Advierto de entrada que el sugerente título es metafórico. Pero creo que cae como anillo al dedo para describir un fenómeno irritante al cual, como hombre, estoy acostumbrado. Esto es la explicación de toda suerte de competitividades masculinas por las causas más ridículas y que tendrían en común - algunas más, algunas menos - demostrar cierto grado de "hombría" en términos comparativos con el que se está compitiendo. No sé muy bien porqué las cosas son así, ni por qué algunos hombres parecen más susceptibles a realizar este tipo de acciones, pero lo cierto es que ocurren por doquier.
Un ejemplo: hace un fin de semana atrás fui a la playa. Manejando por la carretera se me ocurre adelantar a un vehículo que, por cierto, iba a menor velocidad que el mío. No hube de comenzar la maniobra para que este personaje pusiese cuarta y no me dejara adelantar. Ok. Segundo intento... lo mismo. ¿Ganas de competir? No thanks... pero no lo entiendo. Obviamente aparte de la irritación hay cuestionamientos respecto de la naturaleza de esa reacción.
Otro ejemplo: cafecito con un compañero de trabajo. Entre conversa y sorbos de café, una persona se levanta de su mesa y se dirige a la salida donde habían dos hombres discutiendo. La salida obviamente estaba bloqueada y uno esperaría (ojo, verbo condicional) que estas personas dieran educadamente la pasada. Error again. Ante el tímido "permiso", estos homo sapiens sapiens siguieron discutiendo ignorando la petición. Y bueno... la reacción de este caballero fue pasar a la fuerza y recibir insultos al por mayor. Sigo sin entender.
Los ejemplos se multiplican por mil, pero todos tienen en común una especie de demarcación de territorio primitiva que se ve amenazada. ¿Es un asunto ligado a la naturaleza del género o más bien algo relacionado con el carácter piscológico de la persona particular? Reconozco que poseo un grado de compatitividad, pero éste se manifiesta en circunstancias que la promueven (un partido de fútbol, por ejemplo) pero imagino que hay cierto tipo de límites donde "dejar adelantar" no significa necesariamente "perder" y "donde dar el paso" no significa humillación.
Platón, en una teoría que después recoge Hegel y después de éste Fukuyama, habla del tymos. El tymos sería una motivación inherente al hombre y que se traduciría en el reconocimiento que los otros hacen de él. El hombre desea que otros lo reconozcan como tal y para eso está dispuesto a arriesgar su vida. Este fenómeno dividiría a la sociedad en amos y esclavos... bla, bla, bla. Lo curioso es que, de alguna manera, eso es lo que sucede. La competencia es la búsqueda de reconocimiento y, al mismo tiempo, de dominación. Lo evidente es que las personas han elaborado métodos racionales de dominación (como el capitalismo diría Fukuyama, o como los partidos de fútbol diría yo) sin la necesidad de arriesgar la vida. Ergo, ese tipo de competencia ridícula significaría que hay algunos que se quedaron atrás en el avance de la racionalidad y que aún compiten a palos y mazazos... metafóricamente hablando.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
martes, 2 de diciembre de 2008
Descarga
Hay algunos seres humanos - como quien escribe - que se encuentra muchas veces con la necesidad de transmitir oralmente asuntos de su propia experiencia, desde anécdotas irrisorias hasta profundos conocimientos que, para la mayoría de los mortales, resultaría ser de la inutilidad más absoluta. Esta simple realidad escrita de manera tan poco clara en estas líneas se relaciona con la sensación de qué conversar y con quién. Porque, la verdad sea dicha, cada uno de nosotros acude a determinadas personas para distintos tipos de asuntos. Si hay un problema sentimental, les aseguro que saben perfectamente con quién comentarlo; y si andan con la necesidad de hablar de la última canción de esa banda oscura de chuchunco city que nadie conoce, probablemente piensen perfectamente quién les puede prestar oídos; y quizás, para las trivialidades más espúreas también existan almas caritativas que coincidan en tiempo y espacio con esa particular necesidad de hablar de intrascendencias... de vez en cuando.
El problema, para mí al menos, es que muchas veces no hay ni oídos ni personas. No porque no existan almas caritativas realmente, sino porque no hay intenciones. Porque aquello que urge decir es demasiado latero, o loco, u oscuro, o vergonzoso. Paradoja entonces: quiero hablar pero prefiero reprimir. No tiene tanto que ver con aquello del "qué dirán" (que, dicho sea de paso, no me parece que sea un tema sin importancia - como muchos valientes pretenden). Tiene que ver con un raciocinio inútil y personal que busca de manera incansable la empatía emocional o intelectual. Y al asumir que eso no ocurrirá cierro el pico. Pésimo, lo sé. Prejuicioso, también lo sé. Pero a veces las pequeñeces superfluas (idioteces incluso) dan lo mismo si quedan guardadas en el baúl de la memoria; y aún cuando el libro recién desempolvado, ese que habla de las más altas abstracciones, haya resultado espectacular... "a quién le podría interesar"??
Quizás esa es la razón por la que muchos recurren a espacios como este. No con la idea de que existan lectores anónimos (que ocasionalmente los hay), sino para descargar y descargarse literalmente de ideas, emociones, reflexiones o simples recuerdos diarios sin valor alguno pero que, por alguna razón realmente extraña, está ahí, con ganas de salir expulsado, descargado.
lunes, 24 de noviembre de 2008
La Familia
Siempre he escuchado sobre la importancia que tiene la familia en la formación personal. En teoría (sí, en teoría), la persona que somos y que hemos llegado a ser, tiene un fundamento lejano en la formación que recibimos cuando niños. Esto porque los padres, en el proceso educativo, imponen reglas, criterios y verdaderas pautas de comportamiento moral, determinando lo bueno, lo malo, lo justo e injusto, y actuando en concordancia en la medida que dichas condiciones se cumplan: premiando cuando la adecuación va en coincidencia con sus parámetros de comportamiento (felicitando, animando, o dando una galleta); o castigando cuando el comportamiento va en dirección opuesta a la concepción de "bien" de los padres (retando, increpando o pegando un coscacho). He escuchado también que los hijos son un espejo de los padres, en el sentido que, al final, recibimos gran parte de sus propias pautas éticas pero además, nuevamente en teoría, también podríamos heredar lo negativo en tanto se presenta en el ambiente familiar un comportamiento objetivamente malo pero que es usual y tolerado. Esto lo comparto hasta ahí nomás, porque no creo que haya que descontar - así sin más - la cognición individual de los actos que cometemos y que, de manera consciente, podemos personalmente evaluar. El que un padre sea ladrón, deshonesto, interesado, cruel o envidioso no significa necesariamente que su hijo tenga que salir con las mismas características, pero puede ser una variable probabilística correlativa.
El último tiempo he estado pensando en la importancia de la familia. Esto se debe a que, por circunstancias que no valen la pena explicar acá, ésta ha estado relativamente ausente, o - más bien - no todo lo presente que me gustaría. Esto, a decir verdad, no significa mucho. No implica que tenga una mala familia o que ésta no cumpla con sus deberes inherentes (todo lo contrario); sino por la percepción subjetiva que nubla a veces los propios requerimientos personales. Pero, por otro lado, tengo la intuición personal que en términos culturales o sociales, ha habido un aumento de la prescindencia de la familia en nuestra época. Siento (sin tener ninguna prueba de lo que digo) que el individualismo gana la batalla, y que la ridícula asociación de la defensa familiar a ciertos grupos o instituciones añejas y pasadas de moda (léase la Iglesia) permiten que la desafección sea mirada con un cierto grado de orgullo y de triunfo del secularismo moderno. Obviamente cuestiones de esa naturaleza las encuentro graciosas - por decir lo menos - aunque no dejan de sorprenderme las historias familiares de la generación inmediatamente posterior a la mía, donde el ausentismo paterno y la indiferencia filial parecen ser la receta permanente.
De lo que me he dado cuenta es que la familia es radicalmente importante, quizás como ningún otro grupo humano lo sea. Creo que es algo que hay que proteger, que hay que incentivar, que hay que querer. Creo que, cuando uno va eliminando las capas superficiales de nuestra existencia social, es lo único que queda. Por la misma razón, aunque suene cursi y plagado de insípido romanticismo, uno de mis mayores metas a largo plazo es ser buen padre y formar una familia. Me parece que es una meta digna y me gustaría pensar que mi generación va hacia ese camino también.
El último tiempo he estado pensando en la importancia de la familia. Esto se debe a que, por circunstancias que no valen la pena explicar acá, ésta ha estado relativamente ausente, o - más bien - no todo lo presente que me gustaría. Esto, a decir verdad, no significa mucho. No implica que tenga una mala familia o que ésta no cumpla con sus deberes inherentes (todo lo contrario); sino por la percepción subjetiva que nubla a veces los propios requerimientos personales. Pero, por otro lado, tengo la intuición personal que en términos culturales o sociales, ha habido un aumento de la prescindencia de la familia en nuestra época. Siento (sin tener ninguna prueba de lo que digo) que el individualismo gana la batalla, y que la ridícula asociación de la defensa familiar a ciertos grupos o instituciones añejas y pasadas de moda (léase la Iglesia) permiten que la desafección sea mirada con un cierto grado de orgullo y de triunfo del secularismo moderno. Obviamente cuestiones de esa naturaleza las encuentro graciosas - por decir lo menos - aunque no dejan de sorprenderme las historias familiares de la generación inmediatamente posterior a la mía, donde el ausentismo paterno y la indiferencia filial parecen ser la receta permanente.
De lo que me he dado cuenta es que la familia es radicalmente importante, quizás como ningún otro grupo humano lo sea. Creo que es algo que hay que proteger, que hay que incentivar, que hay que querer. Creo que, cuando uno va eliminando las capas superficiales de nuestra existencia social, es lo único que queda. Por la misma razón, aunque suene cursi y plagado de insípido romanticismo, uno de mis mayores metas a largo plazo es ser buen padre y formar una familia. Me parece que es una meta digna y me gustaría pensar que mi generación va hacia ese camino también.
jueves, 20 de noviembre de 2008
La Verdad buscada mediante alegoría
Heidegger otorga una visión radicalmente distinta y aclaradora respecto a la esencia de la verdad. Para él, la verdad es desocultamiento, advenimiento de lo que está-ahí-delante. La verdad es alumbramiento por un lado (del ente conocido supongo) y descubrimiento (del ente que se conoce). Esta manera de entender la verdad es completamente distinta a la manifestada por la tradición clásica y que era definida generalmente como "adecuación del intelecto a la cosa". Esta definición, a mi juicio, tiene un serio problema: el primero es que no es suficiente para aprehender el concepto de Verdad, y se queda, más bien, en una "manifestación" de aquello que es verdadero, esto es, en una adecuación del intelecto. ¿Pero qué es esta adecuación? ¿No se está dejando de lado el problema de la verdad sustituyéndola por el acto supuesto realizado por el entendimiento? ¿Y no es ésto, a su vez, una apreciación psicológica de lo realizado por el entedimiento al querer captar o aprehender el objeto?
En segundo lugar, la definición implícitamente deja de lado al objeto. Su intención es saber qué hace el entendimiento al conocer, pero no responde a lo que sea la verdad. La comunión que veo en Heidegger, entre un objeto que analógicamente viene ya desoculto y es descubierto por la apertura también esencial que signifia el Da-sein o ser-ahí, es rota en la definición clásica. el objeto queda únicamente como entidad pasiva recogida por el intelecto. lo que se olvida es aquello sobre lo que habla Heidegger: es absolutamente necesario que aquél ente que esta-ahí-delante venga ya ontológicamente determinado para poder ser aprehendido, es decir, que venga ya desoculto.
Toda esta aclaración pareciera ser de extrema importancia al preguntarse por el uso de la alegoría. En pocas palabras, la alegoría es un recurso filosófico para manifestar la verdad de la realidad. Pero eso no lo podemos dejar así tal cual. Es necesario aclarar qué se entiende por recurso pero, más importante, qué se entiende por verdad; y esto sólo es posible atendiendo a la esencia de la misma.
(Transcrito para no olvidar)
martes, 18 de noviembre de 2008
La Oportunidad
Siempre me causa gracia encontrarme con personas que - aparentemente - consideran que su vida entera es una demostración hacia los demás. Demostración de inteligencia o de facilidad de oratoria. Sea como sea, pueden transformar cualquier reunión trivial en discusiones trascendentales donde más vale responder con sabiduría. Esto en sí mismo no tiene nada de malo, pero implica una falta de entendimiento respecto de la oportunidad o la ocasión. Si llevo 3, 4 o 5 piscolas en mano, no voy a discutir acerca de John Stuart Mill o del fenómeno de intersubjetividad estructuralista, aunque para algunos eso signifique separar a quienes son respetables de quienes no lo son.
Mientras eso sucede yo me retuerzo de la risa. Como si hubiese que demostrar algo, estar a la altura, subirse arriba de la nube metafísica y escapar de los temas que sacuden la burda realidad (SQP incluido)...
Después de la risa respondo con ironía, citando en la medida de lo posible la última portada de las Últimas Noticias. En parte porque entiendo que no tengo nada que demostrarle a nadie y porque, al fin y al cabo, creo fielmente en la oportunidad de la conversación reflexiva cuyo desarrollo, por cierto, no involucra reuniones de relajo y diversión trivial.
