Las Hienas reían. Súbitamente hablaron de mí y dijeron: "vuestra ambición no tiene límites". Incrédulo pensé en mi corazón y horrorizado caí en la tenue oscuridad de la mediocridad. Luché contra fabulosas criaturas en pantanos y desiertos, las risas lo rodeaban todo, habían hundido el espíritu y la pasión. No es un "algo", se ambiciona por algo: Busco la divina inspiración el raciocinio involuntario, el estado musical y la estrella danzarina. - Sois un ambicioso.
Busco un intelecto que improvise, que se llene de júbilo al expresar el ser, que sea ingenuo y alegre. - Sois un ambicioso.
Busco a la benigna serpiente dorada, al sueño que le da vida a la vida, al devenir intuitivo. - Sois un ambicioso.
Busco una pesada carga, un camino difícil y bello, un paisaje aterradoramente calmo. - Sois un ambicioso.
Busco lo Uno y lo Infinito, lo Bueno y lo Bello, lo atemporal y divino. - Sois un ambicioso.
Busco la risa, la sorpresa, la satisfacción, el placer verdadero; busco un detonante y una cascada cristalina. Busco un Océano, busco piedras de oro y trompetas de cobre, me busco a mí mismo y a mí espíritu. Bailo y reflexiono, busco una intuición genial, busco una mirada, una señal, busco olor a madera y libro viejo. - Sois un ambicioso.
Entre risas y burlas las hienas dieron media vuelta y se fueron, ambicionando no haberme encontrado. Mi espíritu y mi corazón están hinchados de ambición.
miércoles, 30 de enero de 2008
miércoles, 23 de enero de 2008
Cita a Ciegas
El sábado recién pasado participé de las llamadas "citas a ciegas". No es que me haya suscrito a alguna página web del tipo buscatupareja.com o algo por el estilo (si es que existen), pero accedí de buena manera a la sugerencia de una amiga. En pocas palabras, en algún carrete sin fecha ni motivo, alguna mujer anónima preguntó por mí. Supongo que debe de haber sido algo así como "y quién es él" más un piropo diluido por el ambiente y el alcohol. La cosa es que se habló de mí - lo suficiente para mantener el ego tranquilo por un par de semanas - hasta que el intermediario (mi amiga) me lo cantó de forma directa: "oye, le tincaste a esta mina y, la verdad, podrían salir juntos y ver qué pasa". Claramente mi primera reacción fue de incertidumbre y, al rato después, por una cuestión obvia, parecía Sherlock Holmes tratando de averiguar lo posible sobre esta misteriosa mujer antes de tomar una decisión. No hay que ser genio para entender que mi amiga me habló maravillas de esta otra: "Daniela".
La verdad es que ya no me encuentro con la paciencia necesaria para esforzarme en engrupir, conquistar o agarrar a alguien que no conozco en carretes caseros con personas medianamente conocidas. Afortunadamente - en lo que parece ser una tónica del mundo actual - mis amigas con ventaja me tienen suficientemente cubierto como para intentar algo más, razón por la cual nunca había obervado mayormente a Daniela. Es probable que si hubiese tenido que reconocerla de un montón de fotos, o de una fila de sospechosos de un crimen como en las películas, hubiese dicho "sí, a ella creo que la he visto", pero poco importa eso ahora. El asunto es que, gracias al buen oficio de mi amiga y de que ese sábado en particular no tenía absolutamente nada que hacer, quedé de llamar a la famosa Daniela y acordar algo. Sin compromisos ni nada pero con la mente abierta a cualquier cosa.
Con más costumbre que creatividad quedamos de juntarnos a tomar algo. Le pregunté si quería que la pasara a buscar. Me dijo que no, que llegaría sola y que no me preocupara; mal que mal, si las cosas salían mal cada uno podría ahorrarse un viaje con mala compañía. En todo caso, llegué de manera extraordinariamente puntual. Y como era de esperarse estuve tomando una cerveza por 10 minutos antes de verla aparecer. Cuando la vi la reconocí de inmediato. Nunca había hablado con ella pero indudablemente habíamos compartido el tiempo y el espacio en algún momento y en algún carrete. Ahora, yo no sé cuál es mi capacidad real de determinar y describir estéticamente a una mujer (o a quien sea a decir verdad), pero ella es una mujer bellísima. No. Me equivoqué. No es que sea hermosa o bella, y que den ganas de mirarla en un estado de consternación. La verdad es que Daniela era - según lenguaje chilensis - rica, bien rica, y ciertamente no despertaba sensaciones esteticistas de contemplación mística. Al contrario, despertaba eso otro algo más oscuro y menos racional, y tal vez por eso mismo más provocativo. En fin. Nos saludamos y desde el momento en que se sentó empezó la peor experiencia de mi vida.
