domingo, 30 de diciembre de 2007

Fin de Año

Estuve de cumpleaños hace un par de días. Y no me puedo quejar. Acercándome peligrosamente a las tres decenas creo que me arrepiento de poquísimas cosas, asunto del todo milagroso tomando en cuenta el pesimismo reinante de los tiempos presentes. Obviamente hay un millón de cuestiones que podría haber hecho mejor viéndolo en retrospectiva; pero como esa frasecita que dice "todo lo que pasa, pasa por algo" me cae como patada en la guata, ya que siempre la relaciono con personas que viven lamentándose acerca de lo que pasó y pensando en el pasado más que en el futuro, prefiero caer nuevamente en el pragmatismo que me caracteriza y decir que las cosas son así y punto.

Como que todo el mundo habla acerca del año que se va. Noticieros y personajes ad hoc comentan por doquier los rankings del año, "noticias que causaron impacto" y cosas por el estilo. Prefiero ir contra la corriente y olvidar rapidito este año y que el próximo llegue luego. No porque haya sido un mal año (aunque si hubiese que ponerle nota tendría un cinquito, así, mediocre nomás) pero porque se empieza más o menos desde cero. Se pueden volver a reiterar esas metas mentales que nadie termina cumpliendo y abrigar esperanzas en aquellas materias de necesidad (amor, trabajo, salud... usted decida). Por mi parte las metas no son muchas y prefiero que se mantegan genéricas, como para abarcar la mayor cantidad de asuntos posibles: que el próximo año sea mejor que este y que traiga felicidad. Lo que sí creo es que este es el último post del año. Y trataré de actualizar este espacio de manera más seguida aunque - debo reconocerlo - no pensé que iba a durar lo que ha durado. Hay un par de mails de personas de nombre sin apellido que recibí con alegría, y que, aún cuando los respondí de manera personal hago publico mis agradecimientos no sólo por leer todas mis estupideces y ser parte del minúsculo grupo de personas que me visita, sino por darse el tiempo de escribirme a mi casilla electrónica (gringuita incluida). Es de esperar que las ganas de seguir por estos lados no se extingan con la llegada del nuevo año. Nos vemos luego.

Samuel

jueves, 20 de diciembre de 2007

Hormigas

Hoy me detuve a pensar en la vida en sociedad. En realidad divagué sobre cosas obvias, pero cuando nos tomamos el tiempo suficiente para apreciar lo que está ahí mismo, transparentemente frente a nuestros ojos, termina habiendo (para mí al menos) una sensación de pequeñez e infinitud al mismo tiempo. Pensar que todas las personas, absolutamente todas, tienen miles de historias, ideas, pensamientos, secretos. No sé, suena ridículo ahora que lo escribo. Es evidente. Pero pensar en eso me hace tener un sentido de humildad y de ansiedad. Lo primero porque nos procupamos con exceso de nosotros mismos, cuestión natural por lo demás, pero que a veces nos encierra en un individualismo chanta; y lo segundo porque dan ganas de conocer esas historias e ideas. Conocer gente, desde cero y sin ningún tipo de compromiso. A veces me pregunto qué pasaría si forzara algo así... mandar un mail a alguien que no conozco, llamar a un teléfono desconocido. Probablemente sería, ipso facto, catalogado como un loco de patio, de esos que usan camisas de fuerza. En fin, tonteras nomás.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Defensa Corporativa al Género Masculino

Tal vez sea por interacciones recientes que han salido catastróficamente mal, o por sutiles influencias de múltiples opiniones sobre el tema, pero la verdad es que hay que aclarar (y desmitificar dicho sea de paso) una serie de afirmaciones que, con mayor o menor énfasis, se dan ocasionalmente sobre nosotros. Hablo en plural porque este es un asunto comentado, explorado, tangencialmente analizado por grupos compactos de hombres de todas las edades, y que siempre concluyen en esa distancia sideral que nos separa con ellas en casi todo tipo de cosas. En general, debido a estas evoluciones cósmicas de la humano y lo divino, está de moda la protección intelectual - por así decir - de la femeneidad. Todo esto está muy bien, pero se siguen transmitiendo, de generación en generación y por los siglos de los siglos amén, una percepción unidireccional que nos deja muy mal parados. Esto, evidentemente, se basa en concepciones antagónicas entre lo que se espera y lo que se obtiene. Pero, al final del día, cuando la papa está cocida, las mujeres enjuician, comentan, critican, "pelan", descuartizan y trapean el piso con un estereotipo ideal conocido como "hombre". Este universal se come todos y cada uno de los dardos dirigidos individualmente, con nombre y apellido. Es hora, por lo tanto, que con hidalguía, mente fría, y una cuota no menor de valentía se defienda a este género tan maltratado en el último tiempo. Primero, se desmitificaran alguno de los errores de percepción más comunes en torno a nosotros, y después (en un post futuro) daré algunos consejos prácticos. Sugiero que - si usted es mujer y padece de hipersensibilidad o exceso de feminismo - deje de leer de inmediato, ya que saldrán a la luz verdades que pueden molestarla.

Desmitificando Mitos:

1. "El (inserte nombre masculino) no me escucha". Si hubiera que dar un premio a la mentira deliberada esta frase se los llevaría todos. Hordas completas de mujeres han usado hasta el cansancio este práctico comodín. La razón es obvia: se desligan de cualquier responsabilidad y multiplican la nuestra de forma exponencial. La verdad de las cosas es completamente distinta. No sólo las escuchamos sino que prestamos atención real a lo que ella está diciendo. Lo que sucede es que hay afirmaciones o preguntas que no merecen comentario ni respuesta. El hombre SIMPLIFICA. ¿Para qué contestar a una provocación si se puede salir del embrollo con una mueca, o una pequeña sonrisa? ¿Usted le haría una pregunta de física cuántica a Claudio Borghi? Bueno, nosotros NO somos competentes en esteticismo sui generis, combinaciones de vestimenta, colores de zapato, o tipos de maquillaje. La palabra escuchar es bien sencilla, significa oír, punto. No significa reaccionar frente a lo que se escucha, ese es un invento femenino. La crítica, por tanto, tendría algo más de sentido se fuese el hombre no responde de la manera que YO QUIERO una vez que le he dicho algo.

2. El (inserte nombre masculino) no me entiende: A ver, los hombres buscan soluciones. Si hay algo que que no funciona no nos quedamos de brazos cruzados: lo ARREGLAMOS. Si nos cuentan un problema vamos a buscar una SOLUCION, eso es lo que hacemos. La solución puede no gustarle, el método tampoco, pero buscaremos algo que la saque del problema. Abrazar cuando usted está llorando no es una solución. Decirle que todo está bien tampoco es una solución. ¿Usted cree que somos tan jetones para reiterar y repetir hasta el cansancio el "qué te pasa"? No pues, tiene un razón práctica. Necesitamos informarnos sobre el problema y analizarlo. El abrazo y las palabras de aliento vendrán cuando concluyamos que el problema no tiene solución alguna, es decir, cuando se encuentre hasta el horto.