Mientras eso sucede yo me retuerzo de la risa. Como si hubiese que demostrar algo, estar a la altura, subirse arriba de la nube metafísica y escapar de los temas que sacuden la burda realidad (SQP incluido)...
Después de la risa respondo con ironía, citando en la medida de lo posible la última portada de las Últimas Noticias. En parte porque entiendo que no tengo nada que demostrarle a nadie y porque, al fin y al cabo, creo fielmente en la oportunidad de la conversación reflexiva cuyo desarrollo, por cierto, no involucra reuniones de relajo y diversión trivial.
viernes, 23 de mayo de 2008
Los sofistas del norte
He estado pendiente de la campaña presidencial en Estados Unidos. Y una de las cosas que más me llaman la atención es el común reconocimiento, por parte de todos los candidatos, acerca de la imagen estadounidense en el exterior. Se dice que en un pasado no muy lejano la imagen de Estados Unidos era la de un país con liderazgo, que la comunidad internacional buscaba imitar, que era el depositario de los ideales de libertad y la democracia. No obstante, tras un atentado y una de las presidencias más horrorosas de la historia, Estados Unidos es percibido únicamente como el abusador del curso, como un país que predica pero no practica, como un país desinteresado por el destino de la comunidad internacional, cínico, sucio, irritador, cruel, y otros tantos calificativos del mismo orden. Las razones, a mi juicio, son tanto teóricas como prácticas. Por un lado, Estados Unidos pone los ojos en blanco y toma el estrado apologético contra el calentamiento global y la defensa al medio ambiente. ¿Resultado? No firman el Protocolo de Kyoto.
Estados Unidos rasga vestiduras, pone el grito en el cielo y afirma su compromiso milenario e ineludible con la libertad y los derechos humanos. ¿Resultado? No suscribe el acuerdo que instaura la Corte Penal Internacional, y de pasadita entierra y trapea el piso con los tratados de Ginebra respecto de la protección de los prisioneros de guerra (Abu Ghraib incluido).
Estados Unidos, megáfono en mano, grita y clama por ayuda a la comunidad internacional para que el gobierno de Saddam Hussein llegue a su fin y se acabe con el sufrimiento de miles de iraquíes reprimidos por el gobierno. ¿Resultado? Sentarse a comer palomitas de maíz y ver el Super Bowl mientras se matan a miles en Burma y se torturan a otros cuantos en Zimbawe. Estados Unidos escribe verdaderos poemas políticos acerca de la amistad de los pueblos y de la importancia de estrechar lazos con los países que compartan sus valores. ¿Resultado? Ninguna alusión a una política exterior orientada hacia la región latinoamericana por parte de los candidatos.
Punto y aparte merece el señor Bush. No mucho más puede decirse del desastre que significó su presidencia, de los errores garrafales que cometió su administración, de la inaudita falta de preparación intelectual de quien supuestamente gobierna al país más poderoso del mundo. Ciertamente será la Historia quien lo juzgará pero – qué duda cabe – se le ubicará más cerca del Tánathos griego que del Valhalla vikingo.
Es de esperar que el futuro depare un giro en el país del norte.
miércoles, 23 de abril de 2008
El ejemplo debe darlo uno
He utilizado últimamente nuestro maravilloso transporte público de la capital santiaguina. La razón es exclusivamente por falta de alternativas. Me cambié de trabajo hace unas semanas y debo ir al centro, por lo que habría que estar completamente loco (que no me falta mucho en todo caso) para irse en auto. En fin, no es del "transporte público" en sí mismo sobre lo que quiero escribir. Por lo demás, creo que ya despotrique contra el Transantiago hace algunos meses atrás. Sólo quiero constatar dos cuestiones que me llaman la atención en estos viajes de mañana en jaulas llenas de gente.
La primera es lo apáticos que somos los chilenos. En un bus del Transantiago todos van mirando el suelo, con cara de pocos amigos, completamente en silencio y preocupados de los propios problemas. Está bien, está bien. Es plausible pensar que la razón de esa apatía radique en que es temprano, todos tienen sueño, a nadie le gusta movilizarse como animal, etc., pero también depende de uno intentar mejorar la situación. Y siempre es agradable contagiarse con alguien que se sube a los buses del Transantiago con buen humor y una sonrisa.
Esto me lleva a otra cosa. Lo poco que hacemos para mejorar la civilidad entre los demás. Todos se enojan con todos por las razones más absurdas y los gestos de amabilidad se cuentan con los dedos de una mano. Para qué hablar de los quinceañeros espinidullos que, a pesar que la viejita se está cayendo literalmente a pedazos, miran hacia abajo y siguen cómodamente sentados. Por eso, el ejemplo parte por uno mismo. Por ejemplo, la otra vez se subió una pareja y ella quedó sentada al lado mío, mientras que él quedó adelante. Yo, en un gesto de amabilidad natural, le dije se preferían sentarse juntos y yo cambiarme al asiento de adelante. Creo que nunca les habían ofrecido un favor así y con la mirada prácticamente asumieron que era un cura, un monje tibetano o alguien de espíritu bueno y sano. Ciertamente yo no soy tan así, pero creo fuertemente en los gestos de civilidad. Pensando en este episodio me di cuenta que la esperanza secreta es que, en una situación similar, cualquiera de ellos responda más o menos así.
La primera es lo apáticos que somos los chilenos. En un bus del Transantiago todos van mirando el suelo, con cara de pocos amigos, completamente en silencio y preocupados de los propios problemas. Está bien, está bien. Es plausible pensar que la razón de esa apatía radique en que es temprano, todos tienen sueño, a nadie le gusta movilizarse como animal, etc., pero también depende de uno intentar mejorar la situación. Y siempre es agradable contagiarse con alguien que se sube a los buses del Transantiago con buen humor y una sonrisa.
Esto me lleva a otra cosa. Lo poco que hacemos para mejorar la civilidad entre los demás. Todos se enojan con todos por las razones más absurdas y los gestos de amabilidad se cuentan con los dedos de una mano. Para qué hablar de los quinceañeros espinidullos que, a pesar que la viejita se está cayendo literalmente a pedazos, miran hacia abajo y siguen cómodamente sentados. Por eso, el ejemplo parte por uno mismo. Por ejemplo, la otra vez se subió una pareja y ella quedó sentada al lado mío, mientras que él quedó adelante. Yo, en un gesto de amabilidad natural, le dije se preferían sentarse juntos y yo cambiarme al asiento de adelante. Creo que nunca les habían ofrecido un favor así y con la mirada prácticamente asumieron que era un cura, un monje tibetano o alguien de espíritu bueno y sano. Ciertamente yo no soy tan así, pero creo fuertemente en los gestos de civilidad. Pensando en este episodio me di cuenta que la esperanza secreta es que, en una situación similar, cualquiera de ellos responda más o menos así.
jueves, 10 de abril de 2008
Lo Fugaz de la Existencia
El eterno drama de la finitud. El eterno drama del hombre contingente. ¡Cuánto ha sufrido la Historia de la Filosofía pretendiendo hacer del hombre un infinito! Parménides nos inmovilizó; Aristóteles nos dio movimiento y conocimiento finito de lo infinito; Hegel nos hizo Uno y después de amalgamar la paradoja sartriana, nos sumimos en la angustiosa fugacidad del presente existencial. Mas, ¿no debiera ser eso momento de exaltación? ¿No vivimos a modo de fugacidades que se extienden hasta la posibilidad de la imposibilidad de todas las posibilidades? ¿No guardamos en las profundidades nobles del alma el instante mismo? ¿Y no es aquel fugaz instante el contacto con la infinitud? Ustedes filósofos que piensan el mundo, que cambian el mundo, que viven el mundo, ¿no juegan a encontrar el tesoro griego del Kairós? Su filosofía, su pensar, su vivir se define en la fugacidad de la existencia. Basta de sombrías perspectivas que tildan a nuestro estar-en-el-mundo como tarea inútil. La inutilidad se resuelve en la fugacidad: el suspiro antes de caer al agua, el instante previo a la risa, el latir, el acercar nuestros labios a la mujer que amamos, el silencio original, el primer momento del despertar metafísico, ahí en el púlpito de madera bajo el húmedo sol de Noviembre; la inspiración musical y la estrella danzarina, el sueño, el despertar, los últimos rayos de sol, las primeras luces de una fría mañana de invierno, el Fin de la Novela, expirar, suspirar, reir. Habría, quizás, que pensar en lo fugaz, es ahí donde se encuentra la paradoja de lo eterno.
jueves, 3 de abril de 2008
Humildad
Siempre he mirado con escepticismo esas máximas de personas ciertamente más inteligentes que yo y que dicen que la vida hay que vivirla con humildad. Supongo que es porque vivir con humildad es mejor que vivir sin ella.
Dentro de las reglas de comportamiento históricas que toda sociedad construye con el pasar del tiempo, pareciera que la humildad como valor tiene arraigo desproporcionado. Y, a decir verdad, no me queda muy claro por qué. Ser humilde es sinónimo de prudente, virtuoso, templado, inteligente, sabio, humano y un largo etcétera de adjetivos. No ser humilde, por el contrario, es sinónimo de soberbio, grosero, antipático y otro largo etcétera. Pero me parece que la humildad esconde, por así decir, cuestiones reales que por muy antipáticas que puedan parecer no dejan de ser verdad. Por eso, si alguien tiene éxito económico (por ejemplo) dice - "la vida me ha tratado bien" o "he tenido fortuna en mi vida" - pero nunca escucharíamos decir que dicho éxito se debe a que - "soy más inteligente" o "más astuto" -. ¿Por qué se genera una regla así, implícita, donde el éxito o cualquier signo que presuponga ubicarse objetivamente por encima de otro grupo es tan mal visto?
Recuerdo hace unos años que leía un artículo sobre Stephen Hawking. La crónica decía que para muchos de los físicos e intelectuales de la época había resultado desgradable y, por qué no decirlo, irresponsable, que Hawking - "en un alarde soberbio y carente de humildad" - hablase de sí mismo como uno de los físicos teóricos más importantes de la historia. Y sin embargo, esos mismos físicos e intelectuales dirían en privado que, efectivamente, Hawking es uno de los más grandes físicos que jamás ha existido. Sin embargo, como la verdad proviene de su propia boca el asunto es "soberbio" y "poco humilde".
Jacques Le Goff (el gran historiador francés de la escuela de los Anales) le hecha la culpa al cristianismo. Y la razón es bastante sencilla: dado que el mensaje es de una igualdad universal entre todos los hombres, parte de la actividad de todo cristiano estaría en reconocer esa igualdad, incluso a costa de minimizar sus propios logros. Resulta evidente que la explicación teológica no aborda cuestiones relacionadas con la vida privada de cada uno, ni con los méritos o talentos asociados a lo que Rawls llamaba la "lotería natural". Pero por esos vericuetos complejos de la historia humana, la extensión se hizo incluso a aspectos desligados de la esencia de la persona.
Creo que actuar con poca humildad provoca desagrado porque encontrarse de frentón con una verdad (y con una persona) que puede superarnos en alguna u otra materia, cataliza desde la guata un sentimiento asociado al egoísmo. Todos están más o menos contentos con la parte que le tocó (algo que ya decía Hobbes), y darse cuenta que la repartición de la torta - sea ésta inteligencia, dinero, éxito o belleza - ha favorecido más a unos que a otros, y que además esos otros lo digan abiertamente, produce sensaciones poco positivas. Debo reconocer, no obstante, que también me produce cierto desagrado la falta de humildad, aún cuando ésta se encuentre completamente justificada.
Dentro de las reglas de comportamiento históricas que toda sociedad construye con el pasar del tiempo, pareciera que la humildad como valor tiene arraigo desproporcionado. Y, a decir verdad, no me queda muy claro por qué. Ser humilde es sinónimo de prudente, virtuoso, templado, inteligente, sabio, humano y un largo etcétera de adjetivos. No ser humilde, por el contrario, es sinónimo de soberbio, grosero, antipático y otro largo etcétera. Pero me parece que la humildad esconde, por así decir, cuestiones reales que por muy antipáticas que puedan parecer no dejan de ser verdad. Por eso, si alguien tiene éxito económico (por ejemplo) dice - "la vida me ha tratado bien" o "he tenido fortuna en mi vida" - pero nunca escucharíamos decir que dicho éxito se debe a que - "soy más inteligente" o "más astuto" -. ¿Por qué se genera una regla así, implícita, donde el éxito o cualquier signo que presuponga ubicarse objetivamente por encima de otro grupo es tan mal visto?
Recuerdo hace unos años que leía un artículo sobre Stephen Hawking. La crónica decía que para muchos de los físicos e intelectuales de la época había resultado desgradable y, por qué no decirlo, irresponsable, que Hawking - "en un alarde soberbio y carente de humildad" - hablase de sí mismo como uno de los físicos teóricos más importantes de la historia. Y sin embargo, esos mismos físicos e intelectuales dirían en privado que, efectivamente, Hawking es uno de los más grandes físicos que jamás ha existido. Sin embargo, como la verdad proviene de su propia boca el asunto es "soberbio" y "poco humilde".