Resulta que Daniela era de esas personas que podríamos denominar "curiosas", o si somos más cara duras, loca o psicópata. Lo primero que me dice al sentarse es: "oye, y se vamos a echarle bencina al auto???", no es broma. Yo obviamente le digo: "eh, te quedaste sin bencina??"; - "No, pero igual podríamos ir para hacer algo..." - (Imagínense unos grillos haciendo ruido). Sin creer aún lo que escuchaba la digo: "bueno, pero por qué no te pides algo y conversamos"... no había terminado de decir "conversamos" cuando esta loca de patio se pone a GRITAR "me pueden atender!!!". La mitad del local se da vuelta, dos mozos llegan de inmediato para preguntar qué necesita y ella les dice (afírmense): "me puedes traer un chicle de menta???". En cinco minutos una mina estupeda se tranformaba en una potencial asesina múltiple.
Tratando de mantener la calma invento conversación de la nada, pero no llevaba ni cinco palabras cuando ella se levanta súbitamente y se va. En este momento mi nivel de desconcierto era máximo. Treinta segundos después vuelve nuevamente y me dice que tenía que ir al baño porque "tenía un bicho en el calcetín". Ahí yo pensé que podía estar tomando algún medicamento o algo... no sé, no tenía explicación... pero le pregunto si se sentía bien, si le pasaba algo. Ella me respondé que estaba increíble. En el resto de los 40 minutos que duró el encuentro Daniela se puso a llorar dos veces, grito tres veces al mozo, me obligó a cambiarme de mesa porque aquella tenía "mala vibra", le habló 1 vez a las personas que estaban sentadas al lado mío y se tomó dos piscolas y un té verde. Después de 40 minutos inventé que me sentía mal y me tenía que ir. Ella ofreció llevarme y "cuidarme", pero respondí que no era necesario. Se despidió con un abrazo apretado que duró mucho tiempo y me dijo que me llamaría. Gracias a Dios todavía no suena el teléfono. Apenas llegué a mi casa ese día le envié un mail a mi amiga agradeciéndole por la excelente velada que su amiga Daniela me había hecho pasar.
La verdad es que ya no me encuentro con la paciencia necesaria para esforzarme en engrupir, conquistar o agarrar a alguien que no conozco en carretes caseros con personas medianamente conocidas. Afortunadamente - en lo que parece ser una tónica del mundo actual - mis amigas con ventaja me tienen suficientemente cubierto como para intentar algo más, razón por la cual nunca había obervado mayormente a Daniela. Es probable que si hubiese tenido que reconocerla de un montón de fotos, o de una fila de sospechosos de un crimen como en las películas, hubiese dicho "sí, a ella creo que la he visto", pero poco importa eso ahora. El asunto es que, gracias al buen oficio de mi amiga y de que ese sábado en particular no tenía absolutamente nada que hacer, quedé de llamar a la famosa Daniela y acordar algo. Sin compromisos ni nada pero con la mente abierta a cualquier cosa.
Con más costumbre que creatividad quedamos de juntarnos a tomar algo. Le pregunté si quería que la pasara a buscar. Me dijo que no, que llegaría sola y que no me preocupara; mal que mal, si las cosas salían mal cada uno podría ahorrarse un viaje con mala compañía. En todo caso, llegué de manera extraordinariamente puntual. Y como era de esperarse estuve tomando una cerveza por 10 minutos antes de verla aparecer. Cuando la vi la reconocí de inmediato. Nunca había hablado con ella pero indudablemente habíamos compartido el tiempo y el espacio en algún momento y en algún carrete. Ahora, yo no sé cuál es mi capacidad real de determinar y describir estéticamente a una mujer (o a quien sea a decir verdad), pero ella es una mujer bellísima. No. Me equivoqué. No es que sea hermosa o bella, y que den ganas de mirarla en un estado de consternación. La verdad es que Daniela era - según lenguaje chilensis - rica, bien rica, y ciertamente no despertaba sensaciones esteticistas de contemplación mística. Al contrario, despertaba eso otro algo más oscuro y menos racional, y tal vez por eso mismo más provocativo. En fin. Nos saludamos y desde el momento en que se sentó empezó la peor experiencia de mi vida.