Más adelante, siguiendo la lógica de la Guía Comprensiva para Conquistar una Mina, post publicado en Octubre y que no tuvo ningún tipo de éxito, elaboraré una guía de consejos para ellas, como forma de hacer de las interacciones intra género un fenómeno más fluido. Mientras tanto lo dejo hasta acá.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Sobre la pérdida de la Amistad

Este post no pretende caer en los sentimentalismos púberes de épocas pasadas, cuando las relaciones quinceañeras se nutrían bajo fenómenos del tipo "ley del hielo", "marcas del indio" y cosas por el estilo, es más bien una pregunta abierta. Porque resulta sorprendente la dinámica humana de relacionarse con el otro hasta formar una de esas entelequias gaseosas denominada "amistad". Prácticamente todo el mundo tiene amigos, y ciertamente todos, por las más diversas razones ha perdido uno. Y cuando la tristeza se reemplaza por la melancolía, y cuándo ésta se reinventa en recuerdos difuminados que nos sacan una sonrisa, uno puede tener la calma y la madurez de preguntarse por qué las cosas son como son y fueron como fueron. Y para ser más específico aún, no me refiero a esas amistades rotas porque al jetón se le ocurrió meterse con la polola del amigo, o porque la amiga, en una de esas ocasiones donde la razón se ve reemplazada por el enojo (copete incluido), habla mal de su otrora amiga, ni menos cuando una de las partes recibe una puñalada por la espalda - en sentido figurado - de cualquier tipo. Me refiero más bien a esas amistades cuyo término no se ubica en un evento puntual, sino que se debe a la suma de factores, muchos de los cuales son intrascendentes, pero que por razones desconocidas generan de manera espontánea una verdadera espada de Demócles que cuelga sobre el hilo que sujeta la amistad. Tarde o temprano la espada cae y el hilo se corta. Raro. Por decir lo menos.

Lo que sucede es que nunca me han gustado las razones que le hechan la culpa al tiempo, como si el paso del tiempo fuese causa de un deterioro que nació unido inherentemente a una relación, y que si hubiésemos de detener la temporalidad, nada de eso ocurriría. Al revés diría yo: el tiempo creo que actúa más a favor, por cuanto la amistad se afianza y fortalece con su paso. Y, sin embargo, ahí nos encontramos todos, perdiendo y ganando amigos todo el tiempo. Muchas veces preguntándonos razones y buscando eventos puntuales que expliquen la pérdida. La verdad no tengo muchas explicaciones de orden trascendental o filosófico, pero creo que encontré un argumento más ligado al pragmatismo de la vida diaria. Éste dice que las personas se reúnen y elaboran una relación a partir de cuestiones que pueden o no ser definibles, pero que para las partes queda relativamente claro. No creo que las relaciones surjan de la nada, es decir, incluso estas palabras que aluden a la intangibilidad y a una imposibilidad de dar explicación, como "química" u "onda" o alguna de esas, implican una relación entre las partes. Se relacionan por eso, pero otra veces porque comparten gustos, personas, sentiemientos, y un largo etcétera. Y cuando ese compartir se ha estrujado hasta el cansancio y ya no da más jugo; cuando tampoco se han encontrado maneras de compartir nuevas, bueno, la relación se deteriora y Demócles guiña el ojo.

Porque - en esto no hay que caer en la candidez - hay cierta intencionalidad a la hora de relacionarse con los demás. Esa palabra, tan masacrada el último tiempo, no significa que estemos realizando cálculos siniestros cuando nos encontramos con el otro. Pero sí de intentar e intencionar una situación fructífera para ambos, y muchas veces más para el otro que para uno. El problema es que la intención muchas veces puede ser semejante, pero no idéntica, o parecida pero esencialmente contradictoria. Se confunde carretear o pasarlo bien con amistad, y se confunde la amistad con la cama. Y cuando no hay carrete ni cama, se deshace el sustento mismo de la relación. Las personas tienen finalidades distintas a la hora de establecer cualquier tipo de relación, y la amistad me imagino que nace, se nutre y permanece cuando esa finalidad es la de compartir parte de la vida con el otro, por trivial e insignificante que sea, y que el otro concuerde en dicho fin. Al final por eso creo que se cuentan con los dedos de la mano. Y por eso es tan frecuente alejarse y acercarse de un sinfín de personas en un período no muy largo de tiempo. Ojo que la espada está mirando.

jueves, 6 de diciembre de 2007

El Consejero

Miren. ¿Se han dado cuenta de esos rasgos de personalidad que pueden ser virtudes o defectos dependiendo de cómo se mire? Bueno, en esas autoevaluaciones mentales que con mayor o menor frecuencia se hacen una vez que ponemos la testa en la almohada, cuando la ciudad está durmiendo hace rato, y cuando las alternativas sólo se reducen a contar ovejas o a divagar entre preocupaciones o reflexiones (da lo mismo a estas alturas), caí en cuenta que hay un defecto o virtud, dependiendo de cómo se mire, que me cae como anillo al dedo: Digo las cosas tal cual son. Sin anestesia, como dicen los periodistas deportivos. Porque, al final, si falta claridad lo único que existe es confusión; y entre darme vueltas retóricas para decir de forma lacónica más o menos lo mismo, aunque sin tanta elegancia habría que añadir, prefiero inclinarme por el método "rápido y doloroso" más que por el "lento y agradable por un rato, pero doloroso igual, al fin y al cabo". El problema es que, al tratarse de la interacción entre personas, hay algunas que dado el caso y según las circunstancias, preferirían lo segundo a lo primero y consideran defecto éste a aquel. No obstante, las ecuaciones cósmicas están diciendo otra cosa porque, últimamente, el alineamiento planetario de personas buscando consejos de este tipo por parte de mí persona se ha multiplicado, lo que me hace pensar que transparentar la realidad de forma un tanto brusca y tosca no deja de ser virtud también.

Debo reconocer, en todo caso, que estoy exagerando. Cualquiera pensaría que ando con una pipa en mano comparando el precio de esos cómodos sillones para terapias psicoanalíticas (divanes creo que se llaman), pero no es tan así. Lo que sucede es que, de manera insólitamente coincidente, y con una diferencia de apenas un par de días, dos muy queridas amigas (siempre son mujeres la de los problemas) me han contactado para conversar, tomarse un copete y alejarse del mundillo problemático del vivir diario. Evidentemente que por respeto al anonimato de ellas no entraré en detalles, pero en términos generales lo que ellas veían como confuso, retorcido y atingente a más de una explicación, yo lo veía perfectamente claro y prístino.

De partida, y con todo el respeto que se pueda, las mujeres son hueonas. Así, tal cual. O sea, no es que sean esencialmente hueonas, pero tienen la tendencia a tropezar con la misma piedra con mayor probabilidad que su contraparte (nosotros). Y no hay mejor palabra de nuestro lenguaje coloquial para expresar esa situación. Lo lamento pero es verdad. Por tanto, y para poner un ejemplo analógico que no trasunte el problema real, si yo quiero comer, no sé, mariscos, y me dan alergia, y tengo que tomar antialérgicos, y paso la noche como las pelotas... ¿qué hago la próxima vez que me ponen un plato de mariscos? ¿No los como, cierto? Fácil, sencillo, nada que explicar aquí. El problema es que mis queridas amigas les da por seguir comiendo mariscos e intoxicándose con ellos. No una, ni dos, ni tres veces. Pareciera que piensan que si siguen comiendo mariscos generaran de manera espontánea una especie de mágicos anticuerpos que la protegerán la próxima vez que los coman. ¿Vieron que son hueonas? Métale comiendo mariscos, y sigamos sintiéndonos mal.

El consejo es, obviamente, clarísimo. Deja de comer los putos mariscos! Y es aquí cuando la virtud se transforma en defecto. Porque lo que para mí es claro como el agua, para ella, por esas razones que nadie va a entender jamás, no lo es tanto y me dice que los probará una última vez. Y cuando termina de pronunciar la "z" de la palabra "vez", me mira, como buscando apoyo, como queriendo palabras de aliento, que todo va a estar bien, que esta vez sí, que ahora los mariscos no le harán mal y que podrá comerlos felizmente por el resto de su vida. Pero no. Decir las cosas tal cual son dejan ese sabor amargo ya que no fomentan ese sentimieno tan humano llamado esperanza. Me encantaría llenarla de ilusión, pero el consejo es otro. Y las lágrimas van y vienen, y el consejo parece desnudar la pura y santa realidad. Basta de intoxicarse... cambia de plato o deja de comer del todo hasta nuevo aviso. Al final no sé qué sea mejor. Supongo que depende de lo que queramos escuchar. Porque - no hay que sacarse la suerte entre gitanos - en situaciones donde lo único que buscamos es aferrarnos con uñas y sangre a la esperanza, queremos un compañero que nos mantenga viva la ilusión. Sin embargo, cuando la tormenta ya pasó, probablemente se valorará mucho más el que exista alguien que nos haya dicho las cosas tal cual son. Todo, claro está, dependiendo de cómo se le mire.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Las Intermitencias de la Muerte

Comencé a leer este libro anteayer. Lo había recibido de regalo hace algún tiempo, pero ya tenía alguna literatura en lista de espera por lo que no tuve más opción que dejarlo momentáneamente de lado. En fin, más temprano que tarde le llegó su turno y ha sido una experiencia sumamente interesante. La forma en como Saramago describe las cosas, o como desarrolla los diálogos de los personajes me divierte, no en el sentido que me cause risa, pero sí en un sentido de agradable admiración.

