domingo, 4 de noviembre de 2007

La Famosa Píldora

He estado pensando en escribir algo sobre la píldora (del día después... como folklóricamente se le llama). Es un tema que ha muchos les puede parecer latero, pero no deja de ser importante. Y como tengo ciertos intereses en la política, creo que me voy a tirar por ese lado.

De partida el escenario: el gobierno obliga por decreto a las farmacias a tener stock de la píldora. Tanto la oposición, como la Iglesia y las propias farmacias dicen que la píldora es abortiva y que, por lo tanto, no sólo no debe venderse sino que tampoco publicitarse como un campaña de sanidad pública, porque - supuestamente dicen ellos - el embarazo no es una enfermedad y no se le puede definir como tal por decreto.

El asunto de la libertad de conciencia no me interesa mucho. En parte porque es de alta complejidad y a estas horas de la noche no pretendo indagar en mi disco duro para presentar argumentos ontológicos que no sólo aburren, sino que literalmente funden a las pocas neuronas que me van quedando. Lo que sí quiero intentar hacer es explicar las motivaciones esenciales que se observan a ambos lados del espectro político.

Desde el lado del gobierno el tema es, más bien, sencillo. Discutir acerca de la plausibilidad del efecto abortivo de la píldora simplemente no es tema. No se discute y, quizás, tampoco interesa. Lo que constatan es que hay muchas mujeres que, dada su condición socioeconómica, pueden y acceden de hecho a la compra de la píldora. Hay, en este sentido, un dato: el sistema y la inadecuada distribución de los ingresos hace que las personas se hagan de la píldora por factores "superestructurales" (pa ponerme marxista). Ese acceso trasciende cualquier análisis valórico o de conciencia simplemente porque es imposible conocer la interioridad valórica de quién compra la píldora. Especulativamente podría decirse que el perfil del "comprador de píldora" se acerca más a esas caricaturas que asocian altos ingresos con conservadurismo moral. Puede que esto sea cierto pero la verdad es que no podemos saberlo a ciencia cierta. El análisis político entonces, por el lado del gobierno, radica fundamentalmente en dos principios: la justicia y la igualdad. Justicia porque lo que busca"solucionar" la píldora no discrimina en torno a niveles socioeconómicos. Cualquier mujer, independiente de su posición, puede quedar embarazada o puede pensar que está embarazada. Frente a una postura negativa de dicha situación, la píldora aparece como servicio ad-hoc a lo que se intenta combatir. Es, por tanto, injusto que el nivel socioeconómico determine la distribución de dicho servicio y es, consecuentemente, necesario que el Estado se encargue de resolver dicha relación injusta. Ya que: tanto A como B quieren la pildora, A quiere comprarla y lo hace; B quiere comprarla y no puede. Esto transparenta el otro principio, el acceso debe ser igualitario. La igualdad se manifesta acá en forma de accesibilidad: el Estado debe, en la medida de lo posible, permitir que el servicio que se busca sea obtenido de manera más o menos idéntica, independiente del lugar de la pirámide que nos toca ocupar.

Por el lado de la Oposición y de algunos sectores DC (demás está decirlo) el asunto es un poco más complejo. Para ellos, el tema de la injusticia y desigualdad recién descrita no es tema. Lo que sí es tema es el efecto de la famosa píldora. Quedan de lado los análisis respecto a la situación presente del fármaco y su consumo. Lo que interesa es resolver el asunto potencialmente abortivo que la píldora podría ocasionar. Antes, eso sí, una aclaración: La oposición comparte en este sentido varios de los argumentos de ética filosófica cristiana, en el sentido que creen en una "ley natural", que el individuo tiene una suerte de "dignidad inviolable" y que atentar contra la vida es violar tanto el primero como el segundo de los principios. Además, como consideran que estas normas morales se encuentran respaldadas por la autoridad religiosa y, en último término por el propio Dios, no resulta raro que consideren dichos principios como verdad absoluta e inalienable. El aborto, ciertamente para ellos, constituye una de esas violaciones y, por lo mismo, cualquier fármaco que represente la posibilidad de constituir un hecho de esa naturaleza, debiera prohibirse de forma inherente. En este sentido, el actuar moral que buscan diseminar contradice en los hechos otro principio fundamental: la libertad. Si uno presta atención, perfectamente podría decirse que debe quedar a la conciencia de cada quién el consumo de la píldora. Si algunos sectores piensan que es abortiva, entonces simplemente no la consuman.