Resulta que Daniela era de esas personas que podríamos denominar "curiosas", o si somos más cara duras, loca o psicópata. Lo primero que me dice al sentarse es: "oye, y se vamos a echarle bencina al auto???", no es broma. Yo obviamente le digo: "eh, te quedaste sin bencina??"; - "No, pero igual podríamos ir para hacer algo..." - (Imagínense unos grillos haciendo ruido). Sin creer aún lo que escuchaba la digo: "bueno, pero por qué no te pides algo y conversamos"... no había terminado de decir "conversamos" cuando esta loca de patio se pone a GRITAR "me pueden atender!!!". La mitad del local se da vuelta, dos mozos llegan de inmediato para preguntar qué necesita y ella les dice (afírmense): "me puedes traer un chicle de menta???". En cinco minutos una mina estupeda se tranformaba en una potencial asesina múltiple.
Tratando de mantener la calma invento conversación de la nada, pero no llevaba ni cinco palabras cuando ella se levanta súbitamente y se va. En este momento mi nivel de desconcierto era máximo. Treinta segundos después vuelve nuevamente y me dice que tenía que ir al baño porque "tenía un bicho en el calcetín". Ahí yo pensé que podía estar tomando algún medicamento o algo... no sé, no tenía explicación... pero le pregunto si se sentía bien, si le pasaba algo. Ella me respondé que estaba increíble. En el resto de los 40 minutos que duró el encuentro Daniela se puso a llorar dos veces, grito tres veces al mozo, me obligó a cambiarme de mesa porque aquella tenía "mala vibra", le habló 1 vez a las personas que estaban sentadas al lado mío y se tomó dos piscolas y un té verde. Después de 40 minutos inventé que me sentía mal y me tenía que ir. Ella ofreció llevarme y "cuidarme", pero respondí que no era necesario. Se despidió con un abrazo apretado que duró mucho tiempo y me dijo que me llamaría. Gracias a Dios todavía no suena el teléfono. Apenas llegué a mi casa ese día le envié un mail a mi amiga agradeciéndole por la excelente velada que su amiga Daniela me había hecho pasar.
martes, 15 de enero de 2008
El Dinero
Tengo una amiga para la cual el dinero lo es todo. Piensa, percibe y oberva en pesos $$. Y vive su vida contando dinero, tal como algunos viven la suya contando ovejas antes de dormir. Más de alguna discusión hemos tenido gracias al tema famoso, en general no sobre el dinero mismo, pero sí sobre alguna u otra materia que de manera indirecta se relacione con él. Por ejemplo, el otro día hablábamos de las carreras que cada uno había elegido para estudiar y del trabajo que cada quien tenía. Tenemos, lamentablemente, algunos amigos cuya motivación intelectual los llevó a escoger caminos que no han dado el fruto material que otros sí han conseguido (trabajo), y eso es fuertemente criticado por esta amiga. Con decir que, para ella, la única variable para considerar al momento de estudiar una carrera universitaria es el rédito económico que se podrá obtener una vez egresado. Yo - afortunadamente - pienso distinto. Y, en alguna medida, es algo decepcionante obervar como en esta moderna sociedad el valor de las cosas va ineludiblemente regida por ceros y unos. Quizás mi idealismo personal raya en la candidez. Pero, a decir verdad, aún mantengo la esperanza de evitar caer en el materialismo ideológico, a pesar de que cada vez más personas piensen así.