Jacques Le Goff (el gran historiador francés de la escuela de los Anales) le hecha la culpa al cristianismo. Y la razón es bastante sencilla: dado que el mensaje es de una igualdad universal entre todos los hombres, parte de la actividad de todo cristiano estaría en reconocer esa igualdad, incluso a costa de minimizar sus propios logros. Resulta evidente que la explicación teológica no aborda cuestiones relacionadas con la vida privada de cada uno, ni con los méritos o talentos asociados a lo que Rawls llamaba la "lotería natural". Pero por esos vericuetos complejos de la historia humana, la extensión se hizo incluso a aspectos desligados de la esencia de la persona.
Creo que actuar con poca humildad provoca desagrado porque encontrarse de frentón con una verdad (y con una persona) que puede superarnos en alguna u otra materia, cataliza desde la guata un sentimiento asociado al egoísmo. Todos están más o menos contentos con la parte que le tocó (algo que ya decía Hobbes), y darse cuenta que la repartición de la torta - sea ésta inteligencia, dinero, éxito o belleza - ha favorecido más a unos que a otros, y que además esos otros lo digan abiertamente, produce sensaciones poco positivas. Debo reconocer, no obstante, que también me produce cierto desagrado la falta de humildad, aún cuando ésta se encuentre completamente justificada.
jueves, 27 de marzo de 2008
El hombre Unidimensional
El título es de un libro de Herbert Marcuse. Y coincide con apreciaciones personales respecto de esta tribu urbana en la que estoy inserto. Tal vez tenga que ver con una creciente falta de asombro frente a las personas, o definitivamente frente a la decepción que ellas provocan; pero el asunto es que cuesta encontrar a alguien medianamente refrescante en la homogeneidad reinante. Todos saben igual. Y quizás yo también.
Hace mucho tiempo que no tengo una conversación interesante con alguien. Pero, nuevamente, ¿qué sería una conversación interesante? En una de esas estoy pidiendo mucho. A veces aburre encontrarse en medio de discusiones que tienen más o menos la misma lógica: sea está discusiones coyunturales que van desde la última teleserie al último escándalo político, recuerdos del pasado grupal y personal, y - por si fuera poco - latosas apologías acerca de ideologías extremas y antisistema provenientes de individuos que creen que son "especiales" por despotricar contra quien se les aparezca.
Espero que todo esto no se lea como una autoapreciación grotesca de mi propia persona. Me considero "normal" (con todos los defectos que ese concepto vacío tenga), pero dentro de toda normalidad hay espacio para momentos que salen de la monotonía y que, ocasionalmente, enriquecen la mente y el espíritu. Y por lo mismo, esa "conversación interesante", que más parece un dicho petulante que una realidad concreta, se relaciona con una sensación del momento, más que con el tema. Por lo mismo, sería mejor decir que hace tiempo que no conozco a una persona interesante. Y aún mejor, hace tiempo que no conozco a una persona que provoque cualquier tipo de sensación. Imagino que parte de la solución está en la disposición propia.
Hace mucho tiempo que no tengo una conversación interesante con alguien. Pero, nuevamente, ¿qué sería una conversación interesante? En una de esas estoy pidiendo mucho. A veces aburre encontrarse en medio de discusiones que tienen más o menos la misma lógica: sea está discusiones coyunturales que van desde la última teleserie al último escándalo político, recuerdos del pasado grupal y personal, y - por si fuera poco - latosas apologías acerca de ideologías extremas y antisistema provenientes de individuos que creen que son "especiales" por despotricar contra quien se les aparezca.
Espero que todo esto no se lea como una autoapreciación grotesca de mi propia persona. Me considero "normal" (con todos los defectos que ese concepto vacío tenga), pero dentro de toda normalidad hay espacio para momentos que salen de la monotonía y que, ocasionalmente, enriquecen la mente y el espíritu. Y por lo mismo, esa "conversación interesante", que más parece un dicho petulante que una realidad concreta, se relaciona con una sensación del momento, más que con el tema. Por lo mismo, sería mejor decir que hace tiempo que no conozco a una persona interesante. Y aún mejor, hace tiempo que no conozco a una persona que provoque cualquier tipo de sensación. Imagino que parte de la solución está en la disposición propia.
lunes, 17 de marzo de 2008
El (imposible) debate grupal
Hoy en día es imposible debatir cuando hay más de tres personas debatiendo. Ya me ha pasado varias veces y es un tanto frustrante. De hecho ya ni siquiera hago el intento. La razón es simple, sencilla y - por si fuera poco - da muestras imperceptibles del tipo de homo sapiens sapiens en que nos estamos convirtiendo. Evidentemente no hay que exagerar, pero todo el mundo está tan aferrado a "su" verdad que, desde el minuto en que ésta se cuestiona se arma un escándalo de aquellos. Y como es más importante hacerse escuchar que tomarse el tiempo de escuchar a los demás, el debate se transforma en un griterío sin sentido, donde las palabras vuelan de manera aleatoria y donde se pierde la paciencia (y la cordura).
Leí alguna vez que en el siglo XIII durante la llamada escuela Escolástica se realizaban todo tipo de debates filosóficos, las llamadas Quaestiones Disputatae, en donde grupos con visiones antagónicas discutían sobre un asunto en particular. Y si alguien interrumpía al otro se le cortaba la lengua en castigo. Bueno, no estaría mal iniciar dicha práctica en el siglo XXI para educar a algunos deslenguados. ¿Por qué el afán constante de interrumpir?
Por eso soy más amigo de la conversación bipolar. Porque al menos ahí se dan los espacios naturales del diálogo para escuchar y ser escuchado. Mientras tanto, y como para no quedarme afuera de la reunión, escucho en silencio las peleas sofísticas de unos y de otros comiéndome las ganas de participar.
Leí alguna vez que en el siglo XIII durante la llamada escuela Escolástica se realizaban todo tipo de debates filosóficos, las llamadas Quaestiones Disputatae, en donde grupos con visiones antagónicas discutían sobre un asunto en particular. Y si alguien interrumpía al otro se le cortaba la lengua en castigo. Bueno, no estaría mal iniciar dicha práctica en el siglo XXI para educar a algunos deslenguados. ¿Por qué el afán constante de interrumpir?
Por eso soy más amigo de la conversación bipolar. Porque al menos ahí se dan los espacios naturales del diálogo para escuchar y ser escuchado. Mientras tanto, y como para no quedarme afuera de la reunión, escucho en silencio las peleas sofísticas de unos y de otros comiéndome las ganas de participar.
domingo, 9 de marzo de 2008
Muerte a las Mentiras Blancas!
De manera enfermiza en esta sociedad chilensis se legitiman las mentiras blancas. Esas que, supuestamente, no hacen tanto daño y que son mejores que contar la verdad. La lógica detrás de esto es que quien dice una mentira blanca logra escapar de un costo potencial en caso de expresarse con veracidad. La mentira blanca es un salvoconducto para reprobaciones medianamente públicas, es un as bajo la manga, un comodín, una salida teóricamente honrosa a una situación compleja. Y casi todo el mundo dice una que otra mentira blanca de vez en cuando. Y digo casi porque quien escribe las trata de evitar de manera taxativa.
Obviamente esto no deja de traerme problemas, pero, por alguna razón asociada a las complejidades cósmicas de la enseñanza y la personalidad, siempre he preferido decir la verdad a mentir para salvarme de un desdeño que ni siquiera se ha hecho efectivo.
Toda esta pataleta no es únicamente un desvarío cognitivo sin sustento alguno. Por el contrario. Resulta que me invitaron a un cumpleaños. Hasta aquí todo bien, pero el problema es que la cumpleañera (y por extensión sus amistades cercanas) es una persona, por así decir, "tranquila". De donde resulta que sus cumpleaños también son "tranquilos". Por lo tanto, en caso de ir me esperaba una noche completa del más puro aburrimiento. Por otro lado, tenía otra invitación el mismo día al mundo opuesto y paralelo de este cumpleaños. La solución, entonces, fue decir que iba a asistir a este otro evento en detrimento del cumpleaños porque, desde mi punto de vista, iba a estar mejor y más entretenido. El resultado: un enojo evidente hacia mi persona por decir la verdad.
Lo sé. Lo sé. Es, tal vez, un tanto cruel expresarse de esa manera... pero al fin y al cabo tengo de parte mía la consideración de ser una persona honesta. Aún cuando la verdad, de manera ocasional, duela un poco.
Obviamente esto no deja de traerme problemas, pero, por alguna razón asociada a las complejidades cósmicas de la enseñanza y la personalidad, siempre he preferido decir la verdad a mentir para salvarme de un desdeño que ni siquiera se ha hecho efectivo.
Toda esta pataleta no es únicamente un desvarío cognitivo sin sustento alguno. Por el contrario. Resulta que me invitaron a un cumpleaños. Hasta aquí todo bien, pero el problema es que la cumpleañera (y por extensión sus amistades cercanas) es una persona, por así decir, "tranquila". De donde resulta que sus cumpleaños también son "tranquilos". Por lo tanto, en caso de ir me esperaba una noche completa del más puro aburrimiento. Por otro lado, tenía otra invitación el mismo día al mundo opuesto y paralelo de este cumpleaños. La solución, entonces, fue decir que iba a asistir a este otro evento en detrimento del cumpleaños porque, desde mi punto de vista, iba a estar mejor y más entretenido. El resultado: un enojo evidente hacia mi persona por decir la verdad.
Lo sé. Lo sé. Es, tal vez, un tanto cruel expresarse de esa manera... pero al fin y al cabo tengo de parte mía la consideración de ser una persona honesta. Aún cuando la verdad, de manera ocasional, duela un poco.
domingo, 2 de marzo de 2008
Dream Theater en Arena Santiago 2008
Ayer asistí al concierto de Dream Theater (banda originaria de Nueva York y que los más entendidos catalogan dentro del estilo "metal-progresivo"). Para alguien cuyos gustos musicales son tan eclécticos como su propia personalidad, empezando por jazz clásico como John Coltrane o Miles Davis, siguiendo con algo de fusión como Alan Holdsworth o Mike Stern, salpicando todo esto con rock y metal como AC/DC, Pink Floyd, Led Zepellin, Iron Maiden y todo el camino hasta Opeth y Meshuggah, y terminando el viaje con contemporáneos como Shostakovich y Penderecki, no deja de ser interesante observar y escuchar a una banda que incluye en su repertorio influencias tan paradigmáticas como las recién mencionadas y que, con relativo éxito, logran una correcta armonía entre tanto collage musical.
Lo de ayer en Arena Santiago tuvo algo de esa condición multifacética que - de facto - caracteriza a Dream Theater y que lo ubican en la actualidad como uno de los grupos pioneros en la inclusividad del progresismo en el metal, pero también como una banda que se ha ganado el respeto de sus contemporáneos y de la crítica en general, tanto por la virtuosidad de cada uno de sus integrantes, como por la capacidad de generar una base de apoyo quizás tan multifacética como sus propia música.
El concierto comenzó con un juego de luces de semáforo (en alusión a la gráfica conceptual de su último disco "Systematic Chaos"), partiendo en rojo hasta antes de su entrada triunfal, cuando la luz cambia a amarillo y finalmente a verde. La banda comienza con la melodía de "Und Sprach Zarathustra", composición clásica de Richard Strauss y que fue mundialmente conocida en la película "2001: Odisea al Espacio" de Stanley Kubrick. La grandiosidad de la pieza es trasladada a pesadas guitarras estimuladas por furiosos platillos de batería, acompañadas eficientemente por las cuerdas sintetizadas del tecladista Jordan Rudess. En el minuto y tanto que dura esta pequeña introducción uno ya se forma la idea de lo que viene. Más aún cuando el último acorde mayor deja a todo el público con las manos arriba y en estado de euforia.
Sin pausas, el quinteto norteamericano abre efectivamente el concierto con el single "Constant Motion" de su último disco. La canción, muy al estilo de Metallica, con rápidos riffs y transiciones, muy 'up-beat' en clásico formato rítmico de 4/4, suena como descarga energética y contagia al público de manera inmediata. (Hubo, no obstante, algunos problemas de sonido al inicio cuestión que fue arreglada hacia el segundo o tercer tema). Le siguieron "Never Enough" y "Blind Fate", de los discos "Octavarium" y Six Degrees of Inner Turbulance" respectivamente. Ambos temas proyectan parte importante de las características musicales de Dream Theater: por un lado, solos al unísono de teclado y guitarra, generalmente apuntando más al tecnicismo, la rapidez y la virtuosidad que a melodías más simples; también suaves inicios melódicos que van creciendo con la progresión de la música y que terminan en verdaderas epifanías de rock explosivo (como es el caso de Blind Fate). Si bien ambos temas fueron aplaudidos a rabiar por el público presente, era evidente que los discos en los cuales se insertan estas canciones no son de los más conocidos para las personas que no son necesariamente fanáticas de la banda.
