworth o Mike Stern, salpicando todo esto con rock y metal como AC/DC, Pink Floyd, Led Zepellin, Iron Maiden y todo el camino hasta Opeth y Meshuggah, y terminando el viaje con contemporáneos como Shostakovich y Penderecki, no deja de ser interesante observar y escuchar a una banda que incluye en su repertorio influencias tan paradigmáticas como las recién mencionadas y que, con relativo éxito, logran una correcta armonía entre tanto collage musical.
Lo de ayer en Arena Santiago tuvo algo de esa condición multifacética que - de facto - caracteriza a Dream Theater y que lo ubican en la actualidad como uno de los grupos pioneros en la inclusividad del progresismo en el metal, pero también como una banda que se ha ganado el respeto de sus contemporáneos y de la crítica en general, tanto por la virtuosidad de cada uno de sus integrantes, como por la capacidad de generar una base de apoyo quizás tan multifacética como sus propia música.
El concierto comenzó con un juego de luces de semáforo (en alusión a la gráfica conceptual de su último disco "Systematic Chaos"), partiendo en rojo hasta antes de su entrada triunfal, cuando la luz cambia a amarillo y finalmente a verde. La banda comienza con la melodía de "Und Sprach Zarathustra", composición clásica de Richard Strauss y que fue mundialmente conocida en la película "2001: Odisea al Espacio" de Stanley Kubrick. La grandiosidad de la pieza es trasladada a pesadas guitarras estimuladas por furiosos platillos de batería, acompañadas eficientemente por las cuerdas sintetizadas del tecladista Jordan Rudess. En el minuto y tanto que dura esta pequeña introducción uno ya se forma la idea de lo que viene. Más aún cuando el último acorde mayor deja a todo el público con las manos arriba y en estado de euforia.
Sin pausas, el quinteto norteamericano abre efectivamente el concierto con el single "Constant Motion" de su último disco. La canción, muy al estilo de Metallica, con rápidos riffs y transiciones, muy 'up-beat' en clásico formato rítmico de 4/4, suena como descarga energética y contagia al público de manera inmediata. (Hubo, no obstante, algunos problemas de sonido al inicio cuestión que fue arreglada hacia el segundo o tercer tema). Le siguieron "Never Enough" y "Blind Fate", de los discos "Octavarium" y Six Degrees of Inner Turbulance" respectivamente. Ambos temas proyectan parte importante de las características musicales de Dream Theater: por un lado, solos al unísono de teclado y guitarra, generalmente apuntando más al tecnicismo, la rapidez y la virtuosidad que a melodías más simples; también suaves inicios melódicos que van creciendo con la progresión de la música y que terminan en verdaderas epifanías de rock explosivo (como es el caso de Blind Fate). Si bien ambos temas fueron aplaudidos a rabiar por el público presente, era evidente que los discos en los cuales se insertan estas canciones no son de los más conocidos para las personas que no son necesariamente fanáticas de la banda.
Sin respiro, Myung (bajo), Portnoy (batería), Petrucci (guitarra), Rudess (teclado) y Labrie (voz) dan paso a dos de los temas más aplaudidos y cantados de la noche: Erotomania y Voices. Ambos pertenecen a una épica composición del album "Awake" denominada "A mind beside itself" que se encuentra dividida en tres partes. La primera (Erotomania) es un tema completamente instrumental y que vuelve a resaltar el tecnicismo de la banda. Aplausos se llevó John Petrucci al interpretar un dificilísimo solo de guitarra casi al final de la canción prácticamente sin errores. Para sorpresa del público presente interpretaron Voices, segunda parte de "A mind..." y que trasiente pasajes más oscuros y melancólicos, y que llevan a una cúspide vocal (acá Labrie se lleva los aplausos) para decantar en suaves sonidos atmosféricos que hipnotizaron a los fanáticos. Aprovechando esa atmósfera el grupo pasa a la interpretación de Surrounded, una balada de su segundo disco "Images & Words" y que es interpretada modernamente y con algunas modificaciones respecto del original. Desde mi perspectiva este fue uno de los momentos cúlmines de la noche por cuanto, más allá de la 'tranquilidad' de la pieza, el público coreó la canción completa, además que el juego de luces permitió una puesta en escena más íntima y compenetrada con la audiencia que celebró el dúo de Petrucci y Rudess. En lo que puede considerarse una crítica, está el exceso de improvisación llevado a cabo por Petrucci, sobretodo considerando que - desde mi punto de vista - el punteo ultra veloz le quita parte de la profundidad e intimidad que se había alcanzado.
Dos temas del nuevo disco siguen a continuación: "Forsaken" y "The Dark Eternal Night". Ambos temas de características agresivas, aunque el primero de corte más comercial que el segundo y que probablemente fue lo más bajo de la noche. "The Dark...", por otro lado, volvió a hacer saltar al público que escuchó de forma estupefacta un intrincado riff sumamente pesado pero que se torna característico a lo largo de la canción. Como en otras oportunidades, el tema se desarrolla haciendo gala de las habilidades de los músicos, alternando patrones rítmicos y musicales, modificando estilos y terminando en una veloz demostración de metal.
Ya hacia al final, Dream Theater vuelve a un clásico de su segundo disco "Take the Time", otro punto alto de la noche, sobretodo por la participación del público. El tema, no obstante, no fue interpretado en su totalidad (le sacaron un verso completo), pero en general la respuesta fue muy positiva. Después de unos cuantos segundos de expectación, la banda se sumerge en la interpretación de "In the Presence of the Enemies", composición épica que rodea los 25 minutos y que en el disco se divide en dos partes pero que fue ejecutada en su totalidad. Habían claras muestras de que no todo el publico estaba familiarizado con este tema en particular. No obstante, las líneas melódicas, la ascensión en intensidad, los cambios en los patrones rítmicos y los solos de guitarra (más allá de la clara equivocación) y teclado permitieron al publico verse inmerso en una suerte de catarsis musical hasta el final. El griterío (y la planificación) logran que la banda vuelva una vez más al escenario y ejecuten un Medley que incluye "Trial of Tears", "Finally Free", "In the Name of God" (con un solo unísono completamente despampanante) y terminando con la misma grandiosidad con la que empezaron ejecutando la parte final del tema "Octavarium" perteneciente a su disco homónimo.
En general fue un gran concierto. Hay algunos detalles como el sonido: dado que fue en el domo de la Arena Santiago, el sonido no era el mismo para todas las locaciones, y tengo la impresión que las personas que estuvieron en cancha escucharon mejor que las de tribuna. Sin embargo, la sensación final es que todos salieron con la impresión de haber asistido a una noche especial.
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