Por suerte no he tenido siquiera la posibilidad de poner a pensarme en una vida con exceso o con necesidad de dinero. Eso no quiere decir que sea multimillonario, pero con mi trabajo me sobra y me basta. Y como no necesito comprarme un Ferrari, ni un Yate, ni alojarme en la suite presidencial del Burj Al-Arab, siento que las discusiones acerca del dinero son un tanto innecesarias. Al mismo tiempo, creo que soy menos ambicioso que la gran mayoría, porque de otra manera no me explico que la consigna ocasional de la conversación grupal sea acerca de cómo amasar más fortuna. Por el otro lado, tal vez habría que discutir más acerca de aquellas cosas que, por lo general, son relegadas a un segundo, tercer o cuarto plano por el encandilamiento que producen los billetes. Sobran los ejemplos de personas que, aún con todo el dinero del mundo, viven ensombrecidos por la falta de eso mismo que decimos cuando estornudamos una, dos y tres veces seguidas.
Por suerte no he tenido siquiera la posibilidad de poner a pensarme en una vida con exceso o con necesidad de dinero. Eso no quiere decir que sea multimillonario, pero con mi trabajo me sobra y me basta. Y como no necesito comprarme un Ferrari, ni un Yate, ni alojarme en la suite presidencial del Burj Al-Arab, siento que las discusiones acerca del dinero son un tanto innecesarias. Al mismo tiempo, creo que soy menos ambicioso que la gran mayoría, porque de otra manera no me explico que la consigna ocasional de la conversación grupal sea acerca de cómo amasar más fortuna. Por el otro lado, tal vez habría que discutir más acerca de aquellas cosas que, por lo general, son relegadas a un segundo, tercer o cuarto plano por el encandilamiento que producen los billetes. Sobran los ejemplos de personas que, aún con todo el dinero del mundo, viven ensombrecidos por la falta de eso mismo que decimos cuando estornudamos una, dos y tres veces seguidas.
martes, 8 de enero de 2008
Entre dar jugo y la buena onda
Varios de mis amigos se están casando, y otros van derechito al cadalzo (o al cielo, dependiendo de como se mire). Por razones que escapan a mi comprensión, después de los veintinco empieza, para muchas personas, un frenazo con olor a caucho. Estas personas lo caracterizan como "madurez", "iluminismo moral", "sentar cabeza" y otro tipo de términos autocomplacientes que nadie sabe muy bien qué significan, pero que - al menos - suena bien, como si fuera parte de una profunda reflexión mística acompañada de inhalaciones de pañal de adulto. La verdad es que no sé si esas pseudo-decisiones existencialistas corresponden a imposiciones forzosas de aquella vocecita vestida de blanco, con alas emplumadas y aureola brillante; o si, por el contrario, son motivadas por una reacción en cadena de personas con remordimientos éticos. Para mí, el único resultado práctico es perder personas con las cuales puedo divertirme como Dios manda y, desde el otro lado, ganar vejestorios del carrete y conciencias críticas hacia lo que se hace, y lo que se deja de hacer, dicho sea de paso.
Porque, al final del día, algunos siguen siendo como son, lo que significa que si hemos de carretear hay que hacerlo de acuerdo a lo que el espíritu aconseja. Y a éste definitivamente no le gustan esas reuniones donde de lo único que se habla es del trabajo, de quién es el próximo matrimonio, de quién está esperando guagua, de qué rico que está el pisco sour, y de "qué tarde es (1:00am) hay que irse". Paso. En serio. Más aún, le estoy haciendo el quite a ese tipo de invitaciones, no tanto porque no me interesen, sino porque me pierdo de cosas mejores. Obviamente, de manera ocasional, debo responder a las invitaciones con una sonrisa más parecida a una mueca (agradecimientos al imperativo moral kantiano de pasadita), ya que, mal que mal, no quiero seguir perdiendo amigos; pero, a decir verdad, cada vez estiro el elástico hasta poquito antes de que se corte: tampoco quiero que me dejen de invitar.
No deja de ser fácil adiviniar que prefiero, con toda claridad, una buena conversación con piscola en mano, o vodka tonic, o whisky si las cosas andan bien, en eso que se llama "previa"; y después - si los planetas están bien alineados - terminar en algún local donde el jugo y la buena onda corran como los ríos de vino que antiguamente era provisto por Baco (otro tipo simpático). Porque con un par de copas - y contrario a lo que pueda pensarse - caigo en la felicidad eufórica, la palabra fácil, la buena onda y la simpatía. Y cuando las copas se multiplican con el correr de la noche tiendo a ponerme un poquito "cariñoso", cuestión que muchas amigas toman con simpatía (y aprovechamiento) pero que otras, con clara influencia de la genética anglosajona, sólo miran a la distancia. Y lo que me queda clarísimo es que, en último término, si bien el carnet de identidad puede decir una cosa, eso no impide a que restemos números y vivamos acorde a nuestro jovial y alegre espíritu. Hasta que se pueda... o hasta que queden ganas.