El libro comienza con la siguiente frase: "Al día siguiente no murió nadie". Y bueno, de eso se trata precisamente. En un país ficticio, que bien podría ser cualquier país europeo de régimen parlamentario, con monarquía vigente, con triple frontera y sin salida al mar (todavía no pienso en aquellos países que cumplen con ese requisito), en ese país, digo, las personas, de un día para otro, dejaron de morir. La novedosa temática es desarrollada inteligentemente por el Premio Nobel, y lo que subyace a las historias de determinadospersonajes anónimos frente a la ausencia de la muerte (primeros ministros, directores de canales de televisión, agricultores y campesinos, cardenales, etc), es la reflexión imaginaria de un mundo que efectivamente no presenciara nunca a la muerte, con todos los efectos sociales, religiosos, filosóficos y prácticos que eso conllevaría. Ciertamente - y acá está la dualidad que observo en el relato - es que lo que podría tomarse como un milagro positivo, enriquecedor y provechoso para la humanidad, termina siendo un lastre, un problema y una situación que evidencia la "necesidad" de la muerte. Y en algún sentido, eso va justamente en contra de la sensación general del mundo moderno, cual es, la de alejar lo más posible al fenómeno de la muerte y a la muerte misma de todos. Al final, su ausencia permite demostrar justamente su categoría: no es un mal, ni una entidad extraña que hay que tratar con indiferencia. Es más bien una especie de requerimiento que sustenta, incluso, nuestros propios principios sobre la vida. En fin. Quizás hubiese sido mejor hacer un comentario cuando haya terminado de leerlo (voy más o menos en la mitad), pero qué diablos... Los dejo con las primeras palabras del libro

"Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada. ni siquiera uno de esos accidentes de automóvil tan frecuentes en ocasiones festivas, cuando la alegre irresponsabilidad o el exceso de alcohol se desafían mutuamente en las carreteras para decidir quién va a llegar a la muerte en primer lugar. El fin de año no había dejado tras de sí el habitual y calamitoso reguero de óbitos, como si la vieja átropos de regaño amenazador hubiese decidido envainar la tijera durante un día..."

lunes, 3 de diciembre de 2007

Las Apariencias... así y todo me gustaron los Transfomers!

Les voy a hablar con sinceridad: tengo un olfato canino para desenmascarar la apariencia. Y cuando lo hago, me quedo en completo silencio. ¿Por qué? Porque al final uno aprende mediante la observación y - con frecuencia - se divierte mediante los esfuerzos herculianos de quienes buscan ser algo que realmente no son y que siempre va en dirección positiva. Siempre buscan ser "más", independiente de lo que eso signifique individualmente.

No es algo que deba sorprender. Al menos no necesariamente. Parte de nuestra naturaleza es tratar de resolver de manera pacífica la ecuación hobbesiana de conflicto inherente. Y eso se hace agregando características que no tenemos, aumentando cualidades pigmeas de nuestra personalidad o, sencillamente, asintiendo frente a asuntos que no son de nuestra competencia. Y resulta curioso pensar seriamente en algo así. Recuerdo, por ejemplo, uno de esos cursos humanistas en mis primeros años de Universidad. Leímos a Fukuyama... autor conocido por eso del fin de la historia y otras chauchas. Pero lo más interesante (a mi juicio como siempre) no era tanto ese asunto, sino la reflexión sobre el "deseo de reconocimiento", idea hegeliana que Fukuyama recoge y que, en las palabras más sencillas que se me puedan ocurrir, se refiere a un deseo profundo de toda persona en que otros individuos reconozcan en él a alguien valioso. Y como no siempre se puede reconocer el valor de una persona así sin más, se explotan todo tipo de recursos para lograr ese objetivo: que los demás vean en nosotros el valor real o imaginario que proyectamos.

Por esa razón hay que parecer intelectual, culto, locuaz, simpático, amable, sociable, cariñoso, sincero, etc, etc, etc. Y por eso razón causa tanta sorpresa encontrarse con individuos que se toman la vida de manera transparente, sin tratar de aparentar nada y mostrándonse simplemente como son. Personas así, aunque suene cliché, realmente tienen un "ángel" especial, que muchas veces no es valorado, pero que otorga un anclaje realista frente a tanta fantasmagoría. Afortunadamente, el tiempo juega a favor de todos, ya que siento que con su paso aquellas apariencias que antaño se valoraban, no pasan a ser más que señales de inseguridad o de inmadurez. Siento que he avanzado en esa dirección y que, hoy en día, realmente me importa muy poco aparecer como inculto, idiota o antipático.

Días atrás, como para poner un ingrediente anecdótico a este aburrimiento, me encontraba en la casa de una amiga, con personas a las que no conocía muy bien. La conversación giraba en torno a grandes películas que se hayan visto por los presentes durante este año. Obviamente no faltaron aquellos que tomaron el estrado que Pericles había dejado vacante y comenzaron a recitar odas a las obras cinematográficas de Ingmar Bergman, Tarkovsky, Fellini y Cía. Cuando llegó mi turno no tuve más remedio que decir que la mejor película que había visto en el año eran los "Transfomers", momento en el cual los entendedores de cine giraron sus ojos en una vuelta de reloj completa y esbozaron una mueca ridícula que sólo podía significar "pobrecito". En mi mente todo era un carnaval de risas, las cuáles fueron acompañadas en silencio y de manera cómplice por otros integrantes de la conversación, ya que entendieron, sagazmente, que aparentar era un juego que para mí se había acabado hace rato.

martes, 27 de noviembre de 2007

Hollywood Chilensis

Tengo varios amigos y amigas que la política les interesa un comino... si es que eso. Y está bien. Nadie puede obligar a nadie y a veces el tiempo que se le destina a conversar, leer o informarse de política lo podríamos destinar para ir al cine, tomarse una piscola, bailar el koala, hablar por teléfono o tirárselas. No sé, puede ser. Pero la obstinación personal me hacen pensar en una buena forma de generar interés cívico. Latero? En parte... pero a veces Martin Luther y cia. se reencarnan disimuladamente en este cuerpo decrépito (como decía Munra el inmortal) y no tengo otra que convencer. No por un tema de beneficio personal sino porque esta maldita formación de deber republicano así me lo indica, aunque a algunos no le guste.

Y observando los recientes acontecimientos de la jungla política chilena no me queda más que concluir- redoble de tambores - que estamos frente a una producción de Spielberg, u otro director de esos bien taquilleros, que ganan millones y millones de dólares haciendo explotar cuanta cosa no se le cruce por delante. Porque, si se piensa bien, lo que tenemos (y siempre hemos tenido por lo demás) es la historia simplificada de buenos contra malos, de traiciones y puñaladas por la espalda, de ridiculeces, dramas, confabulaciones y humor negro. Es insólitamente coincidente que los guiones hollywoodenses tengan tanto de la política chilensis... por eso creo que más que coincidencia es fuente de inspiración. La Chol contra Zaldivar... el tribunal que tendrá que tomar una decisión... todo el mundo expectante... los del otro lado tratando de obtener algunas ganancias... los que dejaron la zorra con el Transantiago escondiéndose en cualquier lejano cadalso. Insultos que van y vienen, amenazas y promesas incumplidas. O sea, si esto no se parece a teleserie mexicana la verdad no sé qué.