Sin respiro, Myung (bajo), Portnoy (batería), Petrucci (guitarra), Rudess (teclado) y Labrie (voz) dan paso a dos de los temas más aplaudidos y cantados de la noche: Erotomania y Voices. Ambos pertenecen a una épica composición del album "Awake" denominada "A mind beside itself" que se encuentra dividida en tres partes. La primera (Erotomania) es un tema completamente instrumental y que vuelve a resaltar el tecnicismo de la banda. Aplausos se llevó John Petrucci al interpretar un dificilísimo solo de guitarra casi al final de la canción prácticamente sin errores. Para sorpresa del público presente interpretaron Voices, segunda parte de "A mind..." y que trasiente pasajes más oscuros y melancólicos, y que llevan a una cúspide vocal (acá Labrie se lleva los aplausos) para decantar en suaves sonidos atmosféricos que hipnotizaron a los fanáticos. Aprovechando esa atmósfera el grupo pasa a la interpretación de Surrounded, una balada de su segundo disco "Images & Words" y que es interpretada modernamente y con algunas modificaciones respecto del original. Desde mi perspectiva este fue uno de los momentos cúlmines de la noche por cuanto, más allá de la 'tranquilidad' de la pieza, el público coreó la canción completa, además que el juego de luces permitió una puesta en escena más íntima y compenetrada con la audiencia que celebró el dúo de Petrucci y Rudess. En lo que puede considerarse una crítica, está el exceso de improvisación llevado a cabo por Petrucci, sobretodo considerando que - desde mi punto de vista - el punteo ultra veloz le quita parte de la profundidad e intimidad que se había alcanzado.
Dos temas del nuevo disco siguen a continuación: "Forsaken" y "The Dark Eternal Night". Ambos temas de características agresivas, aunque el primero de corte más comercial que el segundo y que probablemente fue lo más bajo de la noche. "The Dark...", por otro lado, volvió a hacer saltar al público que escuchó de forma estupefacta un intrincado riff sumamente pesado pero que se torna característico a lo largo de la canción. Como en otras oportunidades, el tema se desarrolla haciendo gala de las habilidades de los músicos, alternando patrones rítmicos y musicales, modificando estilos y terminando en una veloz demostración de metal.
Ya hacia al final, Dream Theater vuelve a un clásico de su segundo disco "Take the Time", otro punto alto de la noche, sobretodo por la participación del público. El tema, no obstante, no fue interpretado en su totalidad (le sacaron un verso completo), pero en general la respuesta fue muy positiva. Después de unos cuantos segundos de expectación, la banda se sumerge en la interpretación de "In the Presence of the Enemies", composición épica que rodea los 25 minutos y que en el disco se divide en dos partes pero que fue ejecutada en su totalidad. Habían claras muestras de que no todo el publico estaba familiarizado con este tema en particular. No obstante, las líneas melódicas, la ascensión en intensidad, los cambios en los patrones rítmicos y los solos de guitarra (más allá de la clara equivocación) y teclado permitieron al publico verse inmerso en una suerte de catarsis musical hasta el final. El griterío (y la planificación) logran que la banda vuelva una vez más al escenario y ejecuten un Medley que incluye "Trial of Tears", "Finally Free", "In the Name of God" (con un solo unísono completamente despampanante) y terminando con la misma grandiosidad con la que empezaron ejecutando la parte final del tema "Octavarium" perteneciente a su disco homónimo.
En general fue un gran concierto. Hay algunos detalles como el sonido: dado que fue en el domo de la Arena Santiago, el sonido no era el mismo para todas las locaciones, y tengo la impresión que las personas que estuvieron en cancha escucharon mejor que las de tribuna. Sin embargo, la sensación final es que todos salieron con la impresión de haber asistido a una noche especial.
Lo de ayer en Arena Santiago tuvo algo de esa condición multifacética que - de facto - caracteriza a Dream Theater y que lo ubican en la actualidad como uno de los grupos pioneros en la inclusividad del progresismo en el metal, pero también como una banda que se ha ganado el respeto de sus contemporáneos y de la crítica en general, tanto por la virtuosidad de cada uno de sus integrantes, como por la capacidad de generar una base de apoyo quizás tan multifacética como sus propia música.
El concierto comenzó con un juego de luces de semáforo (en alusión a la gráfica conceptual de su último disco "Systematic Chaos"), partiendo en rojo hasta antes de su entrada triunfal, cuando la luz cambia a amarillo y finalmente a verde. La banda comienza con la melodía de "Und Sprach Zarathustra", composición clásica de Richard Strauss y que fue mundialmente conocida en la película "2001: Odisea al Espacio" de Stanley Kubrick. La grandiosidad de la pieza es trasladada a pesadas guitarras estimuladas por furiosos platillos de batería, acompañadas eficientemente por las cuerdas sintetizadas del tecladista Jordan Rudess. En el minuto y tanto que dura esta pequeña introducción uno ya se forma la idea de lo que viene. Más aún cuando el último acorde mayor deja a todo el público con las manos arriba y en estado de euforia.
Sin pausas, el quinteto norteamericano abre efectivamente el concierto con el single "Constant Motion" de su último disco. La canción, muy al estilo de Metallica, con rápidos riffs y transiciones, muy 'up-beat' en clásico formato rítmico de 4/4, suena como descarga energética y contagia al público de manera inmediata. (Hubo, no obstante, algunos problemas de sonido al inicio cuestión que fue arreglada hacia el segundo o tercer tema). Le siguieron "Never Enough" y "Blind Fate", de los discos "Octavarium" y Six Degrees of Inner Turbulance" respectivamente. Ambos temas proyectan parte importante de las características musicales de Dream Theater: por un lado, solos al unísono de teclado y guitarra, generalmente apuntando más al tecnicismo, la rapidez y la virtuosidad que a melodías más simples; también suaves inicios melódicos que van creciendo con la progresión de la música y que terminan en verdaderas epifanías de rock explosivo (como es el caso de Blind Fate). Si bien ambos temas fueron aplaudidos a rabiar por el público presente, era evidente que los discos en los cuales se insertan estas canciones no son de los más conocidos para las personas que no son necesariamente fanáticas de la banda.
Sin respiro, Myung (bajo), Portnoy (batería), Petrucci (guitarra), Rudess (teclado) y Labrie (voz) dan paso a dos de los temas más aplaudidos y cantados de la noche: Erotomania y Voices. Ambos pertenecen a una épica composición del album "Awake" denominada "A mind beside itself" que se encuentra dividida en tres partes. La primera (Erotomania) es un tema completamente instrumental y que vuelve a resaltar el tecnicismo de la banda. Aplausos se llevó John Petrucci al interpretar un dificilísimo solo de guitarra casi al final de la canción prácticamente sin errores. Para sorpresa del público presente interpretaron Voices, segunda parte de "A mind..." y que trasiente pasajes más oscuros y melancólicos, y que llevan a una cúspide vocal (acá Labrie se lleva los aplausos) para decantar en suaves sonidos atmosféricos que hipnotizaron a los fanáticos. Aprovechando esa atmósfera el grupo pasa a la interpretación de Surrounded, una balada de su segundo disco "Images & Words" y que es interpretada modernamente y con algunas modificaciones respecto del original. Desde mi perspectiva este fue uno de los momentos cúlmines de la noche por cuanto, más allá de la 'tranquilidad' de la pieza, el público coreó la canción completa, además que el juego de luces permitió una puesta en escena más íntima y compenetrada con la audiencia que celebró el dúo de Petrucci y Rudess. En lo que puede considerarse una crítica, está el exceso de improvisación llevado a cabo por Petrucci, sobretodo considerando que - desde mi punto de vista - el punteo ultra veloz le quita parte de la profundidad e intimidad que se había alcanzado.
Dos temas del nuevo disco siguen a continuación: "Forsaken" y "The Dark Eternal Night". Ambos temas de características agresivas, aunque el primero de corte más comercial que el segundo y que probablemente fue lo más bajo de la noche. "The Dark...", por otro lado, volvió a hacer saltar al público que escuchó de forma estupefacta un intrincado riff sumamente pesado pero que se torna característico a lo largo de la canción. Como en otras oportunidades, el tema se desarrolla haciendo gala de las habilidades de los músicos, alternando patrones rítmicos y musicales, modificando estilos y terminando en una veloz demostración de metal.
Ya hacia al final, Dream Theater vuelve a un clásico de su segundo disco "Take the Time", otro punto alto de la noche, sobretodo por la participación del público. El tema, no obstante, no fue interpretado en su totalidad (le sacaron un verso completo), pero en general la respuesta fue muy positiva. Después de unos cuantos segundos de expectación, la banda se sumerge en la interpretación de "In the Presence of the Enemies", composición épica que rodea los 25 minutos y que en el disco se divide en dos partes pero que fue ejecutada en su totalidad. Habían claras muestras de que no todo el publico estaba familiarizado con este tema en particular. No obstante, las líneas melódicas, la ascensión en intensidad, los cambios en los patrones rítmicos y los solos de guitarra (más allá de la clara equivocación) y teclado permitieron al publico verse inmerso en una suerte de catarsis musical hasta el final. El griterío (y la planificación) logran que la banda vuelva una vez más al escenario y ejecuten un Medley que incluye "Trial of Tears", "Finally Free", "In the Name of God" (con un solo unísono completamente despampanante) y terminando con la misma grandiosidad con la que empezaron ejecutando la parte final del tema "Octavarium" perteneciente a su disco homónimo.
En general fue un gran concierto. Hay algunos detalles como el sonido: dado que fue en el domo de la Arena Santiago, el sonido no era el mismo para todas las locaciones, y tengo la impresión que las personas que estuvieron en cancha escucharon mejor que las de tribuna. Sin embargo, la sensación final es que todos salieron con la impresión de haber asistido a una noche especial.
Etiquetas:
2008,
Arena Santiago,
Dream Theater
lunes, 25 de febrero de 2008
Amarrando al Tiempo
Este sábado es 1 de Marzo. ¿Alguien puede explicarme cómo llegamos al tercer mes del año tan rápido? Creo que es de esas percepciones ligadas a la lógica directamente proporcional: a medida que me pongo más viejo el tiempo pasa volando. Y si bien hay personas que no tienen problema con eso y - más bien - son de aquellas que le piden al tiempo velocidad, como si ésta tuviera alguna relación con la resolución de sus problemas; yo soy al revés, en parte porque las responsabilidades también han crecido de manera exponencial y siento que falta poco, muy poco, para dar ese traspié que de un sopetón nos lleva a esa adultez más cruda, menos divertida, amarga, seria y aletargada, donde pasarlo bien es señal de inmadurez y donde entablar una conversación significan largas disquisiciones acerca de lo bien o mal que está el trabajo, de cómo están los niños, de cómo van los pagos del dividendo y cosas por el estilo. Para llorar a gritos.
Tal vez por eso, o por esa inevitable sensación de correr hacia lugares desconocidos, me aferro a los días como si no hubiera mañana (qué cliché), aunque todos los días, al abrir los ojos siento que ha pasado una semana. No tengo duda que mucha de la culpa la tiene la maldita rutina de la vida moderna: Despertar, tomar desayuno, ir a trabajar, almorzar, trabajar, irse a la casa, repetir x 5... por eso los fines de semana son tan aprovechados.
No dejo de gastar minutos en recordar las épocas de niñez, cuando 1 día, un mísero día era la eternidad misma. Y para qué decir de un verano: uno de hecho llegaba al colegio con la sensación de reencontrarse con personas a las que no veía hace mucho, mucho tiempo. Pero ahora, ¿qué son dos meses? Al parecer nada, se fueron en un abrir y cerrar de ojos. ¿No sería increíble poder volver por un día, despertarse temprano y jugar por la vida, llegar con las piernas llenas de moretones, cansado, sucio, pero sabiendo cándidamente que se vivió una épica aventura de niñez?
Tal vez por eso, o por esa inevitable sensación de correr hacia lugares desconocidos, me aferro a los días como si no hubiera mañana (qué cliché), aunque todos los días, al abrir los ojos siento que ha pasado una semana. No tengo duda que mucha de la culpa la tiene la maldita rutina de la vida moderna: Despertar, tomar desayuno, ir a trabajar, almorzar, trabajar, irse a la casa, repetir x 5... por eso los fines de semana son tan aprovechados.
No dejo de gastar minutos en recordar las épocas de niñez, cuando 1 día, un mísero día era la eternidad misma. Y para qué decir de un verano: uno de hecho llegaba al colegio con la sensación de reencontrarse con personas a las que no veía hace mucho, mucho tiempo. Pero ahora, ¿qué son dos meses? Al parecer nada, se fueron en un abrir y cerrar de ojos. ¿No sería increíble poder volver por un día, despertarse temprano y jugar por la vida, llegar con las piernas llenas de moretones, cansado, sucio, pero sabiendo cándidamente que se vivió una épica aventura de niñez?
martes, 19 de febrero de 2008
Nietzsche, el pesimismo y la creatividad
Sentemos las bases. ¿Qué es el pesimismo? El mero pronunciamiento de la palabra nos hace entonar los sones marciales de un sentimiento que, por excelencia, cantan los psicólogos, esos voraces lectores de mentes ajenas. Y claro, de inmediato pensamos en los caractéres psicológicos que el "pesimismo" como tal tiene en nosotros. Es una suerte de apatía, una consideración negativa al porvenir y al futuro, es un encerrarse en sí mismo en una cápsula gaseosa y maloliente que no sólo nos ahoga, sino que nos emboba la vista y los sentidos, perdiendo la noción que "allá afuera" se encuentra lo real, que no es necesariamente un "optimismo", pero sí algo verdadero. De más está decir, por tanto, que la acción pesimista es de por sí algo vacío, un ser intrascendente que redunda en las consideraciones personales-negativas que de suyo tiene todo hombre pesimista.