Porque, al final del día, algunos siguen siendo como son, lo que significa que si hemos de carretear hay que hacerlo de acuerdo a lo que el espíritu aconseja. Y a éste definitivamente no le gustan esas reuniones donde de lo único que se habla es del trabajo, de quién es el próximo matrimonio, de quién está esperando guagua, de qué rico que está el pisco sour, y de "qué tarde es (1:00am) hay que irse". Paso. En serio. Más aún, le estoy haciendo el quite a ese tipo de invitaciones, no tanto porque no me interesen, sino porque me pierdo de cosas mejores. Obviamente, de manera ocasional, debo responder a las invitaciones con una sonrisa más parecida a una mueca (agradecimientos al imperativo moral kantiano de pasadita), ya que, mal que mal, no quiero seguir perdiendo amigos; pero, a decir verdad, cada vez estiro el elástico hasta poquito antes de que se corte: tampoco quiero que me dejen de invitar.
No deja de ser fácil adiviniar que prefiero, con toda claridad, una buena conversación con piscola en mano, o vodka tonic, o whisky si las cosas andan bien, en eso que se llama "previa"; y después - si los planetas están bien alineados - terminar en algún local donde el jugo y la buena onda corran como los ríos de vino que antiguamente era provisto por Baco (otro tipo simpático). Porque con un par de copas - y contrario a lo que pueda pensarse - caigo en la felicidad eufórica, la palabra fácil, la buena onda y la simpatía. Y cuando las copas se multiplican con el correr de la noche tiendo a ponerme un poquito "cariñoso", cuestión que muchas amigas toman con simpatía (y aprovechamiento) pero que otras, con clara influencia de la genética anglosajona, sólo miran a la distancia. Y lo que me queda clarísimo es que, en último término, si bien el carnet de identidad puede decir una cosa, eso no impide a que restemos números y vivamos acorde a nuestro jovial y alegre espíritu. Hasta que se pueda... o hasta que queden ganas.
lunes, 7 de enero de 2008
El Liderazgo de Bachelet
Desde que Michelle Bachelet fue elegida presidente de Chile y a medida que su gobierno ha ido avanzando, son cada vez más frecuentes los análisis y comentarios respecto de su liderazgo (o falta de liderazgo habría que decir). Las continuas crisis políticas, los cambios de gabinete, la incapacidad de manejar la agenda pública y la sensación térmica de desorden al interior del Ejecutivo, suelen tener su origen en un liderazgo amorfo y deforme que es ejercido por Bachelet de forma esquiva. Si bien concuerdo con parte de los análisis referidos al liderazgo, la realidad - a mi modo de ver - es mucho más compleja.
En general, quien realiza una crítica al "liderazgo" de Bachelet o de quien sea, parte por un análisis comparativo a partir de un constructo conceptual propio. Obviamente que cuando alguien dice "a tal o cual le falta liderazgo" está implícitamente comparando una obervación real con un concepto mental. La distancia entre ese concepto y la realidad concluirán en la falta, equivalencia o exceso de liderazgo. Por la misma razón, difícilmente podría hablarse del liderazgo en términos unívocos, por cuanto su propia definición vendrá dada por la cognición subjetiva del individuo y - no hay que leerse la mano entre gitanos - nadie vive con un diccionario definitorio en su hablar cotidiano, por lo que decir "falta de liderazgo", así, de manera tan suelta, me parece que es faltar a la seriedad en el análisis.