Hay un problema en esta forma de considerar la cosas. Por el lado de la oposición hay al menos dos: el primero es que dejan de lado el análisis político real de lo que sucede con la píldora. No hay cuestionamientos respecto al consumo, el perfil de quienes lo hacen, ni de los casos específicos de quienes la solicitan. Hay, así, una distancia entre la teoría política (fundamentada en los principios antes descritos) y la praxis política, donde el tema de los embarazos no deseados es, quiérase o no, un verdadero problema. Pero, por otro lado, hay una suerte de monismo filosófico, al reducir la realidad social a ciertos principios de la moralidad individual que incluso pueden contradecir la libertad en todos sus ámbitos. Frente a esto se suele responder que el Estado no puede ni debe atentar contra la vida y que existen suficientes casos históricos que decaen en totalitarismos cuando eso sucede. Esto, a mi juicio, es resolver el debate con anticipación. Hasta donde sé, los argumentos respecto de la cualidad abortiva de la píldora no son concluyentes, e incluso pueden encontrarse opiniones de especialistas que van en sentido contrario.

Por el lado de la Concertación, hay insuficiencia teórica y suficiencia práctica. Ellos saben y conocen el dato duro y la realidad práctica de quienes consumen la píldora y de quienes desean consumirla pero no pueden. Se deja de lado, no obstante, las discusiones respecto de su efecto porque, en el caso de darse, eso postergaría cualquier tipo de abstecimiento por decreto. Sin embargo, proponen para resolver este asunto el tema de la libertad de conciencia, cuestión que no ayuda en mucho porque no responde a la pregunta de sí efectivamente se está atentando contra la vida. Consecuentemente, cualquier debate que determina la naturaleza no sólo de la píldora sino de la vida misma, o está pospuesto por asuntos de política pública, o simplemente ya se dio con un resultado claro.

Creo que la solución pasa por algunas cuestiones fundamentales: Primero, un debate profundo y serio respecto de preguntas que necesariamente no pueden resolverse con exclusividad en las ciencias biológicas: por ejemplo, ¿cuándo comienza la vida humana?; segundo, aunque suene un disparate, ¿cuáles son los fundamentos que explican el por qué debe respetarse la vida humana?; tercero, ¿existe algo así como la "dignidad"? ¿Qué es?; cuarto, ¿cómo deben resolver las sociedades democráticas oposiciones fundamentales en los valores y las creencias?, etc. (Rawls propone el tema del consenso traslapado, eso, empero, es otro tema). Luego, asuntos de política pública: hay una enorme cantidad de situaciones con embarazos no deseados que terminan en aborto o en el nacimiento de un niño en precarias condiciones de vida: primero ¿cómo se resuelve dicha situación?; segundo, ¿hay que educar para resolver el problema? ¿en qué perspectiva se educa, en la perspectiva de la abstinencia o de la responsabilidad?, etc. Lo que sí, me parece que lo peor que se puede hacer es tomar posición. Es decir, puede tenerse una posición, pero eso no debiera impedir escuchar y entender los argumentos del otro. En general, todo diálogo falla cuando dejamos de escuchar simplemente porque el otro piensa distinto de nosotros.

1 comentario:

Milay dijo...

jajaja no había leído esta entrada.
Otro tema complicado. Te gustan los debates eh?.
Bueno, supongo q cuando eres gobierno y hay q tomar desiciones como estas, no hay que hacer debates. Hay que imponer y listo! la masa es la masa, y aunque yo sea de izquierda, aprendí que sobre todo en temas como estos hay que imponerse nomás.
Y a los fachos y los catolicos, bah! ya fueron gobierno y se mandaron mil cagas. Imponen sus ideas, y por debajo ocupan las mismas soluciones q le niegan al resto. No quieren q en Chile se clonen organos, que sería genial para el problema gigante de transplantes. Total! cuando ellos tienen un problema, van a buscar la tecnologia a Europa.
En fin, otro temita complicado, de todas formas un dato:
La fecundación se produce en el primer tercio de las trompas de falopio(Ampula), luego ese huevo o cigoto se pega en una de las tres paredes intrauterinas, ahí es donde comienza el embarazo.
Con la pildora del día después, el huevo no se pega, sólo sigue de largo. Es decir, no se produce el embarazo, osea ... No es abortiva!
Eso ya se sabe hace rato.
Pero siempre le dan con lo mismo... La iglesia y sus cosas, tratando de imponer sus ideas morales, y están llenos de padres pedofilos, desgenerados y monjas que pasan abortando.
Guaaaaaa
ya!!
NO escribas más estas cosas jajaja
Abrazos