miércoles, 23 de enero de 2008

Cita a Ciegas

El sábado recién pasado participé de las llamadas "citas a ciegas". No es que me haya suscrito a alguna página web del tipo buscatupareja.com o algo por el estilo (si es que existen), pero accedí de buena manera a la sugerencia de una amiga. En pocas palabras, en algún carrete sin fecha ni motivo, alguna mujer anónima preguntó por mí. Supongo que debe de haber sido algo así como "y quién es él" más un piropo diluido por el ambiente y el alcohol. La cosa es que se habló de mí - lo suficiente para mantener el ego tranquilo por un par de semanas - hasta que el intermediario (mi amiga) me lo cantó de forma directa: "oye, le tincaste a esta mina y, la verdad, podrían salir juntos y ver qué pasa". Claramente mi primera reacción fue de incertidumbre y, al rato después, por una cuestión obvia, parecía Sherlock Holmes tratando de averiguar lo posible sobre esta misteriosa mujer antes de tomar una decisión. No hay que ser genio para entender que mi amiga me habló maravillas de esta otra: "Daniela".

La verdad es que ya no me encuentro con la paciencia necesaria para esforzarme en engrupir, conquistar o agarrar a alguien que no conozco en carretes caseros con personas medianamente conocidas. Afortunadamente - en lo que parece ser una tónica del mundo actual - mis amigas con ventaja me tienen suficientemente cubierto como para intentar algo más, razón por la cual nunca había obervado mayormente a Daniela. Es probable que si hubiese tenido que reconocerla de un montón de fotos, o de una fila de sospechosos de un crimen como en las películas, hubiese dicho "sí, a ella creo que la he visto", pero poco importa eso ahora. El asunto es que, gracias al buen oficio de mi amiga y de que ese sábado en particular no tenía absolutamente nada que hacer, quedé de llamar a la famosa Daniela y acordar algo. Sin compromisos ni nada pero con la mente abierta a cualquier cosa.

Con más costumbre que creatividad quedamos de juntarnos a tomar algo. Le pregunté si quería que la pasara a buscar. Me dijo que no, que llegaría sola y que no me preocupara; mal que mal, si las cosas salían mal cada uno podría ahorrarse un viaje con mala compañía. En todo caso, llegué de manera extraordinariamente puntual. Y como era de esperarse estuve tomando una cerveza por 10 minutos antes de verla aparecer. Cuando la vi la reconocí de inmediato. Nunca había hablado con ella pero indudablemente habíamos compartido el tiempo y el espacio en algún momento y en algún carrete. Ahora, yo no sé cuál es mi capacidad real de determinar y describir estéticamente a una mujer (o a quien sea a decir verdad), pero ella es una mujer bellísima. No. Me equivoqué. No es que sea hermosa o bella, y que den ganas de mirarla en un estado de consternación. La verdad es que Daniela era - según lenguaje chilensis - rica, bien rica, y ciertamente no despertaba sensaciones esteticistas de contemplación mística. Al contrario, despertaba eso otro algo más oscuro y menos racional, y tal vez por eso mismo más provocativo. En fin. Nos saludamos y desde el momento en que se sentó empezó la peor experiencia de mi vida.

Resulta que Daniela era de esas personas que podríamos denominar "curiosas", o si somos más cara duras, loca o psicópata. Lo primero que me dice al sentarse es: "oye, y se vamos a echarle bencina al auto???", no es broma. Yo obviamente le digo: "eh, te quedaste sin bencina??"; - "No, pero igual podríamos ir para hacer algo..." - (Imagínense unos grillos haciendo ruido). Sin creer aún lo que escuchaba la digo: "bueno, pero por qué no te pides algo y conversamos"... no había terminado de decir "conversamos" cuando esta loca de patio se pone a GRITAR "me pueden atender!!!". La mitad del local se da vuelta, dos mozos llegan de inmediato para preguntar qué necesita y ella les dice (afírmense): "me puedes traer un chicle de menta???". En cinco minutos una mina estupeda se tranformaba en una potencial asesina múltiple.

Tratando de mantener la calma invento conversación de la nada, pero no llevaba ni cinco palabras cuando ella se levanta súbitamente y se va. En este momento mi nivel de desconcierto era máximo. Treinta segundos después vuelve nuevamente y me dice que tenía que ir al baño porque "tenía un bicho en el calcetín". Ahí yo pensé que podía estar tomando algún medicamento o algo... no sé, no tenía explicación... pero le pregunto si se sentía bien, si le pasaba algo. Ella me respondé que estaba increíble. En el resto de los 40 minutos que duró el encuentro Daniela se puso a llorar dos veces, grito tres veces al mozo, me obligó a cambiarme de mesa porque aquella tenía "mala vibra", le habló 1 vez a las personas que estaban sentadas al lado mío y se tomó dos piscolas y un té verde. Después de 40 minutos inventé que me sentía mal y me tenía que ir. Ella ofreció llevarme y "cuidarme", pero respondí que no era necesario. Se despidió con un abrazo apretado que duró mucho tiempo y me dijo que me llamaría. Gracias a Dios todavía no suena el teléfono. Apenas llegué a mi casa ese día le envié un mail a mi amiga agradeciéndole por la excelente velada que su amiga Daniela me había hecho pasar.

4 comentarios:

Princesa dijo...

Hola Samuel!!!
Siento mucho que te haya pasado todo esto, pero lo cierto es que me he reído un rato imaginando a esa loca por ahí.
Siempre he pensado que las citas a ciegas y las citas por internet Nunca pueden acabar bien. Y para muestra un botón.
Espero que te hayas curado de espanto y que la próxima vez la conozcas con un grupo de gente para poder diluirte entre ellos si la cosa va mal.
Un besazo!

Right as Rain dijo...

hey there, i dont know spanish! but thank you so much for your insight and for visiting my blog! Take care :)

La ArDiLLa MaYoR dijo...

Jejejeje, me rei muchisimo... quien imaginaria que te saldria una loca de tal proporcion, supongo que las hay en cualquier lado de todos sabores y colores.

Seguiré investigando a ver que mas tienes en tu blog...

hasta ahora vamos bien

saludos peludos

Milay dijo...

jajajajaja Una experiencia aterradoramente divertida