Ahora bien, el pesimista - por cierto - vive una realidad que en esencia no es la que le correspondería vivir. Su realidad, como se dijo, es una cápsula, un cubo transparente que nos engaña, ya que, aún cuando pretendiese considerarse la transparencia como un elemento que no nos separa de la realidad... ¡igualmente podemos ver los vértices del cubo! Con todo, el pesimismo se engaña a sí mismo mediante una curiosa autoeliminación que no es más que la "forma" de una benigna pero, paradójicamente, terrible transparencia. Terrible no por lo que el pesimismo nos obliga a hacer, más bien, porque nos amordaza frente a lo que es propiamente nuestro: el actuar libre y verdadero en la auténtica realidad.
Así, el pesimismo pasa a ser el elemento "árbitro", es decir, aquel frente a lo cual la realidad se enmarca, se "encuba", se ahoga, pero se hace - por así decir - clara y transparente. De alguna manera, entonces, lo pesimista se representa análogamente con Apolo, dios que "ilumina", que "figura" y "forma", pero que lo hace desde una perspectiva aparencial, no verdadera. ¿Y acaso los griegos no percibían esta trampa tragi-cómica de sus vidas? ¿Acaso no se vangloriaban con la rectitud de sus instituciones y la altitud de sus ciudadanos? ¡Claro que sí! pero estaban en un estado que les adormecía y los hacía adorar la grandiosidad de sí mismos. Apolo también es el opio, Apolo "forma" a esos hombres y "figura" esos palacios. Pero el opio se desvanece y el letargo también pasa a la vitalidad, ahora, antes del precipicio onírico de la realidad, aparece Sileno con su megáfono gritando: ¡Griegos, despierten!
Así como se necesita el descanso después del ejercicio, también se necesita del estado adecuado para ponerse a ejercitar. Puede sonar gracioso, pero el "acondicionador físico", es decir, aquel que con entusiasta alegría y una casi patológica energía viene a despertar a los individuos embobados por la contemplación figurativa, aquel que trae las odas a la alegría y la fanfarrea de una orquesta de mil músicos es Dionisos. ¡Qué terror debieron sentir aquellos griegos que en ese estado de estupidez aritmética fueron remesidos por una furia ardiente de trompetas y animales!... pero qué alivio posterior, qué energía intensa, qué endulzante sabroso nos traía Dionisos. Precisamente, él nos despierta, y por él damos cuenta que estamos destinados a algo más grande y superior. Ya no estamos para que se nos forme, ahora nosotros estamos capacitados para crear, desde nuestra propia interioridad, el himno Dionisíaco-embriagante de la belleza verdadera. Tal cual. Sin prefiguraciones ni delimitaciones arbitrarias ¡hagamos música! - exclama Dionisos - y así como con Apolo se hizo la luz, con Dionisos se hizo la música.
¿Qué significa todo esto? que la creatividad supone un estado distinto, inferior, y de lo qe se necesita es de un remesón "Silénico" que nos saque de las formas y figuras, de la racionalidad y las leyes, porque solo creamos cuando somos realmente libres.
Ahora bien, el pesimista - por cierto - vive una realidad que en esencia no es la que le correspondería vivir. Su realidad, como se dijo, es una cápsula, un cubo transparente que nos engaña, ya que, aún cuando pretendiese considerarse la transparencia como un elemento que no nos separa de la realidad... ¡igualmente podemos ver los vértices del cubo! Con todo, el pesimismo se engaña a sí mismo mediante una curiosa autoeliminación que no es más que la "forma" de una benigna pero, paradójicamente, terrible transparencia. Terrible no por lo que el pesimismo nos obliga a hacer, más bien, porque nos amordaza frente a lo que es propiamente nuestro: el actuar libre y verdadero en la auténtica realidad.
Así, el pesimismo pasa a ser el elemento "árbitro", es decir, aquel frente a lo cual la realidad se enmarca, se "encuba", se ahoga, pero se hace - por así decir - clara y transparente. De alguna manera, entonces, lo pesimista se representa análogamente con Apolo, dios que "ilumina", que "figura" y "forma", pero que lo hace desde una perspectiva aparencial, no verdadera. ¿Y acaso los griegos no percibían esta trampa tragi-cómica de sus vidas? ¿Acaso no se vangloriaban con la rectitud de sus instituciones y la altitud de sus ciudadanos? ¡Claro que sí! pero estaban en un estado que les adormecía y los hacía adorar la grandiosidad de sí mismos. Apolo también es el opio, Apolo "forma" a esos hombres y "figura" esos palacios. Pero el opio se desvanece y el letargo también pasa a la vitalidad, ahora, antes del precipicio onírico de la realidad, aparece Sileno con su megáfono gritando: ¡Griegos, despierten!
Así como se necesita el descanso después del ejercicio, también se necesita del estado adecuado para ponerse a ejercitar. Puede sonar gracioso, pero el "acondicionador físico", es decir, aquel que con entusiasta alegría y una casi patológica energía viene a despertar a los individuos embobados por la contemplación figurativa, aquel que trae las odas a la alegría y la fanfarrea de una orquesta de mil músicos es Dionisos. ¡Qué terror debieron sentir aquellos griegos que en ese estado de estupidez aritmética fueron remesidos por una furia ardiente de trompetas y animales!... pero qué alivio posterior, qué energía intensa, qué endulzante sabroso nos traía Dionisos. Precisamente, él nos despierta, y por él damos cuenta que estamos destinados a algo más grande y superior. Ya no estamos para que se nos forme, ahora nosotros estamos capacitados para crear, desde nuestra propia interioridad, el himno Dionisíaco-embriagante de la belleza verdadera. Tal cual. Sin prefiguraciones ni delimitaciones arbitrarias ¡hagamos música! - exclama Dionisos - y así como con Apolo se hizo la luz, con Dionisos se hizo la música.
¿Qué significa todo esto? que la creatividad supone un estado distinto, inferior, y de lo qe se necesita es de un remesón "Silénico" que nos saque de las formas y figuras, de la racionalidad y las leyes, porque solo creamos cuando somos realmente libres.
sábado, 16 de febrero de 2008
La Regla de los 15
Estuve teorizando con un amigo a propósito de la belleza. Llegamos a una conclusión absolutamente superficial, poco profunda, ingenua, insolente y antipática para muchos. No obstante, creo que tiene una utilidad práctica que permite - dicho sea de paso - cierto tipo de comprensión para explicar las causas que llevan a hombres y mujeres a formar pareja. ´
La teoría parte de un punto total y completamente debatible. Incluso más, pensándolo bien, ahora creo que nuestra teoría esteticista no tiene ningún sustento, y más bien parece una burla a cualquier tipo de rigor intelectual. Sin embargo voy a contarla igual, total no se pierde nada. Para empezar, partimos de la base que es posible cuantificar, en un espectro numérico arbitrario, los rangos de belleza física personal desde lo menos bello (lo feo) a lo más bello (lo que deja con la boca abierta). Si se concede este punto, cuestión que yo ahora no haría pero qué diablos, si se concede el punto digo, podemos dar un paso más y explicar porqué las personas buscan de determinado tipo de parejas desde el punto de vista físico y no otro.
Supongamos que el valor mínimo que puede tener nuestra escala es 1. En otras palabras, el número 1 representa a la persona más fea que exista, la horripilancia máxima, la fealdad en su máxima expresión. Ya sé qué me van a decir: que la belleza (y la fealdad por consiguiente) es una cuestión de gustos subjetivos y que es imposible encasillar bajo criterios numéricos un asunto de esta naturaleza. Ok. Pero sigamos el juego por un rato. Además ya dije que ni yo mismo creo en esta teoría pero qué más da. Ya. Ahora, por el otro lado, supongamos que el número 100 representa la belleza más absoluta. No sé pues, digamos que, a ver... ya, digamos que Angelina Jolie es 100 por decir algo nomás. Finalmente, hagamos cuenta que la belleza física entre ambos sexos es comparable. Es decir, que también habrá un hombre con puntaje máximo y mínimo.
La conclusión, por tanto, es que en un rango de belleza del 1 al 100 ninguna persona se emparejará con alguien que esté al menos 15 puntos de distancia de su propia puntuación. O sea, si alguien es 60 jamás estará con alguien 45 (ya es muy fea para él), ni tampoco con alguien 75 (ya le es inalcanzable). Puede estar ciertamente con cualquiera de los rangos intermedios. Por eso yo siempre he dicho que las parejas se parecen. Vale decir, no es que tengan parecido físico, pero sí se encuentran en una escala estética similar; y por la misma razón nunca vemos a un feo con una belleza despampanante (y viceversa). Obviamente esto es suponiendo que no hay intereses del tipo mujer de baywatch que quiere al viejo texano por plata. Por otro lado, esta "teoría" implica que los rangos máximos sólo pueden optar por alguien con su misma puntuación o hacia abajo (en el caso de 100), o hacia arriba (en el caso de 1).
La teoría parte de un punto total y completamente debatible. Incluso más, pensándolo bien, ahora creo que nuestra teoría esteticista no tiene ningún sustento, y más bien parece una burla a cualquier tipo de rigor intelectual. Sin embargo voy a contarla igual, total no se pierde nada. Para empezar, partimos de la base que es posible cuantificar, en un espectro numérico arbitrario, los rangos de belleza física personal desde lo menos bello (lo feo) a lo más bello (lo que deja con la boca abierta). Si se concede este punto, cuestión que yo ahora no haría pero qué diablos, si se concede el punto digo, podemos dar un paso más y explicar porqué las personas buscan de determinado tipo de parejas desde el punto de vista físico y no otro.
Supongamos que el valor mínimo que puede tener nuestra escala es 1. En otras palabras, el número 1 representa a la persona más fea que exista, la horripilancia máxima, la fealdad en su máxima expresión. Ya sé qué me van a decir: que la belleza (y la fealdad por consiguiente) es una cuestión de gustos subjetivos y que es imposible encasillar bajo criterios numéricos un asunto de esta naturaleza. Ok. Pero sigamos el juego por un rato. Además ya dije que ni yo mismo creo en esta teoría pero qué más da. Ya. Ahora, por el otro lado, supongamos que el número 100 representa la belleza más absoluta. No sé pues, digamos que, a ver... ya, digamos que Angelina Jolie es 100 por decir algo nomás. Finalmente, hagamos cuenta que la belleza física entre ambos sexos es comparable. Es decir, que también habrá un hombre con puntaje máximo y mínimo.
La conclusión, por tanto, es que en un rango de belleza del 1 al 100 ninguna persona se emparejará con alguien que esté al menos 15 puntos de distancia de su propia puntuación. O sea, si alguien es 60 jamás estará con alguien 45 (ya es muy fea para él), ni tampoco con alguien 75 (ya le es inalcanzable). Puede estar ciertamente con cualquiera de los rangos intermedios. Por eso yo siempre he dicho que las parejas se parecen. Vale decir, no es que tengan parecido físico, pero sí se encuentran en una escala estética similar; y por la misma razón nunca vemos a un feo con una belleza despampanante (y viceversa). Obviamente esto es suponiendo que no hay intereses del tipo mujer de baywatch que quiere al viejo texano por plata. Por otro lado, esta "teoría" implica que los rangos máximos sólo pueden optar por alguien con su misma puntuación o hacia abajo (en el caso de 100), o hacia arriba (en el caso de 1).
lunes, 11 de febrero de 2008
Cálculo Renal (la peor noche de mi vida)
Dante se equivocó rotundamente. Y yo también. La verdad no estoy muy seguro si, al morir, se abrirá la tierra o ascenderé al cielo; uno que otro pecado de esos bien chiquitos he cometido en mi vida, pero lo que tengo clarísimo es que ya sé lo que me espera si me llegase a pillar el señor de tridente. Lo más difícil es intentar encontrar palabras para describirlo, así que partiré desde el principio principio.
Tipo 9:00pm de la semana pasada empiezo con una "molestia" en la espalda. Ni siquiera da para molestia, pero lo menciono por si acaso. Sin hacer mucho caso me dediqué a ver televisión y leer un poco antes de dormir. Gran sorpresa me esperaba. Cerca de las 12:00 la molestia se había transformado en incomodidad, y ésta había pasado más temprano que tarde a ser dolor con todas sus letras. Pero todo el mundo ha tenido un dolor, así que no es para preocuparse. De hecho pensé que era algo muscular o cualquier otra cosa. Pero no. Ya que el dolor experimentó un mutación apocalíptica y se transformó en otra cosa. Y ya no era dolor, era literalmente tortura china. Y lo que se soportaba ya era insoportable, y los gemidos un tanto minimizados por la incredulidad se cambiaban por gritos de loco. No hay exageración alguna: imagínense que alguien les está tratando de sacar el riñón con una cuchara y que mientras tanto otros cuantos les clavaran 3 cuchillos a la misma altura, y que además les tiraran ácido, les trituraran los órganos y les insertaran agujas por doquier. Multipliquen por 10 y tendrán una idea vaga de la experimentación tortuosa.