No es necesario prender la televisión o leer a Edgar Allan Poe... lo siniestro está a la vuelta de la esquina... y lo turbio también. Y - para qué estamos con cuentos - a las personas les gusta esa suerte de morbosidad difusa, que bien podría convertirse en espectáculo gore. Al final, la política también contiene todos los clichés de un best seller. Y por eso que es entretenida (hasta cierto punto). Lo que sí, no quiero que se tome todo esto como si fuese un juego. Obviamente hay asuntos sumamente serios en discusión, pero, afortunadamente, yo no soy ni Brad Pitt ni Steven Spielberg... soy un simple espectador que pago la entrada para ver el show.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Los Mamones y la Crisis Existencial

Ahí arriba... sí, arriba a la izquierda... tenemos una opción que dice "Siguiente Blog". Cuando me aburro (es decir, cuando no puedo dormir), me entretengo paseándome por la comunidad bloggera y - ocasionalmente - me topo con cuestiones re interesantes, divertidas y aportativas. Obviamente, no falta el blog con minas en pelota, y aquel que ofrece servicios de todo tipo. Al final, viva la libertad, pero termina aburriendo tanta teta y poto... además que por alguna razón cada vez que caigo en esas páginas este computador me trata de instalar un códec o algo así, y me saltan avisos de error, advertencia, spam y cuanto aviso no hay, todo gracias a las bondades del señor Gates.

Hay blogs, no obstante, que leyendo el sólo título, o un par de palabras de la entrada más reciente, me provocan ganas de vomitar... literalmente. Y no es que sea insensible... para nada, pero el tono tipín "Corín Tellado" o esas verdaderas odas a la soledad, la depresión y la crisis existencial son casi de mal gusto. Está bien, está bien... entiendo que muchas veces las personas necesitan desahogarse y nada mejor que escribir las penas y las malas vibras en un blog anónimo. Pero de repente hay que decir basta. No voy a poner ejemplos, pero la multiplicación exponencial de reparos y publicaciones en torno a los gorreos, el desamor, lo terrible que es la vida, lo negro que se ve el futuro y cuestiones similares me ponen de mal humor... y me hacen representarme a esos góticos que ven la depresión como un estilo de vida. Quizás tiene que ver porque soy un optimista por naturaleza, y porque la vida - créanlo o no - me gusta y la disfruto. Pero realmente tengo que aguantarme la tentación de dejar un comentario un poquito ácido. Al final no lo hago... y me voy arriba a la izquierda a apretar la opción "siguiente blog".

Como en este tipo de cuestiones soy mal pensado, siempre considero que escribir sobre los temas recién mencionados tiene algo de exhibicionismo rasca. O al menos una especie de necesidad imperiosa de ser leídos, aconsejados, de decir "miren lo mal que estoy, puedes dejar tu comentario de aliento". Y capaz que lo empiece a hacer... como un experimento para observar la reacción posterior. Como dice la canción... quizás, quizás, quizás.

lunes, 12 de noviembre de 2007

MSN: ir contra la corriente y perder.

Hace siglos que tengo una cuenta de hotmail. Mucho antes de que empezara la moda de Messenger 7. no sé cuánto. Y si bien fue interesante por un momento, ahora simplemente no le encuentro la gracia. Es decir, sigo entrando ocasionalmente, pero en ningún caso caigo el trastorno obsesivo-compulsivo de algunos. Hay personas que desde que encienden su computador en la mañana, hasta que se acuestan en la noche están "conectados". Lo divertido es que muchas veces ni siquiera están frente al computador. O sea, están "conectados" pero no están. Para mi pobre mente cansada es imposible entender algo así. Otro ejemplo. Me encontré con una amiga que no veía hace tiempo. Al despedirnos me dice: "bueno, dame tu MSN para chatear por ahí"; a lo que le respondo: "mejor dame tu teléfono y hablamos por allá". Claramente no obtuve ni lo uno ni lo otro. Y parece que no es lo único de lo que me estoy perdiendo. Aparentemente todo pasa por ahí, todo se conversa por ahí y todo se organiza por ahí. Si no estás conectado... aviso: jódete. Y no es que no haya tratado, pero meterse a messenger hoy en día significa recibir de entradita 5 o más mensajes, a los cuales uno contesta emocionado, pero de los cuales no vuelve a saber más. Es "hola, como tay" y eso sería... como para no faltar el respeto nomás, pero no para iniciar una conversación.

¿La solución? Huelga, huelga total y absoluta contra este dispositivo que impersonaliza lo personal. ¿Resultado? Perdí nuevamente. Obvio. Fueron algunas semanas de incomunicación absoluta, por lo que es un verdadera amenaza al grupo social que uno se ha ganado con sangre, sudor y lágrimas quedar fuera de lo que dicen las masas. Sigo prefiriendo hablar por teléfono, o juntarse. Pero al parecer no me queda otra que observar malditas caritas guiñando el ojo, llorando o con gafas oscuras en posición cool. Al final, no me queda otra que "iniciar sesión" bajo el disfraz de "no conectado", solo para ver si hay alguien con el que deseo conversar. La mayoría de las veces no coincido, así que sigo en la sombría lejanía llamada realidad. Mientras tanto, amigos más cómodos con el cambio social ya tienen algo así como 132 contactos y contando. Yo me estanqué en los cuarenta y tantos, y eso ya lo encuentro excesivo porque, a decir verdad, no tengo tantos amigos. Y los que aún tienen la bondad de llamarme por teléfono me llenan a puteadas por no meterme al famoso MSN!

martes, 6 de noviembre de 2007

Chile y el Atraso Cultural

Siempre me ha dado risa los comentarios relativos a los avances que está haciendo este país con relación a su pronta asunción al club de los "países desarrollados". Ese argumento es tan simple y reduccionista que me hace pensar que las personas que lo escuchan son esos niños que se tragan lo del ratón de los dientes, el conejo de pascua, o el viejito pascuero. El desarrollo, a mi entender, no pasa exclusivamente por las cifras concernientes al PIB per cápita o cosas por el estilo. Tiene que ver, casi con exclusividad diría yo, con una especie de barómetro cultural de respeto básico hacia los demás (esto es, un verdadero conocimiento cívico); y una forma de comportamiento acorde a las normas universales de convivencia. Todo esto, que puede sonar tan sólo a retórica bien intencionada, tiene ejemplos prácticos que demuelen cualquier intención de situar a chilito lindo como "país desarrollado". Al mismo tiempo, son fenómeno aparentemente sin importancia, lo que demuestra una cierta naturalidad en su práctica y la total ausencia de autocrítica. Daré tres ejemplos.

Primero: escupir en la vía pública. ¿Qué es eso? ¿Puede existir algo más desagradable y a la vez más chanta, irrespetuoso y falto de cultura cívica como un acto así? ¿Cuál es la idea? ¿Qué se saca? En millones de ocasiones he tenido la tragedia de observar como individuos, aparentemente inconscientes de sus propios actos, escupen a diestra y siniestra la saliva acumulada por minutos, como si fuera un acto de redención, o de exorcismo. De forma natural se liberan de esa masa vizcosa hacia un lugar que TODOS comparten, sin el menor sentido del arrepentimiento, ni menos de una evalución normativa sobre dicho acto. Es un acto neutro. Ni bueno ni malo, y por lo tanto se puede realizar. ¡Qué desarrollados!