Hace poco leí un texto del titán de la Sociología moderna (Max Weber) que tocaba este punto de manera excepcional. Dice Weber que hay tres formas de liderazgo, cuya génesis se encuentra en la interacción personal que alguien tiene con la sociedad y en la conformación variable de determinadas formas de acción simbólica. Liderazgo, de partida, significa una relación entre alguien que lo ejerce y otro que lo recibe. Implica una relación de superioridad, de orientación, de seguimiento; y está circunscrito a relaciones formales, espontáneas o parte de las dos. Así, en primer lugar, Weber dice que tenemos un liderazgo "tradicional", el cual se genera de manera histórica y a partir de la costumbre. Los gerentes tienen este liderazgo porque su puesto así lo indica. Quienes lo siguen no necesariamente concuerdan con él, pero deben hacerlo dada la relación de subordinación. Con los Presidentes pasa más o menos lo mismo. Y ciertamente un hijo obedece a su padre porque históricamente los mayores tienen condiciones de superioridad (física y psicológica) durante las primeras etapas de la vida. Bachelet, de acuerdo a esto, posee ciertamente un liderazgo "tradicional", ya que es efectivamente la presidente, sus colaboradores pueden no estar de acuerdo con ella pero deben obedecerla o ser despedidos, y porque su status presidencial la ubica en el escalafón más alto de la pirámide distributiva de poder.
Hay, después, un liderazgo denominado "carismático". Éste surge de las características de la personalidad de un individuo, que le hacen aparecer atractivo a los demás. Este liderazgo aparece mucho más natural y de forma espontánea al tradicional. Quienes ejercen un liderazgo "carismático" usualmente no se dan cuenta de él, pero las personas lo escuchan y probablemente siguen porque el individuo de liderazgo carismático refleja ideas y sentimientos con los cuales los demás se sienten identificados. A veces, en las reuniones sociales, uno se da cuenta de esta relación: hay personas que cuando hablan todos la escuchan en un estado de fascinación. Estas personas despiertan interés y, ciertamente, ese interés demuestra cierto tipo de superioridad (intersubjetiva) con relación a los demás. Desde este punto de vista, Bachelet también posee carisma y, más aún, parte de su capital político responde a este tipo de liderazgo. Hay que recordar que fue elegida justamente por despertar interés, fascinación y otro tipo de atributos intangibles como son "cercanía" y "sensibilidad".
Por último, se habla de un liderazgo "autoritario". Éste también implica ciertos rasgos de personalidad, pero está mucho más ligado a asuntos de poder, de persuasión y de carácter. Quienes ejercen liderazgo autoritario también se ven acompañados por una capacidad real en los asuntos en los cuales se desenvuelven. En este sentido, por autoritario no hay que entender un liderazgo por la fuerza, sino por la "autoridad" de quien lo representa. Así, por ejemplo, Einstein éjercería un liderazgo de este tipo porque es una autoridad y un experto en las materias que trata. Evidentemente, no basta con un expertise de este tipo, debe existir una manifestación explícita y potente de las condiciones de mando. Ciertamente, este liderazgo esta asociado a la política real. Y es éste el tipo de liderazgo del cual Bachelet carece y del cual, presumo, todo el mundo comenta al hablar genéricamente de liderazgo. Las causas no van necesariamente en la preparación intelectual de Bachelet, sino en su experiencia política en cargos de relevancia. Hay que recordar que Bachelet no tiene una trayectoria política de peso sino hasta sus cargos ministeriales, y, esto se ha dicho hasta el cansancio, no pertenece a la elite concertacionista y fundadora. Yo no tengo duda alguna que más de una persona en la coalición gobernante vio con ojos de envidia y escepticismo la llegada de Bachelet al poder, y es plausible pensar en comentarios de pasillos del tipo "cómo yo... que tengo más experiencia y llevo más años en esto debo obedecerle a una aparecida". No obstante, la explotación de los otros tipo de liderazgo pueden minimizar la carencia de este último. Y lo que debiera hacer la presidente es, precisament, explotar sus características personales más que intentar adquirir algo que, de momento, carece.
En general, quien realiza una crítica al "liderazgo" de Bachelet o de quien sea, parte por un análisis comparativo a partir de un constructo conceptual propio. Obviamente que cuando alguien dice "a tal o cual le falta liderazgo" está implícitamente comparando una obervación real con un concepto mental. La distancia entre ese concepto y la realidad concluirán en la falta, equivalencia o exceso de liderazgo. Por la misma razón, difícilmente podría hablarse del liderazgo en términos unívocos, por cuanto su propia definición vendrá dada por la cognición subjetiva del individuo y - no hay que leerse la mano entre gitanos - nadie vive con un diccionario definitorio en su hablar cotidiano, por lo que decir "falta de liderazgo", así, de manera tan suelta, me parece que es faltar a la seriedad en el análisis.