Lamentablemente la vida de soltero también me pasa la cuenta. Como vivo solo no tenía a nadie que me ayudara. Era absolutamente imposible manejar por lo que tampoco podía ir a alguna urgencia de un hospital en mi auto. En el estado infernal en que me encontraba aún alcanzaba a recordar uno de los consejos para aliviar este tipo de dolores: llenar una tina con agua hirviendo y sumergirse en ella. Dicho y hecho. El agua caliente logró aliviar por cinco minutos el dolor pero lueguito se pasó y seguimos en lo mismo. El dolor era total y absolutamente insoportable. Cómo será el asunto que en ese momento tenía dos tipos de pensamientos. El primero hacía referencia a un deseo voluntariamente suicida y que, en pocas palabras, decía: "mátenme ahora ya!"; el segundo eran todo tipo de vascilaciones existenciales ligadas a la no existencia de Dios y cosas por el estilo, además de imploraciones al cielo por el término de la crueldad.
Eran las 2:00am y realmente estaba pensando en tirarme por la ventana. Sin embargo, la razón pudo más y con un esfuerzo sobrehumano me incorporé para llamar por teléfono a un amigo que vivía cerca para que pudiera ayudarme. Con más instinto que observación disqué el número y me atiende él. Lo único que atino decirle es: "cal.... aaarrghhh... cal... cálculo... cálculo renal... ayu.... ayuda.... uuoooohhh... ayúdameeee!!!" Imagínense el numerito. Por suerte mi amigo entendió de inmediato. En unos 15 minutos estaba en la puerta de mi departamento; había pasado a una farmacia a comprar un analgésico el cual recibí con lágrimas en los ojos. En un dos por tres me tomé el analgésico y quedamos de esperar 20 minutos para ver se hacía efecto, en caso contrario partiríamos a una clínica. Cual pócima milagrosa el dolor comenzó a mermar y en media hora habíamos vuelto a un dolor absolutamente soportable. Una hora más tarde el dolor bajó otro nivel y quedé con una molestia. Sin poder dormir, y siendo ya las 4:00am me dediqué a tomar líquido, líquido, líquido.
Cerca de las 8:00am fui al baño y boté la piedra. Era del porte de un grano de pimienta...
Tipo 9:00pm de la semana pasada empiezo con una "molestia" en la espalda. Ni siquiera da para molestia, pero lo menciono por si acaso. Sin hacer mucho caso me dediqué a ver televisión y leer un poco antes de dormir. Gran sorpresa me esperaba. Cerca de las 12:00 la molestia se había transformado en incomodidad, y ésta había pasado más temprano que tarde a ser dolor con todas sus letras. Pero todo el mundo ha tenido un dolor, así que no es para preocuparse. De hecho pensé que era algo muscular o cualquier otra cosa. Pero no. Ya que el dolor experimentó un mutación apocalíptica y se transformó en otra cosa. Y ya no era dolor, era literalmente tortura china. Y lo que se soportaba ya era insoportable, y los gemidos un tanto minimizados por la incredulidad se cambiaban por gritos de loco. No hay exageración alguna: imagínense que alguien les está tratando de sacar el riñón con una cuchara y que mientras tanto otros cuantos les clavaran 3 cuchillos a la misma altura, y que además les tiraran ácido, les trituraran los órganos y les insertaran agujas por doquier. Multipliquen por 10 y tendrán una idea vaga de la experimentación tortuosa.
Lamentablemente la vida de soltero también me pasa la cuenta. Como vivo solo no tenía a nadie que me ayudara. Era absolutamente imposible manejar por lo que tampoco podía ir a alguna urgencia de un hospital en mi auto. En el estado infernal en que me encontraba aún alcanzaba a recordar uno de los consejos para aliviar este tipo de dolores: llenar una tina con agua hirviendo y sumergirse en ella. Dicho y hecho. El agua caliente logró aliviar por cinco minutos el dolor pero lueguito se pasó y seguimos en lo mismo. El dolor era total y absolutamente insoportable. Cómo será el asunto que en ese momento tenía dos tipos de pensamientos. El primero hacía referencia a un deseo voluntariamente suicida y que, en pocas palabras, decía: "mátenme ahora ya!"; el segundo eran todo tipo de vascilaciones existenciales ligadas a la no existencia de Dios y cosas por el estilo, además de imploraciones al cielo por el término de la crueldad.
Eran las 2:00am y realmente estaba pensando en tirarme por la ventana. Sin embargo, la razón pudo más y con un esfuerzo sobrehumano me incorporé para llamar por teléfono a un amigo que vivía cerca para que pudiera ayudarme. Con más instinto que observación disqué el número y me atiende él. Lo único que atino decirle es: "cal.... aaarrghhh... cal... cálculo... cálculo renal... ayu.... ayuda.... uuoooohhh... ayúdameeee!!!" Imagínense el numerito. Por suerte mi amigo entendió de inmediato. En unos 15 minutos estaba en la puerta de mi departamento; había pasado a una farmacia a comprar un analgésico el cual recibí con lágrimas en los ojos. En un dos por tres me tomé el analgésico y quedamos de esperar 20 minutos para ver se hacía efecto, en caso contrario partiríamos a una clínica. Cual pócima milagrosa el dolor comenzó a mermar y en media hora habíamos vuelto a un dolor absolutamente soportable. Una hora más tarde el dolor bajó otro nivel y quedé con una molestia. Sin poder dormir, y siendo ya las 4:00am me dediqué a tomar líquido, líquido, líquido.
Cerca de las 8:00am fui al baño y boté la piedra. Era del porte de un grano de pimienta...
miércoles, 30 de enero de 2008
Ambición
Las Hienas reían. Súbitamente hablaron de mí y dijeron: "vuestra ambición no tiene límites". Incrédulo pensé en mi corazón y horrorizado caí en la tenue oscuridad de la mediocridad. Luché contra fabulosas criaturas en pantanos y desiertos, las risas lo rodeaban todo, habían hundido el espíritu y la pasión. No es un "algo", se ambiciona por algo: Busco la divina inspiración el raciocinio involuntario, el estado musical y la estrella danzarina. - Sois un ambicioso.
Busco un intelecto que improvise, que se llene de júbilo al expresar el ser, que sea ingenuo y alegre. - Sois un ambicioso.
Busco a la benigna serpiente dorada, al sueño que le da vida a la vida, al devenir intuitivo. - Sois un ambicioso.
Busco una pesada carga, un camino difícil y bello, un paisaje aterradoramente calmo. - Sois un ambicioso.
Busco lo Uno y lo Infinito, lo Bueno y lo Bello, lo atemporal y divino. - Sois un ambicioso.
Busco la risa, la sorpresa, la satisfacción, el placer verdadero; busco un detonante y una cascada cristalina. Busco un Océano, busco piedras de oro y trompetas de cobre, me busco a mí mismo y a mí espíritu. Bailo y reflexiono, busco una intuición genial, busco una mirada, una señal, busco olor a madera y libro viejo. - Sois un ambicioso.
Entre risas y burlas las hienas dieron media vuelta y se fueron, ambicionando no haberme encontrado. Mi espíritu y mi corazón están hinchados de ambición.
Busco un intelecto que improvise, que se llene de júbilo al expresar el ser, que sea ingenuo y alegre. - Sois un ambicioso.
Busco a la benigna serpiente dorada, al sueño que le da vida a la vida, al devenir intuitivo. - Sois un ambicioso.
Busco una pesada carga, un camino difícil y bello, un paisaje aterradoramente calmo. - Sois un ambicioso.
Busco lo Uno y lo Infinito, lo Bueno y lo Bello, lo atemporal y divino. - Sois un ambicioso.
Busco la risa, la sorpresa, la satisfacción, el placer verdadero; busco un detonante y una cascada cristalina. Busco un Océano, busco piedras de oro y trompetas de cobre, me busco a mí mismo y a mí espíritu. Bailo y reflexiono, busco una intuición genial, busco una mirada, una señal, busco olor a madera y libro viejo. - Sois un ambicioso.
Entre risas y burlas las hienas dieron media vuelta y se fueron, ambicionando no haberme encontrado. Mi espíritu y mi corazón están hinchados de ambición.
miércoles, 23 de enero de 2008
Cita a Ciegas
El sábado recién pasado participé de las llamadas "citas a ciegas". No es que me haya suscrito a alguna página web del tipo buscatupareja.com o algo por el estilo (si es que existen), pero accedí de buena manera a la sugerencia de una amiga. En pocas palabras, en algún carrete sin fecha ni motivo, alguna mujer anónima preguntó por mí. Supongo que debe de haber sido algo así como "y quién es él" más un piropo diluido por el ambiente y el alcohol. La cosa es que se habló de mí - lo suficiente para mantener el ego tranquilo por un par de semanas - hasta que el intermediario (mi amiga) me lo cantó de forma directa: "oye, le tincaste a esta mina y, la verdad, podrían salir juntos y ver qué pasa". Claramente mi primera reacción fue de incertidumbre y, al rato después, por una cuestión obvia, parecía Sherlock Holmes tratando de averiguar lo posible sobre esta misteriosa mujer antes de tomar una decisión. No hay que ser genio para entender que mi amiga me habló maravillas de esta otra: "Daniela".
La verdad es que ya no me encuentro con la paciencia necesaria para esforzarme en engrupir, conquistar o agarrar a alguien que no conozco en carretes caseros con personas medianamente conocidas. Afortunadamente - en lo que parece ser una tónica del mundo actual - mis amigas con ventaja me tienen suficientemente cubierto como para intentar algo más, razón por la cual nunca había obervado mayormente a Daniela. Es probable que si hubiese tenido que reconocerla de un montón de fotos, o de una fila de sospechosos de un crimen como en las películas, hubiese dicho "sí, a ella creo que la he visto", pero poco importa eso ahora. El asunto es que, gracias al buen oficio de mi amiga y de que ese sábado en particular no tenía absolutamente nada que hacer, quedé de llamar a la famosa Daniela y acordar algo. Sin compromisos ni nada pero con la mente abierta a cualquier cosa.
Con más costumbre que creatividad quedamos de juntarnos a tomar algo. Le pregunté si quería que la pasara a buscar. Me dijo que no, que llegaría sola y que no me preocupara; mal que mal, si las cosas salían mal cada uno podría ahorrarse un viaje con mala compañía. En todo caso, llegué de manera extraordinariamente puntual. Y como era de esperarse estuve tomando una cerveza por 10 minutos antes de verla aparecer. Cuando la vi la reconocí de inmediato. Nunca había hablado con ella pero indudablemente habíamos compartido el tiempo y el espacio en algún momento y en algún carrete. Ahora, yo no sé cuál es mi capacidad real de determinar y describir estéticamente a una mujer (o a quien sea a decir verdad), pero ella es una mujer bellísima. No. Me equivoqué. No es que sea hermosa o bella, y que den ganas de mirarla en un estado de consternación. La verdad es que Daniela era - según lenguaje chilensis - rica, bien rica, y ciertamente no despertaba sensaciones esteticistas de contemplación mística. Al contrario, despertaba eso otro algo más oscuro y menos racional, y tal vez por eso mismo más provocativo. En fin. Nos saludamos y desde el momento en que se sentó empezó la peor experiencia de mi vida.
Resulta que Daniela era de esas personas que podríamos denominar "curiosas", o si somos más cara duras, loca o psicópata. Lo primero que me dice al sentarse es: "oye, y se vamos a echarle bencina al auto???", no es broma. Yo obviamente le digo: "eh, te quedaste sin bencina??"; - "No, pero igual podríamos ir para hacer algo..." - (Imagínense unos grillos haciendo ruido). Sin creer aún lo que escuchaba la digo: "bueno, pero por qué no te pides algo y conversamos"... no había terminado de decir "conversamos" cuando esta loca de patio se pone a GRITAR "me pueden atender!!!". La mitad del local se da vuelta, dos mozos llegan de inmediato para preguntar qué necesita y ella les dice (afírmense): "me puedes traer un chicle de menta???". En cinco minutos una mina estupeda se tranformaba en una potencial asesina múltiple.
Tratando de mantener la calma invento conversación de la nada, pero no llevaba ni cinco palabras cuando ella se levanta súbitamente y se va. En este momento mi nivel de desconcierto era máximo. Treinta segundos después vuelve nuevamente y me dice que tenía que ir al baño porque "tenía un bicho en el calcetín". Ahí yo pensé que podía estar tomando algún medicamento o algo... no sé, no tenía explicación... pero le pregunto si se sentía bien, si le pasaba algo. Ella me respondé que estaba increíble. En el resto de los 40 minutos que duró el encuentro Daniela se puso a llorar dos veces, grito tres veces al mozo, me obligó a cambiarme de mesa porque aquella tenía "mala vibra", le habló 1 vez a las personas que estaban sentadas al lado mío y se tomó dos piscolas y un té verde. Después de 40 minutos inventé que me sentía mal y me tenía que ir. Ella ofreció llevarme y "cuidarme", pero respondí que no era necesario. Se despidió con un abrazo apretado que duró mucho tiempo y me dijo que me llamaría. Gracias a Dios todavía no suena el teléfono. Apenas llegué a mi casa ese día le envié un mail a mi amiga agradeciéndole por la excelente velada que su amiga Daniela me había hecho pasar.