Segundo: votar basura en la vía pública. No hay ningún tipo de conciencia en hacer el mínimo esfuerzo para encontrar un basurero. Es más fácil tirarla a la calle... total, alguien la recojerá. ¡Qué desarrollados! O sea, ni siquiera se ponen en el lugar de quien recoge la basura. No. Para qué. Es más cómodo contribuir a la inmundicia y a la contaminación botando papeles de helado, sobras de dulces, bolsas, etc., a vista y paciencia de todo el mundo. Actuando como cerdos seguiremos viviendo como tales.

Tercero: Respeto, respeto, caballerosidad, caballerosidad. Había una canción que me ponían cuando chico, del grupo Mazapán, que decía "con por favor y gracias todo resulta mejor". Actualmente debiera ser política oficial, dentro de los programas de música en el colegio, escuchar al menos una vez al día esta pequeña estrofa de sabiduría. Parece que en este país primero se piensa en los derechos y después en los deberes. El otro día, comprando las provisiones para el carrete de fin de semana, un par de pendejos (porque eso es lo que eran), le dice al encargado de la tienda: "páhame una promo con coca y date' uno cigarro". ¿Qué tan difícil es decir "me puede pasar una promo con coca y una cajetilla de cigarros por favor"? De las gracias ni hablar. Ejemplos hay miles, como lo de los escolares que no son capaces de levantarse de su asiento en Transantiago (otro tema aparte) para dárselo a la abuela octogenaria que se acaba de subir, y un largo etcétera. ¡Qué desarrollados!

Bonus Track: Los cientos de miles de rayados y graffitti en propiedad privada y sin el consentimiento de nadie. Lo encontramos en muros, buses y puertas. Parece que hay una suerte de deseo primitivo de dejar marca, casi como los perros cuando orinan para marcar territorio. Señal de animalidad... qué se puede concluir: ¡Estamos en los albores del desarrollo! Mi solución es pescar a uno de estos "artistas" y rayarlo entero, de pies a cabeza. Jamás entenderé la satisfacción que puede producir para estos ácaros una situación así.

La lejanía del desarrollo es un hecho. Independiente que las cifras puedan decir otra cosa.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La Famosa Píldora

He estado pensando en escribir algo sobre la píldora (del día después... como folklóricamente se le llama). Es un tema que ha muchos les puede parecer latero, pero no deja de ser importante. Y como tengo ciertos intereses en la política, creo que me voy a tirar por ese lado.

De partida el escenario: el gobierno obliga por decreto a las farmacias a tener stock de la píldora. Tanto la oposición, como la Iglesia y las propias farmacias dicen que la píldora es abortiva y que, por lo tanto, no sólo no debe venderse sino que tampoco publicitarse como un campaña de sanidad pública, porque - supuestamente dicen ellos - el embarazo no es una enfermedad y no se le puede definir como tal por decreto.

El asunto de la libertad de conciencia no me interesa mucho. En parte porque es de alta complejidad y a estas horas de la noche no pretendo indagar en mi disco duro para presentar argumentos ontológicos que no sólo aburren, sino que literalmente funden a las pocas neuronas que me van quedando. Lo que sí quiero intentar hacer es explicar las motivaciones esenciales que se observan a ambos lados del espectro político.

Desde el lado del gobierno el tema es, más bien, sencillo. Discutir acerca de la plausibilidad del efecto abortivo de la píldora simplemente no es tema. No se discute y, quizás, tampoco interesa. Lo que constatan es que hay muchas mujeres que, dada su condición socioeconómica, pueden y acceden de hecho a la compra de la píldora. Hay, en este sentido, un dato: el sistema y la inadecuada distribución de los ingresos hace que las personas se hagan de la píldora por factores "superestructurales" (pa ponerme marxista). Ese acceso trasciende cualquier análisis valórico o de conciencia simplemente porque es imposible conocer la interioridad valórica de quién compra la píldora. Especulativamente podría decirse que el perfil del "comprador de píldora" se acerca más a esas caricaturas que asocian altos ingresos con conservadurismo moral. Puede que esto sea cierto pero la verdad es que no podemos saberlo a ciencia cierta. El análisis político entonces, por el lado del gobierno, radica fundamentalmente en dos principios: la justicia y la igualdad. Justicia porque lo que busca"solucionar" la píldora no discrimina en torno a niveles socioeconómicos. Cualquier mujer, independiente de su posición, puede quedar embarazada o puede pensar que está embarazada. Frente a una postura negativa de dicha situación, la píldora aparece como servicio ad-hoc a lo que se intenta combatir. Es, por tanto, injusto que el nivel socioeconómico determine la distribución de dicho servicio y es, consecuentemente, necesario que el Estado se encargue de resolver dicha relación injusta. Ya que: tanto A como B quieren la pildora, A quiere comprarla y lo hace; B quiere comprarla y no puede. Esto transparenta el otro principio, el acceso debe ser igualitario. La igualdad se manifesta acá en forma de accesibilidad: el Estado debe, en la medida de lo posible, permitir que el servicio que se busca sea obtenido de manera más o menos idéntica, independiente del lugar de la pirámide que nos toca ocupar.

Por el lado de la Oposición y de algunos sectores DC (demás está decirlo) el asunto es un poco más complejo. Para ellos, el tema de la injusticia y desigualdad recién descrita no es tema. Lo que sí es tema es el efecto de la famosa píldora. Quedan de lado los análisis respecto a la situación presente del fármaco y su consumo. Lo que interesa es resolver el asunto potencialmente abortivo que la píldora podría ocasionar. Antes, eso sí, una aclaración: La oposición comparte en este sentido varios de los argumentos de ética filosófica cristiana, en el sentido que creen en una "ley natural", que el individuo tiene una suerte de "dignidad inviolable" y que atentar contra la vida es violar tanto el primero como el segundo de los principios. Además, como consideran que estas normas morales se encuentran respaldadas por la autoridad religiosa y, en último término por el propio Dios, no resulta raro que consideren dichos principios como verdad absoluta e inalienable. El aborto, ciertamente para ellos, constituye una de esas violaciones y, por lo mismo, cualquier fármaco que represente la posibilidad de constituir un hecho de esa naturaleza, debiera prohibirse de forma inherente. En este sentido, el actuar moral que buscan diseminar contradice en los hechos otro principio fundamental: la libertad. Si uno presta atención, perfectamente podría decirse que debe quedar a la conciencia de cada quién el consumo de la píldora. Si algunos sectores piensan que es abortiva, entonces simplemente no la consuman.

Hay un problema en esta forma de considerar la cosas. Por el lado de la oposición hay al menos dos: el primero es que dejan de lado el análisis político real de lo que sucede con la píldora. No hay cuestionamientos respecto al consumo, el perfil de quienes lo hacen, ni de los casos específicos de quienes la solicitan. Hay, así, una distancia entre la teoría política (fundamentada en los principios antes descritos) y la praxis política, donde el tema de los embarazos no deseados es, quiérase o no, un verdadero problema. Pero, por otro lado, hay una suerte de monismo filosófico, al reducir la realidad social a ciertos principios de la moralidad individual que incluso pueden contradecir la libertad en todos sus ámbitos. Frente a esto se suele responder que el Estado no puede ni debe atentar contra la vida y que existen suficientes casos históricos que decaen en totalitarismos cuando eso sucede. Esto, a mi juicio, es resolver el debate con anticipación. Hasta donde sé, los argumentos respecto de la cualidad abortiva de la píldora no son concluyentes, e incluso pueden encontrarse opiniones de especialistas que van en sentido contrario.

Por el lado de la Concertación, hay insuficiencia teórica y suficiencia práctica. Ellos saben y conocen el dato duro y la realidad práctica de quienes consumen la píldora y de quienes desean consumirla pero no pueden. Se deja de lado, no obstante, las discusiones respecto de su efecto porque, en el caso de darse, eso postergaría cualquier tipo de abstecimiento por decreto. Sin embargo, proponen para resolver este asunto el tema de la libertad de conciencia, cuestión que no ayuda en mucho porque no responde a la pregunta de sí efectivamente se está atentando contra la vida. Consecuentemente, cualquier debate que determina la naturaleza no sólo de la píldora sino de la vida misma, o está pospuesto por asuntos de política pública, o simplemente ya se dio con un resultado claro.