Hace poco leí un texto del titán de la Sociología moderna (Max Weber) que tocaba este punto de manera excepcional. Dice Weber que hay tres formas de liderazgo, cuya génesis se encuentra en la interacción personal que alguien tiene con la sociedad y en la conformación variable de determinadas formas de acción simbólica. Liderazgo, de partida, significa una relación entre alguien que lo ejerce y otro que lo recibe. Implica una relación de superioridad, de orientación, de seguimiento; y está circunscrito a relaciones formales, espontáneas o parte de las dos. Así, en primer lugar, Weber dice que tenemos un liderazgo "tradicional", el cual se genera de manera histórica y a partir de la costumbre. Los gerentes tienen este liderazgo porque su puesto así lo indica. Quienes lo siguen no necesariamente concuerdan con él, pero deben hacerlo dada la relación de subordinación. Con los Presidentes pasa más o menos lo mismo. Y ciertamente un hijo obedece a su padre porque históricamente los mayores tienen condiciones de superioridad (física y psicológica) durante las primeras etapas de la vida. Bachelet, de acuerdo a esto, posee ciertamente un liderazgo "tradicional", ya que es efectivamente la presidente, sus colaboradores pueden no estar de acuerdo con ella pero deben obedecerla o ser despedidos, y porque su status presidencial la ubica en el escalafón más alto de la pirámide distributiva de poder.
Hay, después, un liderazgo denominado "carismático". Éste surge de las características de la personalidad de un individuo, que le hacen aparecer atractivo a los demás. Este liderazgo aparece mucho más natural y de forma espontánea al tradicional. Quienes ejercen un liderazgo "carismático" usualmente no se dan cuenta de él, pero las personas lo escuchan y probablemente siguen porque el individuo de liderazgo carismático refleja ideas y sentimientos con los cuales los demás se sienten identificados. A veces, en las reuniones sociales, uno se da cuenta de esta relación: hay personas que cuando hablan todos la escuchan en un estado de fascinación. Estas personas despiertan interés y, ciertamente, ese interés demuestra cierto tipo de superioridad (intersubjetiva) con relación a los demás. Desde este punto de vista, Bachelet también posee carisma y, más aún, parte de su capital político responde a este tipo de liderazgo. Hay que recordar que fue elegida justamente por despertar interés, fascinación y otro tipo de atributos intangibles como son "cercanía" y "sensibilidad".
Por último, se habla de un liderazgo "autoritario". Éste también implica ciertos rasgos de personalidad, pero está mucho más ligado a asuntos de poder, de persuasión y de carácter. Quienes ejercen liderazgo autoritario también se ven acompañados por una capacidad real en los asuntos en los cuales se desenvuelven. En este sentido, por autoritario no hay que entender un liderazgo por la fuerza, sino por la "autoridad" de quien lo representa. Así, por ejemplo, Einstein éjercería un liderazgo de este tipo porque es una autoridad y un experto en las materias que trata. Evidentemente, no basta con un expertise de este tipo, debe existir una manifestación explícita y potente de las condiciones de mando. Ciertamente, este liderazgo esta asociado a la política real. Y es éste el tipo de liderazgo del cual Bachelet carece y del cual, presumo, todo el mundo comenta al hablar genéricamente de liderazgo. Las causas no van necesariamente en la preparación intelectual de Bachelet, sino en su experiencia política en cargos de relevancia. Hay que recordar que Bachelet no tiene una trayectoria política de peso sino hasta sus cargos ministeriales, y, esto se ha dicho hasta el cansancio, no pertenece a la elite concertacionista y fundadora. Yo no tengo duda alguna que más de una persona en la coalición gobernante vio con ojos de envidia y escepticismo la llegada de Bachelet al poder, y es plausible pensar en comentarios de pasillos del tipo "cómo yo... que tengo más experiencia y llevo más años en esto debo obedecerle a una aparecida". No obstante, la explotación de los otros tipo de liderazgo pueden minimizar la carencia de este último. Y lo que debiera hacer la presidente es, precisament, explotar sus características personales más que intentar adquirir algo que, de momento, carece.