La verdad es que ya no me encuentro con la paciencia necesaria para esforzarme en engrupir, conquistar o agarrar a alguien que no conozco en carretes caseros con personas medianamente conocidas. Afortunadamente - en lo que parece ser una tónica del mundo actual - mis amigas con ventaja me tienen suficientemente cubierto como para intentar algo más, razón por la cual nunca había obervado mayormente a Daniela. Es probable que si hubiese tenido que reconocerla de un montón de fotos, o de una fila de sospechosos de un crimen como en las películas, hubiese dicho "sí, a ella creo que la he visto", pero poco importa eso ahora. El asunto es que, gracias al buen oficio de mi amiga y de que ese sábado en particular no tenía absolutamente nada que hacer, quedé de llamar a la famosa Daniela y acordar algo. Sin compromisos ni nada pero con la mente abierta a cualquier cosa.
Con más costumbre que creatividad quedamos de juntarnos a tomar algo. Le pregunté si quería que la pasara a buscar. Me dijo que no, que llegaría sola y que no me preocupara; mal que mal, si las cosas salían mal cada uno podría ahorrarse un viaje con mala compañía. En todo caso, llegué de manera extraordinariamente puntual. Y como era de esperarse estuve tomando una cerveza por 10 minutos antes de verla aparecer. Cuando la vi la reconocí de inmediato. Nunca había hablado con ella pero indudablemente habíamos compartido el tiempo y el espacio en algún momento y en algún carrete. Ahora, yo no sé cuál es mi capacidad real de determinar y describir estéticamente a una mujer (o a quien sea a decir verdad), pero ella es una mujer bellísima. No. Me equivoqué. No es que sea hermosa o bella, y que den ganas de mirarla en un estado de consternación. La verdad es que Daniela era - según lenguaje chilensis - rica, bien rica, y ciertamente no despertaba sensaciones esteticistas de contemplación mística. Al contrario, despertaba eso otro algo más oscuro y menos racional, y tal vez por eso mismo más provocativo. En fin. Nos saludamos y desde el momento en que se sentó empezó la peor experiencia de mi vida.
Resulta que Daniela era de esas personas que podríamos denominar "curiosas", o si somos más cara duras, loca o psicópata. Lo primero que me dice al sentarse es: "oye, y se vamos a echarle bencina al auto???", no es broma. Yo obviamente le digo: "eh, te quedaste sin bencina??"; - "No, pero igual podríamos ir para hacer algo..." - (Imagínense unos grillos haciendo ruido). Sin creer aún lo que escuchaba la digo: "bueno, pero por qué no te pides algo y conversamos"... no había terminado de decir "conversamos" cuando esta loca de patio se pone a GRITAR "me pueden atender!!!". La mitad del local se da vuelta, dos mozos llegan de inmediato para preguntar qué necesita y ella les dice (afírmense): "me puedes traer un chicle de menta???". En cinco minutos una mina estupeda se tranformaba en una potencial asesina múltiple.
Tratando de mantener la calma invento conversación de la nada, pero no llevaba ni cinco palabras cuando ella se levanta súbitamente y se va. En este momento mi nivel de desconcierto era máximo. Treinta segundos después vuelve nuevamente y me dice que tenía que ir al baño porque "tenía un bicho en el calcetín". Ahí yo pensé que podía estar tomando algún medicamento o algo... no sé, no tenía explicación... pero le pregunto si se sentía bien, si le pasaba algo. Ella me respondé que estaba increíble. En el resto de los 40 minutos que duró el encuentro Daniela se puso a llorar dos veces, grito tres veces al mozo, me obligó a cambiarme de mesa porque aquella tenía "mala vibra", le habló 1 vez a las personas que estaban sentadas al lado mío y se tomó dos piscolas y un té verde. Después de 40 minutos inventé que me sentía mal y me tenía que ir. Ella ofreció llevarme y "cuidarme", pero respondí que no era necesario. Se despidió con un abrazo apretado que duró mucho tiempo y me dijo que me llamaría. Gracias a Dios todavía no suena el teléfono. Apenas llegué a mi casa ese día le envié un mail a mi amiga agradeciéndole por la excelente velada que su amiga Daniela me había hecho pasar.
martes, 15 de enero de 2008
El Dinero
Tengo una amiga para la cual el dinero lo es todo. Piensa, percibe y oberva en pesos $$. Y vive su vida contando dinero, tal como algunos viven la suya contando ovejas antes de dormir. Más de alguna discusión hemos tenido gracias al tema famoso, en general no sobre el dinero mismo, pero sí sobre alguna u otra materia que de manera indirecta se relacione con él. Por ejemplo, el otro día hablábamos de las carreras que cada uno había elegido para estudiar y del trabajo que cada quien tenía. Tenemos, lamentablemente, algunos amigos cuya motivación intelectual los llevó a escoger caminos que no han dado el fruto material que otros sí han conseguido (trabajo), y eso es fuertemente criticado por esta amiga. Con decir que, para ella, la única variable para considerar al momento de estudiar una carrera universitaria es el rédito económico que se podrá obtener una vez egresado. Yo - afortunadamente - pienso distinto. Y, en alguna medida, es algo decepcionante obervar como en esta moderna sociedad el valor de las cosas va ineludiblemente regida por ceros y unos. Quizás mi idealismo personal raya en la candidez. Pero, a decir verdad, aún mantengo la esperanza de evitar caer en el materialismo ideológico, a pesar de que cada vez más personas piensen así.
Por suerte no he tenido siquiera la posibilidad de poner a pensarme en una vida con exceso o con necesidad de dinero. Eso no quiere decir que sea multimillonario, pero con mi trabajo me sobra y me basta. Y como no necesito comprarme un Ferrari, ni un Yate, ni alojarme en la suite presidencial del Burj Al-Arab, siento que las discusiones acerca del dinero son un tanto innecesarias. Al mismo tiempo, creo que soy menos ambicioso que la gran mayoría, porque de otra manera no me explico que la consigna ocasional de la conversación grupal sea acerca de cómo amasar más fortuna. Por el otro lado, tal vez habría que discutir más acerca de aquellas cosas que, por lo general, son relegadas a un segundo, tercer o cuarto plano por el encandilamiento que producen los billetes. Sobran los ejemplos de personas que, aún con todo el dinero del mundo, viven ensombrecidos por la falta de eso mismo que decimos cuando estornudamos una, dos y tres veces seguidas.
Por suerte no he tenido siquiera la posibilidad de poner a pensarme en una vida con exceso o con necesidad de dinero. Eso no quiere decir que sea multimillonario, pero con mi trabajo me sobra y me basta. Y como no necesito comprarme un Ferrari, ni un Yate, ni alojarme en la suite presidencial del Burj Al-Arab, siento que las discusiones acerca del dinero son un tanto innecesarias. Al mismo tiempo, creo que soy menos ambicioso que la gran mayoría, porque de otra manera no me explico que la consigna ocasional de la conversación grupal sea acerca de cómo amasar más fortuna. Por el otro lado, tal vez habría que discutir más acerca de aquellas cosas que, por lo general, son relegadas a un segundo, tercer o cuarto plano por el encandilamiento que producen los billetes. Sobran los ejemplos de personas que, aún con todo el dinero del mundo, viven ensombrecidos por la falta de eso mismo que decimos cuando estornudamos una, dos y tres veces seguidas.
martes, 8 de enero de 2008
Entre dar jugo y la buena onda
Varios de mis amigos se están casando, y otros van derechito al cadalzo (o al cielo, dependiendo de como se mire). Por razones que escapan a mi comprensión, después de los veintinco empieza, para muchas personas, un frenazo con olor a caucho. Estas personas lo caracterizan como "madurez", "iluminismo moral", "sentar cabeza" y otro tipo de términos autocomplacientes que nadie sabe muy bien qué significan, pero que - al menos - suena bien, como si fuera parte de una profunda reflexión mística acompañada de inhalaciones de pañal de adulto. La verdad es que no sé si esas pseudo-decisiones existencialistas corresponden a imposiciones forzosas de aquella vocecita vestida de blanco, con alas emplumadas y aureola brillante; o si, por el contrario, son motivadas por una reacción en cadena de personas con remordimientos éticos. Para mí, el único resultado práctico es perder personas con las cuales puedo divertirme como Dios manda y, desde el otro lado, ganar vejestorios del carrete y conciencias críticas hacia lo que se hace, y lo que se deja de hacer, dicho sea de paso.
Porque, al final del día, algunos siguen siendo como son, lo que significa que si hemos de carretear hay que hacerlo de acuerdo a lo que el espíritu aconseja. Y a éste definitivamente no le gustan esas reuniones donde de lo único que se habla es del trabajo, de quién es el próximo matrimonio, de quién está esperando guagua, de qué rico que está el pisco sour, y de "qué tarde es (1:00am) hay que irse". Paso. En serio. Más aún, le estoy haciendo el quite a ese tipo de invitaciones, no tanto porque no me interesen, sino porque me pierdo de cosas mejores. Obviamente, de manera ocasional, debo responder a las invitaciones con una sonrisa más parecida a una mueca (agradecimientos al imperativo moral kantiano de pasadita), ya que, mal que mal, no quiero seguir perdiendo amigos; pero, a decir verdad, cada vez estiro el elástico hasta poquito antes de que se corte: tampoco quiero que me dejen de invitar.
No deja de ser fácil adiviniar que prefiero, con toda claridad, una buena conversación con piscola en mano, o vodka tonic, o whisky si las cosas andan bien, en eso que se llama "previa"; y después - si los planetas están bien alineados - terminar en algún local donde el jugo y la buena onda corran como los ríos de vino que antiguamente era provisto por Baco (otro tipo simpático). Porque con un par de copas - y contrario a lo que pueda pensarse - caigo en la felicidad eufórica, la palabra fácil, la buena onda y la simpatía. Y cuando las copas se multiplican con el correr de la noche tiendo a ponerme un poquito "cariñoso", cuestión que muchas amigas toman con simpatía (y aprovechamiento) pero que otras, con clara influencia de la genética anglosajona, sólo miran a la distancia. Y lo que me queda clarísimo es que, en último término, si bien el carnet de identidad puede decir una cosa, eso no impide a que restemos números y vivamos acorde a nuestro jovial y alegre espíritu. Hasta que se pueda... o hasta que queden ganas.
Porque, al final del día, algunos siguen siendo como son, lo que significa que si hemos de carretear hay que hacerlo de acuerdo a lo que el espíritu aconseja. Y a éste definitivamente no le gustan esas reuniones donde de lo único que se habla es del trabajo, de quién es el próximo matrimonio, de quién está esperando guagua, de qué rico que está el pisco sour, y de "qué tarde es (1:00am) hay que irse". Paso. En serio. Más aún, le estoy haciendo el quite a ese tipo de invitaciones, no tanto porque no me interesen, sino porque me pierdo de cosas mejores. Obviamente, de manera ocasional, debo responder a las invitaciones con una sonrisa más parecida a una mueca (agradecimientos al imperativo moral kantiano de pasadita), ya que, mal que mal, no quiero seguir perdiendo amigos; pero, a decir verdad, cada vez estiro el elástico hasta poquito antes de que se corte: tampoco quiero que me dejen de invitar.
No deja de ser fácil adiviniar que prefiero, con toda claridad, una buena conversación con piscola en mano, o vodka tonic, o whisky si las cosas andan bien, en eso que se llama "previa"; y después - si los planetas están bien alineados - terminar en algún local donde el jugo y la buena onda corran como los ríos de vino que antiguamente era provisto por Baco (otro tipo simpático). Porque con un par de copas - y contrario a lo que pueda pensarse - caigo en la felicidad eufórica, la palabra fácil, la buena onda y la simpatía. Y cuando las copas se multiplican con el correr de la noche tiendo a ponerme un poquito "cariñoso", cuestión que muchas amigas toman con simpatía (y aprovechamiento) pero que otras, con clara influencia de la genética anglosajona, sólo miran a la distancia. Y lo que me queda clarísimo es que, en último término, si bien el carnet de identidad puede decir una cosa, eso no impide a que restemos números y vivamos acorde a nuestro jovial y alegre espíritu. Hasta que se pueda... o hasta que queden ganas.
lunes, 7 de enero de 2008
El Liderazgo de Bachelet
Desde que Michelle Bachelet fue elegida presidente de Chile y a medida que su gobierno ha ido avanzando, son cada vez más frecuentes los análisis y comentarios respecto de su liderazgo (o falta de liderazgo habría que decir). Las continuas crisis políticas, los cambios de gabinete, la incapacidad de manejar la agenda pública y la sensación térmica de desorden al interior del Ejecutivo, suelen tener su origen en un liderazgo amorfo y deforme que es ejercido por Bachelet de forma esquiva. Si bien concuerdo con parte de los análisis referidos al liderazgo, la realidad - a mi modo de ver - es mucho más compleja.
En general, quien realiza una crítica al "liderazgo" de Bachelet o de quien sea, parte por un análisis comparativo a partir de un constructo conceptual propio. Obviamente que cuando alguien dice "a tal o cual le falta liderazgo" está implícitamente comparando una obervación real con un concepto mental. La distancia entre ese concepto y la realidad concluirán en la falta, equivalencia o exceso de liderazgo. Por la misma razón, difícilmente podría hablarse del liderazgo en términos unívocos, por cuanto su propia definición vendrá dada por la cognición subjetiva del individuo y - no hay que leerse la mano entre gitanos - nadie vive con un diccionario definitorio en su hablar cotidiano, por lo que decir "falta de liderazgo", así, de manera tan suelta, me parece que es faltar a la seriedad en el análisis.