Creo que la solución pasa por algunas cuestiones fundamentales: Primero, un debate profundo y serio respecto de preguntas que necesariamente no pueden resolverse con exclusividad en las ciencias biológicas: por ejemplo, ¿cuándo comienza la vida humana?; segundo, aunque suene un disparate, ¿cuáles son los fundamentos que explican el por qué debe respetarse la vida humana?; tercero, ¿existe algo así como la "dignidad"? ¿Qué es?; cuarto, ¿cómo deben resolver las sociedades democráticas oposiciones fundamentales en los valores y las creencias?, etc. (Rawls propone el tema del consenso traslapado, eso, empero, es otro tema). Luego, asuntos de política pública: hay una enorme cantidad de situaciones con embarazos no deseados que terminan en aborto o en el nacimiento de un niño en precarias condiciones de vida: primero ¿cómo se resuelve dicha situación?; segundo, ¿hay que educar para resolver el problema? ¿en qué perspectiva se educa, en la perspectiva de la abstinencia o de la responsabilidad?, etc. Lo que sí, me parece que lo peor que se puede hacer es tomar posición. Es decir, puede tenerse una posición, pero eso no debiera impedir escuchar y entender los argumentos del otro. En general, todo diálogo falla cuando dejamos de escuchar simplemente porque el otro piensa distinto de nosotros.

miércoles, 31 de octubre de 2007

El Saludo y la Gringa Loca

Sucedió hace un par de semanas y debe de ser una de las cosas más vergonzosas que me ha pasado en el último tiempo. El evento: una reunión de amigos discriminada arbitrariamente por el dueño de casa a unas 10 personas. El motivo: (aparte de vernos después de largo tiempo de ausencia), conocer a su prima gringa que venía recíen llegadita de... esteee... Minniapolis ponte tú... y que nunca había visitado Sudamérica ni menos chilito lindo. El incentivo: harto copete, buena comida y gran conversa... al menos eso era lo que yo tenía en mente.
De partida una aclaración: esta mina, que se llamaba Kate (sí! igual a la de Lost..................... perdón, me fui por un momento) esta mina, digo, no es prima prima de mi amigo. Es como de esas relaciones donde los saltos familiares son tan engorrosos que al final llaman prima a cualquier cosa, sea de segunda, tercera y hasta cuarta generación. Todos reciben la misma categoría. Casi lo mismo como cuando llamábamos a los papás de nuestros amigos "tíos", o a los amigos de nuestros papás "tío [inserte primer nombre]". En fin, Kate era hija del sobrino de un primo de este amigo... ergo, era la prima Kate.
Llegué minúsculamente atrasado, pero ya había un lote ahí. Al entrar me recibe Pablo (mi amigo) y nos dirigimos a donde estaban todos. La primerísima persona en posición de saludar era la prima. Por lo tanto, ¿qué hago yo? evidentemente saludar a la prima. Y es acá donde todo se fue a la punta del cerro. Ella se levanta cordialmente y yo estiro el hocico para darle un beso y saludarla... ¡sorpresa... no tan rápido campeón! la famosa prima se espanta, instintivamente hecha su cabeza hacia atrás y de forma natural y espontánea me da un empujón. Obviamente no un empujón de esos tipo "partido-de-fútbol-estoy-picado-por-la-patada", pero si lo suficiente para retroceder un poco. Momento, momento... aún falta más. Desafortunadamente, al ir hacia atrás intento poner mi pie de apoyo en el suelo, pero tanto mi torpeza como el propio espacio físico donde me situaba me impidió actuar con rapidez y flexibilidad. Mi pie topó con una de las patas de la mesa de centro, me caigo sobre la mesa de centro, me saco la rechucha, rompo el vidrio de la mesa de centro, quedo literalmente bañado en piscola, vodka tonic y etiqueta roja; pedazos de vidrio, vasos, papas fritas y nachos con queso vuelan por los aires; la gente se levanta y grita, el dueño de casa intenta poner orden; NADIE ME AYUDA A LEVANTARME!! /&%#$; todo se ensucia... y mientras tanto yo aleteaba como pollo tragando dosis de pisco, vodka y whisky en estado de shock y estupefacción. A la distancia, como contemplando una obra artística trascendental, Kate, la gringa psicópata, me miraba con los ojos descolocados y con cara de "nadie se aprovecha de mí".
Atinó Pablo - afortunadamente - y me ayudó a levantarme mientras todos intentaban hacer un mediano esfuerzo cognitivo para comprender este verdadero show. Obviamente, lo menos que se me vino a la cabeza era "!!!gringa culiá hija de las mil putas!!!" (perdón, no suelo llegar a ese nivel pero... en verdad... qué esperan?!!?). No sé quién actuó en ese instante: el Padre Hurtado o Teresita de los Andes, pero fue un milagro de verdad - en serio - el que haya mantenido la calma. En esas decisiones tomadas en un microsegundo me fui a sacar los pedazos de vidrio al baño.
Al llegar, la loca de patio no se podía la cara de vergüenza. Le explicaron: "así es como se saluda en Chile (grina hueona deberían haber agregado), no hay nada depravado ni sexual al respecto. En una situación informal, cuando se saluda a alguien distinto sexo, es una regla social aceptada dar un beso en la mejilla". La gringa se desihizo en disculpas: "peurdoneme... nou conouscou ese... esteee... fomra de saludou". Aprecié su sinceridad y dejé atrás el asunto. Pero la noche transcurrió conversando sobre lo mismo. Y, para que decir una cosa por otra, yo tenía absoluta conciencia que los gringuitos se saludan dándose la mano. En ese momento ni siquiera se me pasó por la cabeza y además se asume que, si ya hay gente y es la prima de un amigo, alguna información cultural o social tendría. No fue así. Irónicamente, al terminar la noche la gringa psicópata se me acercó y con muy buenas intenciones, y notoria poca práctica, se despidió sonriendo, ofreciéndome nuevamente disculpas y dándome un pequeño beso en la mejilla.