domingo, 6 de enero de 2008
Evaluación del Gobierno
Desde mi punto de vista hay tres formas de evaluar un gobierno: primero, desde la perspectiva de las políticas públicas, vale decir, de la implementación material o la modificación institucional de asuntos que van desde carreteras y hospitales, hasta regulaciones complejas de temas tales como la educación o la previsión. En segundo lugar, un gobierno se evalúa políticamente en términos reales y pragmáticos como son sus relaciones con los partidos políticos, la oposición, y la propia administración dentro de la maraña burocrática. Por último, un gobierno es evaluado desde la praxis política relacionada con su objeto intrínsecamente propio: el poder. En este sentido - siguiendo la lógica del Florentino - un gobierno debe mantener y, en la medida de lo posible acrecentar su poder. En este mundo contemporáneo, la consecusión de esto último va asociada, en parte, a la capacidad del gobierno en generar lazos de relación entre su estructura monolítica y la población que lo eligió. El gobierno debe ser capaz de generar recursos de asociatividad en términos simbólicos, generar meta-relatos de lo que sucede y lo que se espera y que los ciudadanos entiendan crean aquello que es informado.
Si dejásemos de lado el fiasco monumental que ha significado Transantiago, la primera de las evaluaciones sería relativamente positiva. Se han implementado determinadas políticas públicas (particularmente en temas de seguridad y educación) que han generado bienestar. Asimismo, se han inaugurado hospitales, caminos, servicios, etc., que - aún tomando en cuenta la precariedad en la implementación - alcanzan a obtener un azul más que un rojo.
La segunda evaluación es manifiestamente negativa. Su justificación está a la luz: un gobierno que no es capaz de actuar con la mayoría explícita que tiene en ambas cámaras no puede considerársele exitoso. La Secretaría General de la Presidencia tiene en esto gran responsabilidad, pero también en una evaluación errónea respecto del rol de los partidos políticos en el devenir democrático, por cuanto ha existido una contradicción casi patológica entre el entendimiento y la cooperación, y la renuncia a cualquier grado de asociación bajo el fallido slogan del "gobierno ciudadano".
Por último, y lo que me parece más grave, este gobierno ha sido absolutamente incapaz de mantener una sola línea comunicativa. En ser capaz de preveer los conflictos, de maximizar sus triunfos (por espúreos que sean) y de minimizar las crisis. Más aún, no ha sido capaz de sostener sus tesis originales como la paridad de género (una estupidez circense), las caras nuevas (la candidez en su máximo esplendor) y, por supuesto, el ya nombrado gobierno ciudadano, el cual nunca llegó a conformarse como tal y que sólo tuvo indicios de su aparición en las famosas comisiones.
Punto aparte merece el análisis de la figura presidencial. Pero eso le dejo para más adelante
Si dejásemos de lado el fiasco monumental que ha significado Transantiago, la primera de las evaluaciones sería relativamente positiva. Se han implementado determinadas políticas públicas (particularmente en temas de seguridad y educación) que han generado bienestar. Asimismo, se han inaugurado hospitales, caminos, servicios, etc., que - aún tomando en cuenta la precariedad en la implementación - alcanzan a obtener un azul más que un rojo.
La segunda evaluación es manifiestamente negativa. Su justificación está a la luz: un gobierno que no es capaz de actuar con la mayoría explícita que tiene en ambas cámaras no puede considerársele exitoso. La Secretaría General de la Presidencia tiene en esto gran responsabilidad, pero también en una evaluación errónea respecto del rol de los partidos políticos en el devenir democrático, por cuanto ha existido una contradicción casi patológica entre el entendimiento y la cooperación, y la renuncia a cualquier grado de asociación bajo el fallido slogan del "gobierno ciudadano".
Por último, y lo que me parece más grave, este gobierno ha sido absolutamente incapaz de mantener una sola línea comunicativa. En ser capaz de preveer los conflictos, de maximizar sus triunfos (por espúreos que sean) y de minimizar las crisis. Más aún, no ha sido capaz de sostener sus tesis originales como la paridad de género (una estupidez circense), las caras nuevas (la candidez en su máximo esplendor) y, por supuesto, el ya nombrado gobierno ciudadano, el cual nunca llegó a conformarse como tal y que sólo tuvo indicios de su aparición en las famosas comisiones.
Punto aparte merece el análisis de la figura presidencial. Pero eso le dejo para más adelante
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