Hace poco leí un texto del titán de la Sociología moderna (Max Weber) que tocaba este punto de manera excepcional. Dice Weber que hay tres formas de liderazgo, cuya génesis se encuentra en la interacción personal que alguien tiene con la sociedad y en la conformación variable de determinadas formas de acción simbólica. Liderazgo, de partida, significa una relación entre alguien que lo ejerce y otro que lo recibe. Implica una relación de superioridad, de orientación, de seguimiento; y está circunscrito a relaciones formales, espontáneas o parte de las dos. Así, en primer lugar, Weber dice que tenemos un liderazgo "tradicional", el cual se genera de manera histórica y a partir de la costumbre. Los gerentes tienen este liderazgo porque su puesto así lo indica. Quienes lo siguen no necesariamente concuerdan con él, pero deben hacerlo dada la relación de subordinación. Con los Presidentes pasa más o menos lo mismo. Y ciertamente un hijo obedece a su padre porque históricamente los mayores tienen condiciones de superioridad (física y psicológica) durante las primeras etapas de la vida. Bachelet, de acuerdo a esto, posee ciertamente un liderazgo "tradicional", ya que es efectivamente la presidente, sus colaboradores pueden no estar de acuerdo con ella pero deben obedecerla o ser despedidos, y porque su status presidencial la ubica en el escalafón más alto de la pirámide distributiva de poder.
Hay, después, un liderazgo denominado "carismático". Éste surge de las características de la personalidad de un individuo, que le hacen aparecer atractivo a los demás. Este liderazgo aparece mucho más natural y de forma espontánea al tradicional. Quienes ejercen un liderazgo "carismático" usualmente no se dan cuenta de él, pero las personas lo escuchan y probablemente siguen porque el individuo de liderazgo carismático refleja ideas y sentimientos con los cuales los demás se sienten identificados. A veces, en las reuniones sociales, uno se da cuenta de esta relación: hay personas que cuando hablan todos la escuchan en un estado de fascinación. Estas personas despiertan interés y, ciertamente, ese interés demuestra cierto tipo de superioridad (intersubjetiva) con relación a los demás. Desde este punto de vista, Bachelet también posee carisma y, más aún, parte de su capital político responde a este tipo de liderazgo. Hay que recordar que fue elegida justamente por despertar interés, fascinación y otro tipo de atributos intangibles como son "cercanía" y "sensibilidad".
Por último, se habla de un liderazgo "autoritario". Éste también implica ciertos rasgos de personalidad, pero está mucho más ligado a asuntos de poder, de persuasión y de carácter. Quienes ejercen liderazgo autoritario también se ven acompañados por una capacidad real en los asuntos en los cuales se desenvuelven. En este sentido, por autoritario no hay que entender un liderazgo por la fuerza, sino por la "autoridad" de quien lo representa. Así, por ejemplo, Einstein éjercería un liderazgo de este tipo porque es una autoridad y un experto en las materias que trata. Evidentemente, no basta con un expertise de este tipo, debe existir una manifestación explícita y potente de las condiciones de mando. Ciertamente, este liderazgo esta asociado a la política real. Y es éste el tipo de liderazgo del cual Bachelet carece y del cual, presumo, todo el mundo comenta al hablar genéricamente de liderazgo. Las causas no van necesariamente en la preparación intelectual de Bachelet, sino en su experiencia política en cargos de relevancia. Hay que recordar que Bachelet no tiene una trayectoria política de peso sino hasta sus cargos ministeriales, y, esto se ha dicho hasta el cansancio, no pertenece a la elite concertacionista y fundadora. Yo no tengo duda alguna que más de una persona en la coalición gobernante vio con ojos de envidia y escepticismo la llegada de Bachelet al poder, y es plausible pensar en comentarios de pasillos del tipo "cómo yo... que tengo más experiencia y llevo más años en esto debo obedecerle a una aparecida". No obstante, la explotación de los otros tipo de liderazgo pueden minimizar la carencia de este último. Y lo que debiera hacer la presidente es, precisament, explotar sus características personales más que intentar adquirir algo que, de momento, carece.
En general, quien realiza una crítica al "liderazgo" de Bachelet o de quien sea, parte por un análisis comparativo a partir de un constructo conceptual propio. Obviamente que cuando alguien dice "a tal o cual le falta liderazgo" está implícitamente comparando una obervación real con un concepto mental. La distancia entre ese concepto y la realidad concluirán en la falta, equivalencia o exceso de liderazgo. Por la misma razón, difícilmente podría hablarse del liderazgo en términos unívocos, por cuanto su propia definición vendrá dada por la cognición subjetiva del individuo y - no hay que leerse la mano entre gitanos - nadie vive con un diccionario definitorio en su hablar cotidiano, por lo que decir "falta de liderazgo", así, de manera tan suelta, me parece que es faltar a la seriedad en el análisis.
Hace poco leí un texto del titán de la Sociología moderna (Max Weber) que tocaba este punto de manera excepcional. Dice Weber que hay tres formas de liderazgo, cuya génesis se encuentra en la interacción personal que alguien tiene con la sociedad y en la conformación variable de determinadas formas de acción simbólica. Liderazgo, de partida, significa una relación entre alguien que lo ejerce y otro que lo recibe. Implica una relación de superioridad, de orientación, de seguimiento; y está circunscrito a relaciones formales, espontáneas o parte de las dos. Así, en primer lugar, Weber dice que tenemos un liderazgo "tradicional", el cual se genera de manera histórica y a partir de la costumbre. Los gerentes tienen este liderazgo porque su puesto así lo indica. Quienes lo siguen no necesariamente concuerdan con él, pero deben hacerlo dada la relación de subordinación. Con los Presidentes pasa más o menos lo mismo. Y ciertamente un hijo obedece a su padre porque históricamente los mayores tienen condiciones de superioridad (física y psicológica) durante las primeras etapas de la vida. Bachelet, de acuerdo a esto, posee ciertamente un liderazgo "tradicional", ya que es efectivamente la presidente, sus colaboradores pueden no estar de acuerdo con ella pero deben obedecerla o ser despedidos, y porque su status presidencial la ubica en el escalafón más alto de la pirámide distributiva de poder.
Hay, después, un liderazgo denominado "carismático". Éste surge de las características de la personalidad de un individuo, que le hacen aparecer atractivo a los demás. Este liderazgo aparece mucho más natural y de forma espontánea al tradicional. Quienes ejercen un liderazgo "carismático" usualmente no se dan cuenta de él, pero las personas lo escuchan y probablemente siguen porque el individuo de liderazgo carismático refleja ideas y sentimientos con los cuales los demás se sienten identificados. A veces, en las reuniones sociales, uno se da cuenta de esta relación: hay personas que cuando hablan todos la escuchan en un estado de fascinación. Estas personas despiertan interés y, ciertamente, ese interés demuestra cierto tipo de superioridad (intersubjetiva) con relación a los demás. Desde este punto de vista, Bachelet también posee carisma y, más aún, parte de su capital político responde a este tipo de liderazgo. Hay que recordar que fue elegida justamente por despertar interés, fascinación y otro tipo de atributos intangibles como son "cercanía" y "sensibilidad".
Por último, se habla de un liderazgo "autoritario". Éste también implica ciertos rasgos de personalidad, pero está mucho más ligado a asuntos de poder, de persuasión y de carácter. Quienes ejercen liderazgo autoritario también se ven acompañados por una capacidad real en los asuntos en los cuales se desenvuelven. En este sentido, por autoritario no hay que entender un liderazgo por la fuerza, sino por la "autoridad" de quien lo representa. Así, por ejemplo, Einstein éjercería un liderazgo de este tipo porque es una autoridad y un experto en las materias que trata. Evidentemente, no basta con un expertise de este tipo, debe existir una manifestación explícita y potente de las condiciones de mando. Ciertamente, este liderazgo esta asociado a la política real. Y es éste el tipo de liderazgo del cual Bachelet carece y del cual, presumo, todo el mundo comenta al hablar genéricamente de liderazgo. Las causas no van necesariamente en la preparación intelectual de Bachelet, sino en su experiencia política en cargos de relevancia. Hay que recordar que Bachelet no tiene una trayectoria política de peso sino hasta sus cargos ministeriales, y, esto se ha dicho hasta el cansancio, no pertenece a la elite concertacionista y fundadora. Yo no tengo duda alguna que más de una persona en la coalición gobernante vio con ojos de envidia y escepticismo la llegada de Bachelet al poder, y es plausible pensar en comentarios de pasillos del tipo "cómo yo... que tengo más experiencia y llevo más años en esto debo obedecerle a una aparecida". No obstante, la explotación de los otros tipo de liderazgo pueden minimizar la carencia de este último. Y lo que debiera hacer la presidente es, precisament, explotar sus características personales más que intentar adquirir algo que, de momento, carece.
domingo, 6 de enero de 2008
Evaluación del Gobierno
Desde mi punto de vista hay tres formas de evaluar un gobierno: primero, desde la perspectiva de las políticas públicas, vale decir, de la implementación material o la modificación institucional de asuntos que van desde carreteras y hospitales, hasta regulaciones complejas de temas tales como la educación o la previsión. En segundo lugar, un gobierno se evalúa políticamente en términos reales y pragmáticos como son sus relaciones con los partidos políticos, la oposición, y la propia administración dentro de la maraña burocrática. Por último, un gobierno es evaluado desde la praxis política relacionada con su objeto intrínsecamente propio: el poder. En este sentido - siguiendo la lógica del Florentino - un gobierno debe mantener y, en la medida de lo posible acrecentar su poder. En este mundo contemporáneo, la consecusión de esto último va asociada, en parte, a la capacidad del gobierno en generar lazos de relación entre su estructura monolítica y la población que lo eligió. El gobierno debe ser capaz de generar recursos de asociatividad en términos simbólicos, generar meta-relatos de lo que sucede y lo que se espera y que los ciudadanos entiendan crean aquello que es informado.
Si dejásemos de lado el fiasco monumental que ha significado Transantiago, la primera de las evaluaciones sería relativamente positiva. Se han implementado determinadas políticas públicas (particularmente en temas de seguridad y educación) que han generado bienestar. Asimismo, se han inaugurado hospitales, caminos, servicios, etc., que - aún tomando en cuenta la precariedad en la implementación - alcanzan a obtener un azul más que un rojo.
La segunda evaluación es manifiestamente negativa. Su justificación está a la luz: un gobierno que no es capaz de actuar con la mayoría explícita que tiene en ambas cámaras no puede considerársele exitoso. La Secretaría General de la Presidencia tiene en esto gran responsabilidad, pero también en una evaluación errónea respecto del rol de los partidos políticos en el devenir democrático, por cuanto ha existido una contradicción casi patológica entre el entendimiento y la cooperación, y la renuncia a cualquier grado de asociación bajo el fallido slogan del "gobierno ciudadano".
Por último, y lo que me parece más grave, este gobierno ha sido absolutamente incapaz de mantener una sola línea comunicativa. En ser capaz de preveer los conflictos, de maximizar sus triunfos (por espúreos que sean) y de minimizar las crisis. Más aún, no ha sido capaz de sostener sus tesis originales como la paridad de género (una estupidez circense), las caras nuevas (la candidez en su máximo esplendor) y, por supuesto, el ya nombrado gobierno ciudadano, el cual nunca llegó a conformarse como tal y que sólo tuvo indicios de su aparición en las famosas comisiones.
Punto aparte merece el análisis de la figura presidencial. Pero eso le dejo para más adelante
Si dejásemos de lado el fiasco monumental que ha significado Transantiago, la primera de las evaluaciones sería relativamente positiva. Se han implementado determinadas políticas públicas (particularmente en temas de seguridad y educación) que han generado bienestar. Asimismo, se han inaugurado hospitales, caminos, servicios, etc., que - aún tomando en cuenta la precariedad en la implementación - alcanzan a obtener un azul más que un rojo.
La segunda evaluación es manifiestamente negativa. Su justificación está a la luz: un gobierno que no es capaz de actuar con la mayoría explícita que tiene en ambas cámaras no puede considerársele exitoso. La Secretaría General de la Presidencia tiene en esto gran responsabilidad, pero también en una evaluación errónea respecto del rol de los partidos políticos en el devenir democrático, por cuanto ha existido una contradicción casi patológica entre el entendimiento y la cooperación, y la renuncia a cualquier grado de asociación bajo el fallido slogan del "gobierno ciudadano".
Por último, y lo que me parece más grave, este gobierno ha sido absolutamente incapaz de mantener una sola línea comunicativa. En ser capaz de preveer los conflictos, de maximizar sus triunfos (por espúreos que sean) y de minimizar las crisis. Más aún, no ha sido capaz de sostener sus tesis originales como la paridad de género (una estupidez circense), las caras nuevas (la candidez en su máximo esplendor) y, por supuesto, el ya nombrado gobierno ciudadano, el cual nunca llegó a conformarse como tal y que sólo tuvo indicios de su aparición en las famosas comisiones.
Punto aparte merece el análisis de la figura presidencial. Pero eso le dejo para más adelante
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)