lunes, 29 de octubre de 2007

Guía Comprensiva para Conquistar a una Mina

Ya cabros! Sacar a 100! A continuación quiero describir todo aquello que necesita hacer un hombre para dejar de ser un anónimo o N.N y convertirse en alguien que se relacionará largamente con una mujer. Esto no es un manual para conseguir una revolcadita o una relación pasajera, sino, definitivamente, para que usted - querido amigo - tenga una oportunidad con ese género que amamos y odiamos al mismo tiempo, que no entendemos pero que nos causa fascinación y sin las que, finalmente, no podemos vivir. Ahora, la pregunta obvia (y el insulto dicho sea de paso) es: ¿qué se cree este tal por cual para venir a sugerirme lo que yo debo o no debo hacer? ¿Ah? Bueno, hay que reconocer que mis credenciales no se fundamentan en ningún estudio formal, ni en investigaciones temáticas sobre el caso, ni menos en una especie de especialización psicológica que permita un análisis adecuado sobre el género femenino. Pero, para que estamos con cuentos, todo eso es irrelevante si no contamos con las fuentes originales. Y es aquí donde - creo - tengo una pequeña ventaja, porque si de algo me encargado en la vida es en la obervación, diálogo, entendimiento forzado y análisis introspectivo conjunto con ellas: la génesis de todo deseo y, al mismo tiempo, de toda desilusión... las mujeres.
Así es, después de intensas tratativas, de decenas de piscolas, de amistad genuina y de un poco de insistencia, me han revelado su secreto mejor guardado (parafraseando esa película de Mel Gibson "que chucha es lo que ellas quieren"). Es sumamente probable que muchos de los consejos sean vistos como obvios, desilusionantes, no dignas de aplicación ni menos comprensión. Está bien, lo reconozco. Pero no se quede con lo obvio, mire más allá de las sugerencias e intente aplicar lo dicho a su vida cotidiana (frase de esos libritos de autoayuda). Vamos por parte.
En primer lugar, es imprescindible, importantísimo y crucial que ustedes amigos míos se pongan un objetivo "realista". ¿Está usted pasadito de peso y le gusta la mina más rica de su curso, oficina, etc? Sorry, no va a pasar. No es que sea mala onda. Es la pura y santa verdad. El gordito que termina con la "prom queen" es guión de película hollywoodense. NO SUCEDE EN LA REALIDAD... las excepciones son que usted sea multimillonario (asunto que muchas mujeres toman como un factor que les da seguridad) o que tenga mucha, pero mucha suerte. Para la mayoría de los mortales, ese objetivo no es alcanzable y lo máximo que podrá conseguir será una amistad basada en su esperanza y posterior desilusión. ¿Cómo saber su posición en ese mundillo esteticista? Fácil: autoevalúese, observe a sus amigos, intente ser objetivo, piense que casi todas las parejas son similares desde un punto de vista estético... repita dicha fórmula. Puede ganar algunos puntos o perder unos cuantos... pero su rango de elección tiene como centro su propia apariencia.
En segundo lugar, cultive su seguridad personal. En el 90% de los casos la personalidad tímida no tiene buenos resultados. El 10% restante corresponde a un par de mujeres hippies pasadas a incienso y que encuentran medianamente cautivadas por quien habla poco o nada, se sienta atrás y pasa el día solo. En general esa no es la regla. Hágase escuchar, no tenga miedo, lo peor que le puede pasar es que lo rechacen (y en frío eso no parece una gran cosa, a menos que tenga la autoestima por el suelo). Empiece con pequeños avances... no parta jugando contra el Barcelona, tendrá mayores opciones si empieza por Lota Schwager y sigue desde ahí. Por ningún motivo sea barsa y piense que de entradita va a obtener los resultados esperados. Repita este lema "no lo sé todo... no lo sé todo", la idea es encontrar la justa medida entre la humildad y la asertividad.
En tercer lugar, si hay algo que las mujeres consideran estimable es que la hagan reir. Y probablemente no existe mejor recompensa que la sonrisa femenina bajo las palabras correctas. Esto, no obstante, es difícil de lograr. Puede pasarse de la raya o quedar como un nerd. Tampoco es la idea que sea un payaso o un pintamono. Nuevamente, tiene que tratar de ser asertivo, decir lo justo en el momento apropiado. Las mujeres son distintas, observe y recuerde que ha hecho reir a esa mujer X. ¿Han sido comentarios irónicos? ¿Bromas? ¿Expresiones folklóricas? Haga la prueba y cambie su estrategia si considera que no da resultados. El gran logro es que la mujer se sienta cómodo con usted, que lo pase bien, que esté contenta.
En cuarto lugar: no sea el "amigo". No, no, no. Por ningún motivo. Deje SIEMPRE la puerta abierta, no es necesario poner siempre el hombro cuando ella quiera llorar. O sea, hágalo cuando el motivo sea importante y dosifique su prestación de amistad. Entienda que quienes buscan ser amigos para pasar a la relación son los menos, y generalmente terminan perdiendo ante quienes son más vivos. Realice contacto físico... tóquela... pero no como pervertido, una caricia en el hombro, un abrazo cuando esté de cumpleaños, una palmadita en las manos cuando conversen. Nada más. No sea jote, no sea lapa. No pretenda que va a ganar siempre... si la situación se da aproveche, pero no buscque siempre el abrazo, el toqueteo disimulado y asuntos de esa índole. Lo PEOR que puede hacer es sentirse ofendido porque esa mujer no lo saludó de abrazo o de beso. No sea marica. Actúe como si eso es justamente lo que usted esperaba. Tampoco sea indiferente, las mujeres necesitan atención aunque sea casual, implícita. Si cree que dejándole de hablar conseguirá algo está muy equivocado.
En quinto lugar, es muy, pero muy importante que usted sepa y le guste bailar. No sabe lo importante que es. Si no sabe aprenda, ensaye. Incluso hacer el ridículo bailando es mejor que no bailar del todo. Aproveche que la situación requiere de contacto físico. No tenga miedo, rompa la barrera de distancia y juegue. Si no le resulta no insista de inmediato, sea inteligente, busque el momento adecuado y esté muy atento al lenguaje físico de su compañera. En general, para las mujeres el baile es un momento de desinhibición y están abiertas a "cierto" tipo de contacto, siempre que éste sea respetuoso y acorde al momento.
En sexto lugar (ya falta poco), la caballerosidad no está pasada de moda - a pesar que algunos piensen lo contrario - . Nunca está de más dar algunas muestras de caballerosidad: levántese cuando una mujer quiera saludarlo; recoja aquello que se le cayó; ábrale la puerta. Obviamente, no caiga en excesos... pero detalles como ese pueden marcar la diferencia. Al mismo tiempo, explore los intereses de ella. Si hay coincidencia entre alguno de usted explótelo... pero no sea evidente. Toda mujer tiene en su disco duro la historia del príncipe azul, que algún día encontrarán por coincidencia a aquel hombre preciso. Por lo mismo, haga que sus intereses "coincidan" por obra del Santísimo con los de ella.
Por último, no sea cursi... escribir poemas o realizar regalos diarios no es una buena alternativa. Capaz que tenga suerte, pero es muy probable que sus poemas sólo sean palabras de cursilería y que sus regalos desenmascaren su verdaderas razones. Esto no significa que no lo haga, pero sea prudente. Se regala para ocasiones especiales y por razones especiales. Finalmente, si le aparece competencia no ataque a su contrincante, más bien demuéstrele mediante actos y palabras a la mujer por qué usted es mejor alternativa. Si pierde la pelea no se ofusque, hay cientos de posibilidades. En último término, lo más importante es que usted haga feliz a la mujer, que la quiera sinceramente y la respete. No sea mamón, pero tenga en consideración este tipo de valores antes de actuar. No hay nada más humillante para la mujer que la razón para estar con ella sean sus pechugas... o algo más.

viernes, 19 de octubre de 2007

Sobre el Conocimiento de la Música

No soy músico... o sea, soy músico aficionado y no profesional. Pero - curiosamente - por esas ecuaciones complejas que tiene la vida, me he visto relacionado con la música desde que me ponían pañales y comía esa comida en frasco para guaguas que parece cualquier cosa. Entonces, cuando se habla de música siempre tengo algo que decir, aunque a algunos le moleste. ´
El punto es que tuve una discusión (aunque, más bien, fue un show cómico desde el lado del espectador) en el cual una persona que no conocía, y tipo bien intencionado al fin y al cabo, utilizaba todos los trucos que tenía bajo su manga para convencerme de los fabuloso, increíble, fantástico e impresionante que era Robbie Williams. Su voz, su tono, su manejo, eran de una categoría pocas veces vistas y cualquiera que no pudiera apreciar dicho talento era - simplemente - un idiota. Ahora, cualquiera pensaría que mi posición estaría en oposición y que a raíz de ese hecho particular propongo el título para este comentario. Pero no. No señor. La verdad de las cosas es que, luego de toda esta apología sentimental hacia Williams, este individuo termina diciendo (agárrense): "quizás no me encuentras la razón, pero eso es porque no tienes tanto conocimiento de la música como yo"............. (cri, cri)..... a ver, repito?
"quizás no me encuentras la razón.... pero eso es porque no tienes tanto conocimiento de la música como yo"... mi mente está en blanco. Esteee, qué se supone que uno debe responder frente a eso? Confieso que tuve que llevarme las manos a la boca y simular que tosía, para no estallar a carcajadas. Además, como dice la canción de Los Picantes "como no soy tan huea" no me podía quedar calladito, era que no. Y como siempre presté atención a esos cursos de lógica filosófica de la Universidad, donde enseñan que siempre hay que ir al fondo del asunto (otra frase manoseada hasta el cansancio) le pregunté con toda la humildad que me permitía la situación: ¿y qué es para tí el conocimiento de la música? Aahhh, vieron? la pura cara de gil! No voy a aburrir porque el asunto es otro, y al final la discusión derivo en cualquier cosa...
Me quedé pensando en una respuesta convincente, cuestión que no es para nada sencillo. Y creo, en fin, que la encontré buscando arduamente entre mis neuronas agonizantes y flacuchentas. Aviso que ahora me pondré serio, un tanto escolástico, porque sale más fácil y porque a veces es necesario. Considero, personalmente como es obvio, que el conocimiento de la música se compone de cuatro aspectos o facetas:
1. Un conocimiento de tipo experencial o vivencial: con la práctica conocemos de música, sabemos que un violín suena distinto de una guitarra porque hemos escuchado, justamente, un violín y una guitarra. Más difícil sale si tratamos, mediante el sentido auditivo, diferenciar entre un contrabajo y un chelo (por ejemplo), o entre un yambé y un bongó. O sea, la práctica auditiva permite tener un conocimiento musical más acabado.
2. Conocimiento experimental o práctico: Si yo sé tocar guitarra probablemente sé más sobre la guitarra que alguien que no sabe tocarla. Conozco los detalles del instrumento, su dificultad, sus límites y eso puedo aplicarlo al escuchar música de guitarra. Sabré lo que hace en la práctica quien interpreta la guitarra y diferenciaré sonidos y colores según mi propia experiencia.
3. Conocimiento teórico: Evidentemente, si conozco lo que es un pentagrama, una escala, la rítmica, etc., tengo más conocimiento de la música. Sé, por ejemplo, que no es posible hacer una techno-cueca, porque la primera está en 3/4 y la última en 4/4 y ambos ritmos no pueden coexistir sin generar confusión auditiva. Esto se suma a los otros dos tipos de conocimiento.
4. Por último un tipo de conocimiento histórico: saber de estilos, intérpretes, compositores y sus diferencias, también da un valor agregado al conocimiento musical.
Conclusión, quien tenga cada una de estas características en máximo grado sabrá más de música. Punto. Pero comprenderán que era muy largo y latero explicárselo al abogado del Williams. Porque al final, la música no es tanto lo que cada quien percibe como mejor, sino comprender los fundamentos y características de ella. Ya, me cansé... y probablemente fui una lata. Maldita sea.

jueves, 18 de octubre de 2007

Nunca quedas mal con nadie (El hecho, no la canción)

"Los Prisioneros" es un grupo que detesto y que jamás he podido escuchar por más de 30 segundos. Sin embargo, en una de esas atenciones esporádicas me encontré con un coro de mucha sabiduría popular: "nunca quedas mal con nadie". Porque junto con Los Prisioneros no existe... repito... no existe nada más desagradable, cínico y ajeno a todo respeto intelectual que esos zánganos que pululan por la vida exclamando a todos los vientos la importancia personal que tiene para ellos la relación que cualquiera de nosotros podamos darle. Esas frases hechas, preparadas para la ocasión y que nacen más bien de la cabeza que del corazón, son de lo peor que alguien puede escuchar.
Todo esto es con relación a una de esas reuniones tipo "recuerdo", donde vemos a gente que ya las dábamos por muerta y que, tal vez, desearíamos que fuera así. En todo caso, debo reconocer que hablo con cierta pica y melancolía porque - querámoslo o no - toda relación cambia, se modifica y lo que antes nos reconfortaba ahora nos provoca desinterés e indiferencia. El punto es que, en vez de aceptar la realidad y seguir adelante, se hacen esfuerzos quiméricos para hacer retroceder el tiempo, (y las personas y relaciones de pasadita), a una situación pasada que aparentemente siempre fue mejor. Poner los ojos en blanco y hablar de esa palabra tan manoseada como "amistad" me asquea al punto del vómito. "A pesar de que no hablemos hace más de un año yo sigo considerándote mi amigo y una persona importante en mi vida" - me dice
una de esas lombrices con música de teleserie barata de fondo -. Poco faltó para cagarme de la risa en su cara y entonarle un chilenismo apropiado: "mira flaquita, deja de hablar hueas". A estas alturas de la vida, si cualquier relación no se da de manera natural me da la lata más absoluta hacer algo al respecto. Ya sé, ya sé.... indiferente! sin sentimientos! cruel! Bueno, sorry... ok? Pero al menos si esos slogans fuesen genuinos... ahí sí que te creo. Pero no son más que palabras de cortesía para quedar bien con todo el mundo. Y por lo demás, si el asunto es tan importante ¡Haga algo al respecto! %&#$"&%/

lunes, 15 de octubre de 2007

Ya está. Lo primero...

Conozco personas que tienen un blog personal. Y muy de vez en cuando ingreso a estos espacios por una especie vouyerismo virtual patético. Aunque, a decir verdad, de vouyerismo hay muy poco... se escriben eventos generales, triviales y que - por alguna u otra razón - deben quedar en la opacidad más absoluta. Quién ose en transparentar su información personal será reventado a palos en el infierno. Literalmente.
Pareciera que este asunto de los blog permite publicar cuestiones que a nadie le importa, pero que es necesario hacer... y más vale ocultar cualquier información personal, no vaya a ser que pelotas como yo, o como cualquier otro lector pobrecito que destina su tiempo en leer nimiedades de vidas ajenas, publique la vida de Juanito de los palotes en la portada del "The Times". Por eso dicen: "hoy día fui con M al cine"; o "55 me paso a buscar y fuimos a comer con 66, allá nos encontramos con 2 y su pareja 5/6, etc.". Delirios de persecusión... y de grandeza dicho sea de paso. Capaz que los amigos de M, o de 55, se pongan a tipear nombres y apellidos en Internet... en una de esas tienen suerte y encuentran los secretos que nadie cuenta y que - obviamente - el mundo virtual comparte. Sí, seguro. Ahí está la clave.
Lo que no puede dejar de hacerse, por ningún motivo, es dejar estampado la primera publicación con un mensaje trascendente para toda la humanidad, ojalá con el lenguaje de los antiguos poetas y con pensamientos dignos de la filosofía alemana. Los bloggeros están pariendo hijos virtuales con la primera publicación...!!! hay que echar toda la carne en la parrila, hay que ponerse serios y buscar alguna explicación para toda la comunidad internauta de porqué estamos haciendo esto, porqué abrimos un blog y compartimos nuestras trivialidades con el resto. Sí. "Un primer posteo épico asegurará mi fama. Todos se sentirán representados por lo que digo, me felicitarán por mi gran ortografía y retórica". Mi respuesta: imbéciles! Ok, entiendo que haya que mostrar la mejor imagen de uno. Pero, a decir verdad, no hay muchas razones importantes para abrir un blog... y no es necesario justificarlo. Abro un blog para escribir estupideces, o cosas serias o confesiones inconfesables en público.
Aunque debo reconocerlo: no hay nada peor y que al mismo tiempo me cause más risa que esos lamentos existenciales de soledad, tristeza o desamor. Bueno, podrán catalogarme de blasfemo, pero no logro disociar el mensaje con la imagen de un adolescente que cree que porque su amor no es correspondido entonces el mundo se viene abajo. Esos niñitos! No señor. Esos no son problemas reales... y por último haga algo y no quedese reclamando y llorando en el mundo virtual. Praxis, praxis, praxis. O sea, está bien, si tampoco soy el Gigante Egoísta, pero hay problemas y problemas...
De qué se escribirá acá? De cualquier cosa. Ojalá cuestiones sin sentido y no esos lamentos heoricos de críticas de la razón pura que dan dolor de cabeza... y ganas de ir al baño. Me va a salir el tiro por la culata. Qué diablos.